San Lorenzo / San Hilario ermitaño
1559. Óleo sobre tabla, 181 x 78 cmSala 052C
El Museo del Prado cuenta entre sus fondos con un importante conjunto de pinturas de Juan de Correa de Vivar, el artista toledano que debió de nacer con el siglo XVI en la localidad de Mascaraque y que falleció en la ciudad Imperial en 1566. Son casi un total de cuarenta obras procedentes del extinto Museo Nacional de la Trinidad. Como corresponde a buena parte de la pintura religiosa del siglo XVI español, el toledano se distinguió por sus cuidados conjuntos retablísticos, estructuras de distinta tipología donde la trabazón narrativa y estilística quedaba ligada a la percepción global del conjunto.
Esta pintura corresponde a una de las puertas del Retablo de La Anunciación. En la cara interior ser representa a san Lorenzo y en la exterior, san Hilario; ambos de cuerpo entero y tamaño natural. San Lorenzo lleva la parrilla y un libreo, mientras que san Hilario sostiene un cayado y un rosario. Fondo de paisaje. La otra puerta del retablo es la que representa a San Esteban/ Imposición de la casulla a san Ildefonso (P01301). La tabla central que da nombre al conjunto P02828. En origen y hasta la Desamortización, estas obras formaron un retablo de estación en el claustro en el Monasterio de Guisando (Ávila). No han llegado hasta nosotros las imágenes que conformaron las paredes o papos de dicho retablo: san Juan Bautista, san Andrés, san Juan Evangelista y Santiago.
De cuerpo entero, el santo sostiene en la mano derecha una parrilla, alusiva a su martirio. La dalmática que viste le presenta como diácono de la Iglesia, una de cuyas misiones era ser portador de los Evangelios, que él mantiene en la mano izquierda. Dispuesto junto a un árbol y enmarcado por una arquitectura pintada, a modo de arco, aparece delante de un fondo de paisaje. La obra es pareja del San Esteban (P01301), siendo ambos las puertas laterales de un retablo cuya tabla central representaba La Anunciación (P02828).
Este retablo fue un encargo de la comunidad de la orden de San Jerónimo para el monasterio de Guisando en Ávila, donde ya aparece documentado en 1559, en un momento en que el pintor realiza una interesante inmersión manierista, con una producción muy cuidada en la que se vale de estampas italianas que explicarían la cercanía de figuras, elementos arquitectónicos y notas compositivas a la obra de Rafael. Al Museo de la Trinidad llegarían las tres tablas sueltas que hoy consideramos pertenecientes a ese retablo: La Anunciación, San Esteban/La imposición de la casulla, y San Lorenzo/San Hilario pero sin las referencias a su procedencia y a su autor. La Anunciación sería ignorada en el Prado hasta 1945, cuando Sánchez Cantón la adscribe con dudas a Correa, pues también considera la posibilidad de que sea de mano de Comontes. Algo después, Post, Ángulo y Camón Aznar reafirmarían de forma definitiva la autoría de Correa de Vivar. En 1982, la Anunciación y las dos tablas con los santos diáconos (San Esteban y San Lorenzo) se exhibieron juntas, conformando un tríptico, al modo del realizado por Correa para el monasterio de Guisando. Más tarde, las tres obras pasaron a colgar juntas en la exposición permanente del Museo del Prado. Se han realizado pruebas radiográficas y reflectografías infrarrojas sobre las tres tablas. Al margen de pequeñas rectificaciones puntuales, muy pocas, en el encaje de algunos elementos, la radiografía de la obra central, la Anunciación, saca a la luz la manera peculiar que el pintor tenía de rayar las tablas una vez unidos los correspondientes tableros-cinco en total-, conformando una red romboidal de cortes. El otro aspecto de interés es el cuidado dibujo empleado por el artista, muy visible en las reflectografías de los santos diáconos. Correa realizó un encaje inicial muy suave a pincel, delineando los contornos, aunque seguramente sobre un dibujo inicial a lápiz. Después concretó los volúmenes principales aplicando pigmento muy diluido, en una suerte de aguada sobre la que perfiló de nuevo, en tono más oscuro, los contornos iniciales. En un estrato más superficial, cargó más de pigmento el pincel para realizar algunos de los motivos decorativos. No podemos asegurar que Juan Correa de Vivar cumpliera cabalmente con los plazos señalados para terminar y entregar el retablo contratado, y desconocemos la cifra final cobrada por el trabajo, desde luego una de sus producciones de mayor altura artística y una pieza muy notable del Renacimiento español. Sin embargo, nos parece necesario recuperar la tipología formal del conjunto que en los días de la Desamortización se desmembró para siempre.
Ruiz Gómez, Leticia, El Retablo de la Anunciación de Juan Correa de Vivar. Boletín del Museo del Prado, 2004, p.6-21