San Joaquín
Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 206 x 107 cmDepósito en otra institución
Gómez Nebreda identifica esta pintura con la que se registra en el asiento número 96 del inventario formado por la comisión compuesta por Juan Gálvez (pinturas) y Francisco Elías (esculturas), en relación con las obras del convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Madrid que fueron recogidas tras la supresión del mismo con motivo de la Desamortización: "Capilla de particular, de Sn Miguel / 96 Otros 4 cuadros iguales de Sn Juaquín[,] Sta Ana, Sn Francisco de Asís y Santa María Egiciaca del tamaño natural / Alto 2 1/2 Ancho 5/4 [de vara]". Este asiento corresponde a las "copias del Españoleto" de mano de Francisco Pérez Sierra que citan Felipe de Castro y Antonio Ponz, pues se identifican tres de las cuatro pinturas que menciona, una de ellas en paradero desconocido. Se trata de los cuadros de San Joaquín (P3181), sin firmar aunque atribuido a Pérez Sierra ya desde el inventario de la Trinidad de 1846 por su relación con el San Francisco que llevaba firma, y Santa Ana conduciendo a la Virgen (P3282).
Esta identificación resulta doblemente interesante ya que este último cuadro había tenido diversas atribuciones, desde Francisco Camilo a la escuela de Pereda, puesto que tradicionalmente, al menos desde Ángulo, se ha creído que Cruzada atribuía este cuadro a Camilo (Ángulo, 1959), atribución desmentida por el propio Ángulo. Sin embargo el catálogo de Cruzada en realidad lo da dentro de la sección de "cuadros anónimos", "época: último tercio del siglo XVII". Esta confusión de datos es la que provocó las dudas en cuanto a la atribución, que se desmiente rápidamente con una simple mirada al cuadro ya que si bien el asunto es muy del gusto de Camilo, que lo representó numerosas veces, la factura pictórica no tiene nada que ver con este artista.
Efectivamente se trata de un artista de pincelada mucho más dura y empastada, más en la tradición realista de la primera mitad de la centuria, si bien tanto el modelo como la factura más suelta de la Virgen niña recuerdan de algún modo a Francisco Camilo, así como el canon alargado de las figuras, que también será utilizado por otros artistas contemporáneos como Pereda. Las facciones, mano, toca, paño rayado al talle de santa Ana, no corresponden tampoco a la tradicional dulzura de Camilo, respondiendo a modelos mucho más realistas, casi de retrato, de una mujer anciana, mientras que se acentúa el contraste con la dulzura y blandura del modelo de la niña, cuyos cabellos y rizos de las mangas y escote del vestido responden más a las soluciones pictóricas de la segunda mitad del siglo.
Se puede relacionar, documental y comparativamente, con el ya mencionado cuadro de San Joaquín (P3181), tanto en la composición y monumentalidad de las figuras con punto de vista muy bajo como en la factura de los fondos de celaje y paisaje o, incluso, el nimbo, tratándose además de una pintura de gran calidad que combina una pincelada dura y empastada (quizá la que a Felipe de Castro le hizo pensar en copias de Ribera, cuando en realidad se trata de originales) con otra mucho más suelta y deshecha. Palomino especifica que en la capilla, que denomina de Diego de la Torre, hay algunos cuadros de Francisco Pérez Sierra que son "copias del Españoleto, y otros de la invención de Don Francisco"; quizá los de san Joaquín y santa Ana correspondían a estos últimos, mientras los de san Francisco y santa María Egipciaca a los primeros. Añade que "también pintó un monumento, que permaneció hasta estos años, aunque muy deteriorado" para la iglesia del convento de los Ángeles. Siguiendo siempre a Palomino, Pérez Sierra trabajó como paje y, más tarde, como agente general de los Presidios de España para Diego de la Torre, a la sazón secretario del Consejo de Santa Clara de Nápoles. Esta relación justificaría, asimismo, la intervención de artistas napolitanos. Por otro lado, la cita de Palomino plantea la cuestión de la propiedad de la capilla, de Diego o Andrés de la Torre, difícil de determinar ya que se desconoce el parentesco que, se supone, debieron tener ambos personajes.
Gómez Nebreda, María Luisa, Las pinturas del convento franciscano de los Ángeles de Madrid que pasaron al Museo de la Trinidad. Contribución al catálogo del "Prado Disperso". Boletín del Museo del Prado, 2002, p.37-64 [50]