San Pedro de Alcántara
1773. Aguada, Pluma, Tinta de hollín, Pincel sobre papel verjurado, 679 x 433 mmNo expuesto
Fernando Selma (1752-1810) fue sin duda uno de los discípulos más aventajados de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Inició su formación artística de la mano del escultor Ignacio Vergara (1715-1776) en su ciudad natal de Valencia, donde acudió a sus primeras clases de dibujo en la escuela preparatoria de San Carlos, antecedente de la futura Academia de Bellas Artes valenciana. Gracias a sus dotes, fue a Madrid a estudiar a la Academia de San Fernando, y en 1768 empezó a estudiar dibujo bajo las directrices de Francisco Bayeu (1734-1795) y grabado con Manuel Salvador Carmona (1734-1820), obteniendo sendos premios en cada categoría al año siguiente. Como aprendiz disciplinado, asistió regularmente a sus clases, y de noche a las salas de dibujo donde siguió perfeccionándose en esta disciplina. Pronto comenzó a recibir halagos por parte de sus profesores y el resto de académicos. No obstante, en 1772 dejó de percibir la ayuda de costa y la pensión de la que se beneficiaba desde su llegada a la capital, por lo que tuvo que buscar proyectos independientes para su manutención. La Real Academia se implicó en promover su nombre y facilitarle diversas colaboraciones. Dentro del mismo contexto de búsqueda de proyectos se encuentra este dibujo de San Pedro de Alcántara. Se trata de una reproducción del retablo erigido en el santuario de Arenas de San Pedro (Ávila) que alberga los restos del santo. La capilla barroca fue trazada por el arquitecto Ventura Rodríguez (1717-1785), mientras que el relieve fue obra de Francisco Gutiérrez de Arribas (1724-1782), entonces teniente director de escultura de la Academia de San Fernando. Gutiérrez trabajó en él desde 1771, año en el que Carlos III declaraba la capilla como bien del Real Patronato, hasta 1773, cuando acudió al lugar para presenciar su colocación.
Para conmemorar la construcción de la capilla, el fraile Vicente de Estremera, maestro de la capilla real, quiso abrir una lámina con la composición del relieve creado por Gutiérrez, para lo cual mandó realizar un dibujo previo. Selma fue el encargado y, como señaló el religioso en su escrito Sucesos ocurridos durante la obra de la capilla de San Pedro de Alcántara, el dibujo “salió tan primoroso, que antes de verle yo, se le presentó al Rey y su Real Familia”. No obstante, el proyecto permaneció un año olvidado hasta que desde el madrileño convento franciscano de San Gil le solicitaron una estampa del santo al duque de Medinaceli, Pedro de Alcántara Fernández de Córdoba. A sus oídos llegó la noticia del extraordinario dibujo de Selma y del beneplácito con que había sido recibido por parte del rey, lo que le llevó a aprobar que la lámina fuera abierta según ese dibujo. Además, instó a que la estampa se dedicara al rey y que Estremera se encargara de elegir al grabador. El fraile no vaciló y optó por Manuel Salvador Carmona y, al término del trabajo, con la estampa en la mano, aseguró: “no dudo sea una de las piezas de las mejores que se hayan abierto en Europa”.
La elección de Selma como dibujante no parece una mera casualidad, pues se postulaba como el candidato idóneo, ya que más allá de sus grandes dotes dibujísticas, mantenía relación profesional con las personas involucradas en el encargo. Y no olvidemos que su formación había sido sufragada a través de la Academia por deseo expreso del rey.
Sin poder determinar cuántos esbozos previos realizó del conjunto de Arenas de San Pedro, de lo que no cabe duda es del grado de excelencia del ejemplar del Museo del Prado. Por los datos biográficos contemporáneos en torno al artista, se tenía noticia de sus destacadas cualidades como dibujante, si bien, no se conocían suficientes dibujos de su mano para poder confirmarlo. Este dibujo es espejo, por fin, de ese juicio. La calidad técnica es notable, muestra una minuciosidad delicada que advierte de la gran destreza del artista, en este caso concreto, con la técnica de la aguada. El manejo del pincel es exquisito; toda la obra fue dibujada con ese utensilio, con el cual Selma ofreció un gran repertorio de texturas y efectos lumínicos que, en combinación con las distintas intensidades de las aguadas, dan lugar a una extraordinaria gradación tonal y volumétrica. Se trata de un dibujo de presentación, con un acabado muy depurado y refinado, lo más parecido posible al resultado final que mostraría la estampa. Sin pruebas escritas halladas hasta la fecha, no podemos aseverar si Selma copió el boceto de Gutiérrez o la obra final, aunque parece más plausible que se hubiera desplazado expresamente hasta Arenas de San Pedro. No se perciben señales de cuadrícula, pero en el borde inferior sí se puede observar una escala de referencia. Asimismo, el hecho de que todo el conjunto arquitectónico haya quedado fielmente representado y no solo la escena principal, como ocurre con el boceto, refuerza esta teoría.
Hernández Pugh, Ana; Matilla, José Manuel, 'Fernando Selma. Pedro de Alcántara. Anónimo español. Presentación de María en el templo'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.172-176