Vicente Mariano González de Arnao Elejalde
1850. Mármol, 53 x 29 cmNo expuesto
Antonio Solá es uno de los escultores neoclásicos más importantes de la historia del arte español. Instalado en Roma con una pensión de la Junta de Comercio, cuando esta concluyó obtuvo una pensión del rey, y ya nunca volvió a España más que de forma puntual, como el viaje que realizó a Madrid para entregar el grupo de Daoiz y Velarde. Junto a su tarea como escultor, fue desde 1831 director de los pensionados españoles, lo que hizo que tuviera una relación estrecha y habitual con la Embajada de España ante la Santa Sede, hasta el punto de que, al jubilarse en 1856, y encontrándose en una muy precaria situación económica, se le permitió vivir e instalar su taller en la Embajada donde, de hecho, falleció en 1861.
Estas pinceladas ayudan a situar su relación con los funcionarios de la Embajada y refuerzan la propuesta de identificación del retratado. El análisis genealógico de la familia Ruiz de la Prada lleva a pensar que no sería Manuel González de Arnao y Ruiz de la Prada, como se presumía, si no de su padre, Vicente Mariano González de Arnao Elejalde (Madrid, 1810 - París, 1873). Nacido en un ambiente intelectual de humanidades y ciencias, que estudió en el Colegio de San Clemente de Bolonia, fue secretario de Embajada en Estocolmo de 1837 a 1841, en la de París en 1843, en la de la Santa Sede en Roma de agosto de 1847 a junio de 1851, fue encargado de negocios y cónsul general en Montevideo, y volvió de nuevo a Roma como secretario de la Legación, destino que ocupó de abril de 1857 a septiembre de 1859. Casó en 1836 con la pintora Rosa Ruiz de la Prada y García de la Prada.
Escultor y retratado podían conocerse desde 1847 y estar al tanto en la Embajada de los sinsabores de la tarea de Solá como director de pensionados, a quienes nunca llegaban adecuadamente los pagos de Roma, no tenían un lugar asegurado de alojamiento y escaso presupuesto para los embalajes de los envíos reglamentarios a Madrid que tenía que supervisar Solá. Quizá este retrato pudo ser un gesto de agradecimiento a las buenas relaciones entre ambos, pues está firmado muy poco tiempo antes de su jubilación, y quizá fue una muestra de la sintonía entre ellos, que se materializaría, cinco años después, en la concesión a Solá por parte de los funcionarios allí destinados, de espacios en la propia sede de la Embajada, que Gonzalez de Arnao sancionaría al llegar en 1857. En algunas biografías del padre de Mariano, Vicente Gonzalez Arnao Vázquez, se han deslizado errores, adscribiéndole tareas en la Embajada de Roma que corresponden a su hijo.
Este busto, realizado en mármol de muy buena calidad, es una obra inédita no incluida en el catálogo de la exposición monográfica sobre el escultor que tuvo lugar en Barcelona en 2009. Es un ejemplo muy específico de retrato de los que apenas quedan manifestaciones realizadas por Solá del que, por haberse dedicado a la tutela de los pensionados españoles en Roma, existe una producción relativamente escasa.
Azcue Brea, Leticia, 'Antonio Solá Llansas. Vicente Mariano González de Arnao Elejalde'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.47-49