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Historia y arquitectura

Arquitectura

El Museo del Prado conforma en la actualidad un campus museístico compuesto por varios inmuebles situados en pleno centro de la ciudad de Madrid: el edificio Villanueva, el Claustro de los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro, el edificio administrativo de la calle Ruiz de Alarcón, y el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, que se ha incorporado a los anteriores recientemente.

La formación del Campus del Prado, iniciada en 1995 gracias al pacto parlamentario alcanzado para la modernización del Museo, ha sido un proceso lento y gradual, que finalizará en 2019, coincidiendo con la celebración del bicentenario de la institución, con la apertura al público del Salón de Reinos como espacio expositivo.

Cuando en 1819 se crea el Museo del Prado, entonces Museo Real de Pinturas, se escogió como sede el edificio del Prado de los Jerónimos diseñado por el arquitecto Juan de Villanueva para Academia de Ciencias Naturales y Gabinete de Historia Natural. Este inmueble fue ampliado y remodelado en numerosas ocasiones, con el fin de dar respuesta a las necesidades que se iban planteando a medida que se enriquecía la colección y se adaptaba a nuevos usos, hasta que en los años noventa del siglo XX, agotadas todas las posibilidades de seguir creciendo, se planteó la urgencia de ampliar sus espacios en edificios del entorno.

En 2007 concluyó la ampliación más importante de su historia, llevada a cabo por el arquitecto Rafael Moneo, cuyo plan añadía un edificio de nueva planta articulado en torno al claustro restaurado de los Jerónimos. En paralelo, en 2009 se inauguraba el Casón del Buen Retiro como sede del Centro de Estudios, que integra los departamentos de conservación junto con los servicios de biblioteca, archivo y documentación además de la Escuela del Prado.

Vista aérea del Museo

Vista aérea del Museo

La arquitectura del Museo del Prado en cifras

Campus del Prado

Campus del Prado

Superficies útiles

Edificio Villanueva
22.043 m2
Edificio Jerónimos
14.447 m2
Casón del Buen Retiro
5.506 m2
Ruiz de Alarcón 23
3.326 m2
Superficie total útil
45.322 m2

El Edificio Villanueva

El proyecto para la Academia de Ciencias Naturales y el Gabinete de Historia Natural

En 1785, Juan de Villanueva (1739-1811) arquitecto de los Sitios Reales y del Ayuntamiento de Madrid, recibe el encargo de Carlos III de levantar un edificio en el Prado de los Jerónimos para albergar el Gabinete de Historia Natural y la Academia de las Ciencias que se integraría, además, en el gran proyecto urbano de la época, el denominado Salón del Prado, adornado ya por fuentes, estatuas y jardines según diseño de Ventura Rodríguez, y en el que estaba también ubicado el Jardín Botánico y el Observatorio Astronómico.

En la obra de Villanueva se integraban tres usos en un mismo edificio, organizados mediante ejes longitudinales y con entradas independientes,aprovechandola topografía del lugar. Esas tres partes eran, respectivamente: el piso inferior, al que se accedía desde el extremo sur del conjunto, con fachada corintia; el superior, cuya entrada se hacía desde el norte, gracias al tendido de una extensa rampa, con fachada jónica; y la gran sala basilical que debía albergar el ‘Salón de Conferencias’, perpendicular a los otros espacios y con entrada por el monumental pórtico dórico central, que resolvía la fachada sobre el Paseo del Prado y mantenía la independencia de los dos niveles.

En 1788, año del fallecimiento de Carlos III, estaban terminados los muros de contención de tierras y la cimentación y se elevaban las paredes sobre la rasante del terreno. La construcción avanzó a buen ritmo hasta 1792, momento en el que el conde de Floridablanca, ministro del rey e impulsor del proyecto, fue depuesto de su cargo. Ya con Manuel Godoy, las obras continuaron lentamente como consecuencia del poco interés que suscitaba la finalización del edificio y su dotación como templo de las ciencias.

En el momento de la invasión napoleónica, la fachada principal y las laterales estaban finalizadas, las plantas abovedadas y las cubiertas revestidas de plomo y pizarra; la fachada posterior se elevaba hasta la cornisa, a excepción del cuerpo central, que sólo se había levantado hasta la segunda imposta y estaba hueco y sin techar.

Cuando Villanueva muere en 1811, el edificio estaba ocupado por las tropas francesas, que habían saqueado el plomo de las cubiertas propiciando su lento deterioro.

Ya en 1814, tras la salida definitiva de José Bonaparte de España, se aprueba un proyecto para recuperación del edificio Museo elaborado por Antonio Aguado, arquitecto maestro mayor de Madrid y discípulo de Villanueva, sin que se supiese todavía cual iba a ser su uso definitivo.

Plano y alzado de Juan de Villanueva

Plano y alzado de Juan de Villanueva

La transformación en Museo Real de Pinturas

Las obras de rehabilitación del edificio avanzaron paulatinamente hasta que, en marzo de 1818, Fernando VII hace pública su decisión de restaurar a su costa el edificio de Villanueva para acoger muchas de las obras de las colecciones reales ‘para su conservación, para estudio de los profesores y recreo del público’. En ese momento comienza propiamente la transformación del edificio en galería de pintura.

Cuando el Museo Real de Pinturas abre al público el 19 de noviembre de 1819, hay depositados en él cerca de 1.500 obras, de las que solamente se exhibe una pequeña parte en las tres primeras salas acondicionadas del edificio: los salones que flanquean la rotonda del cuerpo norte, que eran los menos dañados en sus bóvedas, y la antesala de acceso a la gran galería.

A partir de entonces se inicia un proceso de incorporación de espacios para el museo. En diciembre de 1826 se termina la bóveda de la galería central, reconstruida según el modelo de Villanueva, pero con estructura de falsa bóveda en madera revestida de yeso y cubierta con tejas.

Ya en 1830 finalizan las obras en la planta principal del edificio mientras continúa la habilitación de salas en la planta inferior, la menos afectada por el abandono durante la invasión napoleónica.

Estampa del Edificio Villanueva

Estampa del Edificio Villanueva

Las sucesivas ampliaciones

A partir de la apertura del Museo en 1819, y a lo largo de toda su historia, se han sucedido un gran número de intervenciones de mayor o menor importancia para ganar espacio expositivo y para mejorar los accesos y la circulación interna, intervenciones que han ido transformando la fisonomía de la fábrica original.

Reforma de Narciso Pascual y Colomer

Esta primera reforma (1847-52) del proyecto original de Villanueva se debe a Narciso Pascual y Colomer. La intervención consistió en cubrir la sala basilical para crear una tribuna-galería, la nueva Sala de la Reina Isabel.

Reforma de Narciso Pascual y Colomer

Reforma de Narciso Pascual y Colomer

Reforma de Francisco Jareño

Entre 1880 y 1892, Francisco Jareño realiza tres intervenciones en el Museo: escalinata de seis tramos en el testero norte del edificio, sustitución de la tribuna-galería de Colomer por un forjado completo y construcción de dos pabellones exentos de nueva planta en la parte trasera del edificio.

Reforma de Francisco Jareño

Reforma de Francisco Jareño

Ampliación de Fernando Arbós y Tremanti

Entre 1918 y 1921, Fernando Arbós y Tremanti desarrolla lo que puede considerarse la primera ampliación del Museo, ocupando la fachada posterior del edificio Villanueva con dos nuevos volúmenes destinados a salas para la exposición de pinturas.

Ampliación de Fernando Arbós y Tremanti

Ampliación de Fernando Arbós y Tremanti

Reforma de Pedro Muguruza y ampliación de Fernando Chueca y Manuel Lorente

Entre 1943 y 1946, Pedro Muguruza construye una nueva escalera en la fachada norte en sustitución de la de Jareño y realiza algunas reformas en el interior del edificio.

Fernando Chueca y Manuel Lorente duplican, entre 1954 y 1956, las crujías de Arbós a cada lado de la sala de Velázquez.

Reforma de Pedro Muguruza y ampliación de Fernando Chueca y Manuel Lorente

Reforma de Pedro Muguruza y ampliación de Fernando Chueca y Manuel Lorente

Ampliación de José María Muguruza

Entre 1964 y 1968, José María Muguruza realiza la última intervención que supone una ganancia de espacio dentro del edificio cubriéndose los dos patios que había dejado la ampliación de Arbós.

Ampliación de José María Muguruza

Ampliación de José María Muguruza

Reforma de José María García de Paredes

Entre 1981 y 1983, José María García de Paredes realiza el proyecto y la obra del salón de actos (lo que ahora es el gran distribuidor entre el edificio Villanueva y la ampliación de Rafael Moneo).

Reforma de José María García de Paredes

Reforma de José María García de Paredes

El edificio Villanueva en cifras

Salas de exposición
13.476 m2
Espacios de acogida y descanso
1.511 m2
Espacios de instalaciones
1.156 m2
Espacios de circulación
3.265 m2
Fachada del Edificio Villanueva (Paseo del Prado)

Fachada del Edificio Villanueva (Paseo del Prado)

El Edificio Jerónimos

Cronología de la última ampliación del edificio Villanueva

El Museo del Prado había ido creciendo desde su creación en 1819 de una manera sistemática pero siempre modesta. Quedaba pendiente el desarrollo de una ampliación realmente significativa, como las que otros museos históricos de su categoría habían ido desarrollando sucesivamente en las últimas décadas del siglo XX. En el caso del Prado, ante la imposibilidad de continuar ganando espacio en el edificio Villanueva, en los años 80 se comenzaron a plantear distintas estrategias de crecimiento.

Exterior del Edificio Villanueva y Jerónimos

Exterior del Edificio Villanueva y Jerónimos

1995: El pacto parlamentario y el primer concurso para la ampliación

A principios de los 90, y desde distintas instancias, parece imponerse el criterio de que el Museo del Prado debería extenderse recuperando los únicos vestigios del Palacio del Buen Retiro (el Casón y el Salón de Reinos, entonces sede del Museo del Ejército) y, quizá, el antiguo Claustro de los Jerónimos. Prevalece así la idea de potenciar la raigambre histórica del Prado. De acuerdo con este propósito, en junio de 1994 el Real Patronato del Museo aprueba un Plan de necesidades del Museo del Prado en el que se destaca la necesidad de ampliar sus espacios físicos. El informe es presentado al Consejo de Ministros por la ministra de Cultura, Carmen Alborch, y consensuado con los principales partidos políticos.

En 1995 se alcanza en el Congreso de los Diputados un pacto parlamentario para la promoción de la ampliación del museo y se convoca un primer concurso internacional. A pesar de la concurrencia de más de setecientos arquitectos y de la selección por parte del jurado de 10 de los proyectos presentados para una segunda vuelta, en septiembre de 1995 el concurso se declaró desierto por unanimidad, resolviéndose con la concesión de dos accésit.

1997-2001: Las bases definitivas para la ampliación. El proyecto de Rafael Moneo

En 1997, el Real Patronato del Museo aprueba un informe en el que se establece un Plan Museográfico que se decanta por la contigüidad, proponiendo que la ampliación del Prado se desarrolle en edificios próximos, a poder ser contiguos, que sustentaba el dictamen de integrar el Claustro de los Jerónimos, además del Casón y el Salón de Reinos. Como consecuencia de este informe, presentado por Esperanza Aguirre, como ministra de Cultura, al Consejo de Ministros y refrendado por el mismo, el Ministerio llega a un acuerdo con el Arzobispado de Madrid para que el Claustro de los Jerónimos pueda considerarse como solar disponible dentro del área de ampliación del Prado. El acuerdo incluía la condición de que el Estado asumiera la construcción del edificio parroquial, cuyo proyecto se encomendó al arquitecto Francisco Jurado. Plasmado en un Convenio suscrito en julio de 1998 entre el Ministerio de Cultura y la Archidiócesis de Madrid, este acuerdo dio pie a la convocatoria de un nuevo concurso cuyas bases se redactan según el informe aprobado por el Real Patronato del Museo y el acuerdo con la Iglesia.

En esta ocasión, el concurso de anteproyectos se convoca por invitación, restringiéndose a los diez finalistas del anterior. Se resuelve en noviembre de 1998 eligiéndose por unanimidad la propuesta de Rafael Moneo presentada bajo el lema Buen Retiro, condicionando su aprobación definitiva a la consideración de algunas sugerencias del jurado, formado por representantes del Museo, del Gobierno, de la Comunidad y Ayuntamiento de Madrid y de la Iglesia. Durante los meses siguientes y con la participación y supervisión del Patronato del Museo, se introdujeron sucesivas modificaciones en el volumen y en la cubierta del edificio de los Jerónimos. Por último, y a instancias de la Gerencia Municipal de Urbanismo, que reclamaba una intervención que permitiera entender el edificio Villanueva como un edificio exento, sin contacto directo con la ampliación, se decidió desarrollar una nueva alternativa a la cubierta acristalada sustituyendo esta idea inicial por un espacio ajardinado, con parterres que envolverían al edificio de Villanueva en un manto verde, mejorando significativamente toda la espalda del Museo.

El proyecto de Rafael Moneo fue aprobado por el Patronato del Museo el 15 de marzo de 2000 y refrendado por el jurado del concurso una semana después, el 21 de marzo de 2000, de manera unánime y definitiva.

Plano de la ampliación de Rafael Moneo

Plano de la ampliación de Rafael Moneo

2001-2007: La ejecución del proyecto de ampliación

El 2 de febrero de 2001, tras efectuarse los estudios pertinentes para valorar el estado de conservación del Claustro de los Jerónimos y una vez concluida la obra de preconsolidación de sus elementos estructurales, se anuncia el comienzo del desmontaje de la arquería para su restauración y posterior restitución como punto de partida de la fase de ejecución de las obras de ampliación en sí. El desmontaje se inicia definitivamente en marzo y los trabajos de restauración, desarrollados bajo la dirección técnica del Instituto de Patrimonio Histórico Español, se efectúan a lo largo de varios meses.

El 7 de enero de 2002 se publica en el BOE la adjudicación del contrato de obras a la Unión Temporal de Empresas (UTE “El Prado”) formada por ACS y Constructora San José, por parte de la Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos del Ministerio de Cultura. El desarrollo de la obra se vio confirmada por la decisión de 18 de diciembre de 2002 del Tribunal Supremo, que dio luz verde de forma definitiva a la ampliación del Museo, desestimando los recursos presentados por las asociaciones vecinales por considerar ajustado a derecho el proyecto y en función del “excepcional interés público” del mismo. Durante el desarrollo de la obra, muy compleja, fue necesaria la ampliación extraordinaria del crédito presupuestario en más de 44 millones de euros, lo que permitió la finalización de las obras en 2007.

El desarrollo de estos trabajos fue paralelo a la conformación del campus del Museo del Prado. En noviembre de 2003 se aprueba con un amplio consenso la Ley reguladora del Museo por la que se crea el Organismo Público que gestionará la institución en el futuro. El 20 de octubre de 2004, el Real Patronato aprueba el Plan de Actuación para el nuevo organismo en el que se decide la creación del Centro de Estudios del Museo y la Escuela del Prado en el Casón del Buen Retiro y la incorporación de las colecciones del siglo XIX al discurso de la colección permanente en el edificio Villanueva.

El "plan Moneo": los espacios de la ampliación Jerónimos

La fórmula de ampliación ingeniada por Rafael Moneo (1937 -) permite al Museo disponer de los espacios y las instalaciones adecuadas para el desarrollo tanto de su actividad interna de conservación y custodia de una de las más excelentes colecciones de arte del mundo, como de su actividad externa en relación con el público que lo visita o participa en sus actividades.

Moneo propuso, respetando el antiguo edificio, su entorno y las arquitecturas colindantes (la iglesia de los Jerónimos y la Real Academia Española), unir el Museo con un complejo formado por una construcción de nueva planta y el claustro restaurado de los Jerónimos. La solución dada, que ha permitido al Museo extenderse en la totalidad de la única área disponible en sus inmediaciones, liberaba además la fábrica original permitiendo que ésta se vea como Villanueva la proyectó.

Desde el exterior, el enlace entre los edificios antiguo y nuevo queda oculto por una plataforma ajardinada de boj que remite a los jardines del siglo XVIII ofreciendo una perspectiva urbana que se funde con el vecino Jardín Botánico. Por su parte, el nuevo volumen de ladrillo y granito edificado en torno al antiguo claustro de los Jerónimos, se alinea con la fachada de la iglesia de los Jerónimos dejando ver desde el exterior parte de la arquería restaurada y restituida. Su fachada se abre al nuevo espacio urbano a través de unas monumentales puertas de bronce realizadas por la escultora Cristina Iglesias.

En el interior se desarrolla una sorprendente ocupación del terreno disponible: tres plantas de acceso público unidas por una doble escalera mecánica y otras cinco entreplantas para servicios internos del museo. La presencia predominante de piedra de Colmenar y bronce sirve de nexo con las calidades constructivas de la fábrica primitiva de Villanueva.

Vista exterior del nuevo edificio

Vista exterior del nuevo edificio

Dos nuevas entradas dan acceso a un amplio vestíbulo que conecta los dos edificios y donde se sitúan los principales servicios de atención al visitante, así como la tienda y la cafetería. Por su parte, el desarrollo de la actividad expositiva y cultural del Museo se amplía con la dotación de nuevos espacios para la celebración de exposiciones temporales y un moderno auditorio. Además, el edificio Jerónimos dedica una parte importante de su extensión a alojar departamentos y servicios que garantizan la conservación y la movilidad de sus colecciones (talleres de restauración, laboratorios, gabinete de dibujos y grabado y depósitos de las colecciones no expuestas).

La ampliación de los Jerónimos supuso, además, la recuperación de una cuarta parte de espacio en el edificio Villanueva. Esta otra ampliación hizo posible extender más la presentación de la colección, exhibiéndose en la actualidad cerca  de 1.500 obras con carácter permanente.

Portón-Pasaje, obra de Cristina Iglesias (Puerta de Cristina Iglesias)

Puerta de Cristina Iglesias desde el interior

Puerta de Cristina Iglesias desde el interior

Parte importante también de la ampliación, por su valor artístico, es la entrada al edificio de nueva planta creado en torno al claustro de los Jerónimos una monumental pieza que, siendo una puerta de carácter ceremonial, confiere al edificio una especial singularidad potenciando sus valores arquitectónicos de forma notable. Obra de la escultora donostiarra Cristina Iglesias (1956-), está realizada en bronce patinado y definida por la artista como un "tapiz vegetal" formado por seis paneles: dos fijos, que invaden los huecos laterales, y cuatro móviles, dos que forman las hojas y otros dos el umbral.

El enorme Portón-Pasaje (6 metros de altura y 22 toneladas) cuenta con un sistema hidráulico que permite su apertura en seis posiciones distintas que se secuencian a lo largo de la jornada cada dos horas -10h, 12h, 14h, 16h, 18h y 20h.- construyendo en cada secuencia un espacio diferente.

El Claustro de los Jerónimos

Historia

El denominado Claustro de los Jerónimos formaba parte del Monasterio de San Jerónimo el Real fundado por el rey Enrique IV cerca de los montes del Pardo, y trasladado a su actual emplazamiento en 1505. El conjunto monasterial contaba con una iglesia de estilo gótico tardío de tipo isabelino, dos claustros, el primero y más antiguo de ellos destruido entre 1855 y 1856, y desde época de Felipe II con un Cuarto Real, germen del Palacio del Buen Retiro que mandaría construir Felipe IV.
El claustro barroco que ha llegado a nuestros días reemplazó el segundo claustro del monasterio, renacentista, que había tenido que ser derruido por amenaza de ruina. Fue diseñado por fray Lorenzo de San Nicolás y edificado entre 1672 y 1681, y su construcción estuvo condicionada por los edificios colindantes, las bases del claustro derribado y el aprovechamiento de buena parte de sus materiales.

Con la invasión francesa, San Jerónimo pasó a formar parte del baluarte del Retiro y tras la desamortización, el conjunto de edificios se destinó a otros usos que provocaron su rápido deterioro. Cuando en 1878 Real Patrimonio cede el templo y el claustro al arzobispado de Toledo la iglesia estaba prácticamente en ruinas y del claustro solo quedaban los arcos de piedra. En esa época se restaura el templo sin tocar para nada el claustro, que en 1925 es declarado Monumento Histórico-Artístico a pesar de lo cual no se toma ninguna medida para evitar su deterioro, salvo una reparación superficial llevada a cabo en 1962.

El Claustro de los Jerónimos antes de la reforma

El Claustro de los Jerónimos antes de la reforma

Las actuaciones de rehabilitación del Claustro

El proyecto de ampliación de Rafael Moneo contemplaba la restauración y consolidación de los restos de este antiguo claustro antes de proceder a su rehabilitación como parte integrante de la ampliación del Prado. La consolidación y restauración de este monumento se consideró precisa y urgente debido a que su deterioro y la amenaza de ruina eran patentes después de un inexplicable abandono de casi medio siglo. El deterioro de los elementos pétreos era perceptible a simple vista comparando las fotografías y fue plenamente confirmado por el equipo de la Cátedra de Mineralogía y Petrología de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid, al que se encomendó su estudio y posterior diagnóstico.

Antes del desmontaje y posterior restauración y restitución, y bajo la dirección facultativa de la Gerencia de Infraestructuras y el IPHE, se llevaron a cabo las obras de preconsolidación del claustro, a las que siguió el desmontaje y documentación de los 2.820 sillares que lo conformaban y su traslado a las dependencias del Ministerio de Cultura en Alcalá de Henares.

El tratamiento de restauración propiamente dicho comenzó con la aplicación de un tratamiento biocida para erradicar las colonias de biodeterioro, aplicándose a todas las caras vistas de los sillares originales como medida preventiva. Los elementos de alto contenido en sales se desalinizaron convenientemente y la limpieza de las superficies se realizó con métodos fácilmente controlables que no generan daños cuya utilización no suponía ninguna pérdida de material superficial.

Concluido el proceso de restauración y una vez comenzada la ejecución del proyecto de obras de la ampliación, el claustro fue restituido en su exacta disposición original dentro de una camisa de hormigón autocompacto para su integración dentro del edificio de nueva planta, proyectado por Rafael Moneo como parte fundamental de la ampliación del Museo, manteniendo su carácter propio.

El Claustro de los Jerónimos terminado

El Claustro de los Jerónimos terminado

La ampliación en cifras

La ampliación en Jerónimos supuso un incremento de 15.715,27 m2 útiles, más de un 50% a mayores de los 28.600 m2 útiles correspondientes al edificio Villanueva. Además, con el traslado de determinados servicios y dependencias de trabajo del Museo a los nuevos espacios, el edificio Villanueva recuperó casi 3.000 m2 útiles para la exposición de la colección permanente del Prado, lo que ha permitido el desarrollo de un nuevo sistema de ordenación de las colecciones.

Superficies útiles de los principales espacios más importantes de la ampliación:

Salas exposiciones temporales
1.390 m2
Claustro (espacio expositivo esculturas)
525 m2
Talleres de restauración
832 m2
Gabinete de Dibujo y Grabado (nuevo)
231 m2
Depósitos de obras de arte
1.112 m2
Auditorio y sala de conferencias
458 m2
Tienda y Cafetería
783 m2
Zonas de atención al visitante (distribuidor Velázquez y vestíbulo ampliación)
1.609 m2 útiles
Salas de exposiciones de Jerónimos

Salas de exposiciones de Jerónimos

El Casón del Buen Retiro

Historia

El Casón forma parte del conjunto de edificaciones que componían el antiguo Palacio del Buen Retiro y su uso principal fue el de Salón de Baile.

El proyecto fue realizado por el arquitecto Alonso Carbonel, maestro mayor del Palacio del Buen Retiro, que entregó las trazas para su construcción en 1637, aunque el edificio no se terminaría hasta varios años después. Del interior destacan las pinturas del Salón de Baile, realizadas por Luca Giordano hacia 1697.

En la actualidad el edificio original está completamente enmascarado por las reformas que tuvieron lugar durante el último tercio del siglo XIX, incluyendo sus dos fachadas monumentales, de estilo neoclásico, proyectadas por los arquitectos Mariano Carderera (fachada oriental) y Ricardo Velázquez Bosco (fachada occidental). De hecho, desde su construcción, el Casón ha sido objeto de múltiples reformas y utilizado para fines diversos:

Entre 1834 y 1877 el edificio sirvió, entre otros usos, como Cámara del Estamento de Próceres (precedente del actual Senado), Real Gabinete Topográfico y Gimnasio del Príncipe Alfonso. Durante este período, en 1868, tuvo lugar la incautación de los bienes de la Corona y el Ayuntamiento de Madrid se hizo cargo del Buen Retiro.

Desde 1877 hasta 1960 el Casón fue sede del Museo de Reproducciones Artísticas, creado por iniciativa del entonces Presidente del Gobierno Antonio Cánovas del Castillo.

En 1960, se decide organizar en el edificio la exposición Velázquez y lo velazqueño, lo que implica el traslado del Museo de Reproducciones al edificio del Museo de América; posteriormente, el Casón se destina a salas de exposiciones temporales de la Dirección General de Bellas Artes hasta 1971, fecha en la que se adscribe al Museo Nacional del Prado para la exhibición de sus fondos del siglo XIX procedentes del Museo de Arte Moderno.

De 1971 a 1981, el Prado expone en el Casón su colección de pintura y escultura del siglo XIX. En 1981 el Guernica llega a España y se integra en las colecciones del Museo, haciendo necesario el desmantelamiento de la planta principal del Casón para la exposición del legado Picasso en el Salón de Luca Giordano. La colección del XIX se reubica entonces en el resto del edificio, en algunos casos con dificultad, debido a la estrechez de las salas y el gran formato de las pinturas.

En 1992 el Guernica se traslada al recién creado Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, lo que conlleva una redistribución de la colección del XIX en las salas del Casón. En 1995 el Prado vuelve a tener que replantearse la exhibición de estos fondos y los reubica en las distintas salas como se mantuvieron ya hasta 1997, fecha de la clausura del Casón para su rehabilitación y ampliación.

Casón del Buen Retiro, Fachada de Alfonso XII. Museo de Reproducciones Artísticas

Casón del Buen Retiro, Fachada de Alfonso XII. Museo de Reproducciones Artísticas

Reforma y ampliación

El 20 de octubre de 2004 el Real Patronato del Museo del Prado aprobó en sesión plenaria el Plan de Actuación 2005-2008 cuyo texto proponía concentrar la colección permanente del Museo en el complejo Villanueva-Jerónimos, integrando por primera vez las colecciones del siglo XIX del Prado con sus colecciones históricas. Asimismo y como parte fundamental del denominado Campus del Prado, el Plan aprobado anunciaba la creación de un Centro de Estudios del Museo con sede en el Casón del Buen Retiro.

En aplicación de lo contemplado en dicho Plan de Actuación, se decidió instalar en el Casón la Biblioteca del Museo, el Archivo y Centro de Documentación, el Salón de Plenos del Patronato, los Departamentos de Conservación y la Escuela del Prado.

El proyecto de reforma y ampliación del Casón del Buen Retiro fue desarrollado bajo la dirección de los arquitectos Jaime Tarruel y Manuel Martín Rabadán (representante de la Gerencia de Infraestructuras). Implicaba la excavación de dos nuevas plantas y la consolidación estructural del conjunto del edificio, cuyas condiciones se demostraron extremadamente inestables al comienzo de la intervención. Para el desarrollo de este delicado y laborioso trabajo se contó con la asistencia técnica del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas CEDEX. La práctica totalidad de la estructura del edificio fue forrada con nuevos muros de hormigón garantizando su estabilidad y permitiendo la excavación de las dos nuevas plantas mediante la utilización de un sistema de micropilotes. La incorporación de los sótanos supuso una ampliación de 3.157. m2, lo que significó prácticamente duplicar la superficie existente, situando al Casón con una superficie total de 8.233,65 m2.

A lo largo del proceso de ejecución de la reforma se realizó la consolidación y restauración de la bóveda de Luca Giordano por el equipo de restauración AGORA, con la supervisión de técnicos del Museo del Prado y del Instituto de Patrimonio Histórico Español.

Sala de lectura del Casón

Sala de lectura del Casón

Alegoría del Toisón, de Luca Giordano

La bóveda del Casón fue pintada por Luca Giordano (1634-1705), artista napolitano conocido en España como Lucas Jordán. En 1692 fue llamado por Carlos II para decorar la escalera y las bóvedas de la Basílica de El Escorial (1692-1694), continuando después en el despacho y dormitorio (destruido) del monarca en el Palacio de Aranjuez; el Casón del Buen Retiro (c. 1697); la sacristía de la catedral de Toledo (1698); la Real Capilla del Alcázar (destruido) y San Antonio de los Portugueses (1699). La llegada de Felipe V en 1701 y el inicio de la Guerra de Sucesión provocaron la vuelta de Giordano a Nápoles en 1702. Allí murió en 1705 dejando una obre ingente y una considerable fortuna.

El tema representado en esta bóveda es la Alegoría del Toisón de Oro, homenaje a la monarquía española precisamente en el reinado del último rey de la dinastía de los Habsburgo españoles o Casa de Austria. Se conmemora en ella la fundación de la Orden del Toisón de Oro, creada por los duques de Borgoña, que trajo a España el rey Carlos I que también era señor de aquel ducado. En torno a una esfera celeste con los signos del Zodíaco de la que pende la condecoración que lleva aparejada esta orden real (una cadena de oro con un corderillo, también de oro) se agrupan multitud de figuras alegóricas, que aluden al poder político de la monarquía.

El gran valor de esta bóveda de Giordano, una de las obras maestras del Museo del Prado, parece haber sido la razón de que el edificio del Casón se haya conservado mientras que los otros restos del complejo del Buen Retiro desaparecían con la construcción del barrio de los Jerónimos. La restauración llevada a cabo para su preservación mientras se realizaban las obras de remodelación del edificio permite consolidar la pintura original que se conserva casi en un 80%.

El proyecto de reforma de este espacio, el Salón de Luca Giordano, se ha guiado por el objetivo de poner en valor la bóveda incorporando la balconada interior que originariamente circundaba esta sala y proponiendo un cuidado sistema de iluminación de la misma.

Bóveda de Luca Giordano

Bóveda de Luca Giordano

El Casón del Buen Retiro en cifras

Biblioteca y documentación
1.026 m2
Oficinas y espacios administrativos
1.608 m2
Espacios de acogida y circulación
1.715 m2
Casón, detalle de la fachada de Alfonso XII

Casón, detalle de la fachada de Alfonso XII

Edificio Ruiz de Alarcón, 23

En 1996, la Dirección General de Patrimonio del Estado adquirió a la empresa pública Aldeasa el edificio situado en la calle Ruiz de Alarcón 23 de Madrid, que había sido construido en 1970, para adscribirlo al Museo del Prado. La compra fue propuesta por el Pleno del Real Patronato como alternativa al plan de necesidades del museo que, por acuerdo parlamentario, decidió ampliar los espacios públicos y de exposición, tras el fallo del concurso internacional de ideas que dejó desierto el primer premio.

El traslado a las siete plantas del edificio, con una superficie total de 3.720 m2, de los servicios administrativos del Museo, incluido el despacho del Director, permitió ampliar el área expositiva del edificio Villanueva con once nuevas salas.

Desde 2007, el edificio está conectado directamente con el vestíbulo de Jerónimos a través de un pasillo subterráneo ubicado en el sótano -2.

Puerta de Jerónimos con el edificio administrativo al fondo

Puerta de Jerónimos con el edificio administrativo al fondo

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