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La fama de Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, 1746-Burdeos, 1828) y el reconocimiento de la calidad y de la innovación de sus pinturas, estampas y dibujos, motivó que poco después de su fallecimiento en 1828 empezaran a surgir estudios relativos a su experiencia vital y artística. La universalidad del artista ha hecho que este caudal de literatura goyesca producida por críticos e historiadores del arte nacionales e internacionales no haya dejado de crecer. Cada año se publican monografías, artículos de revistas o catálogos de exposiciones relativos a las múltiples facetas de la obra de Goya, contextualizadas desde el punto de vista histórico, artístico, literario o ideológico. Igualmente, ha sido analizada su influencia en estilos o en artistas de la más variada tendencia. Todo ello hace que la bibliografía sobre Goya sea diversa, dispersa y muy abundante, alcanzando los 1.512 registros en el catálogo de la Biblioteca del Museo del Prado, por encima de las entradas relativas a Velázquez o a el Greco, por citar otros dos de los principales pintores del Museo.
En 2012, el Museo del Prado compartió en el micrositio Goya en el Prado una selección de objetos digitales que abarcaba las referencias bibliográficas publicadas entre 1832 y 1920. Este conjunto se aumenta ahora con los libros recientemente ingresados en la Biblioteca del Museo y con la ampliación de su marco temporal hasta 1930, para difundir los numerosos textos que vieron la luz con motivo de la celebración del primer centenario de la muerte del artista. Sin embargo, aunque se encuentren dentro de este periodo cronológico, no se incluyen algunas monografías o artículos por estar todavía sujetos a derechos de propiedad intelectual.

El criterio para seleccionar las referencias sobre Goya publicadas entre 1832 y 1928 ha sido el de que se correspondieran con textos dedicados exclusivamente a la vida o al arte de Francisco de Goya y Lucientes. Por este motivo no se recogen las diferentes citas a pinturas, dibujos o estampas que aparecen en diarios de noticias, libros de viaje, repertorios generales de pintura, dibujo o grabado, monografías sobre otros pintores, diccionarios biográficos u obras sobre arte español. A través de las pestañas “búsqueda de obras” o “listado de obras” se puede explorar la selección de los libros y artículos de revistas digitalizados sobre Goya.
El objetivo de esta colección de objetos digitales es que el público especialista, el historiador del arte o quien esté interesado por la figura de Goya pueda tener al alcance de un clic la bibliografía más temprana relativa a uno de los mejores artistas españoles, que sigue gozando de gran proyección internacional. Estas primeras fuentes impresas no sufren obsolescencia y siempre conviene volver a ellas, puesto que muchos de sus autores manejaron información de primera mano, tuvieron contacto con personajes que conocieron profundamente a Goya y, en ocasiones, investigaron su obra antes de su dispersión.
Biografías y catálogos razonados

La biografía más antigua de Goya, redactada en base a unas notas facilitadas por su hijo Javier, fue incluida en una publicación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando sobre la Distribución de los premios concedidos por el rey… (Madrid, 1832, pp. 91-93). El segundo texto sobre la vida y la obra de Goya es de Valentín Carderera, quien llegó a reunir la mejor y más numerosa colección de estampas y dibujos de Goya y fue asimismo buen conocedor de su obra artística. Valentín Carderera, muy relacionado con Javier y Mariano de Goya, hijo y nieto respectivamente del pintor, publicó su biografía en El Artista, revista emblema del movimiento romántico, que se acompañaba con la imagen de Goya litografiada por Federico de Madrazo a partir del icónico retrato de Vicente López. Poco más tarde, en 1838, Carderera volvía sobre la biografía de Goya en el Semanario Pintoresco Español.

La trayectoria artística de Goya pronto interesó a los mejores historiadores del arte a nivel internacional. Laurent Matheron publicó en 1858 la primera monografía dedicada a la vida del pintor. Recogió datos de gente que lo había tratado en Burdeos y finalizó con un breve catálogo artístico. La traducción al español de 1890 se complementó con aportaciones de otros críticos: el texto de Carderera publicado en El Artista, el de José Caveda para las Memorias para la historia de la Real Academia de San Fernando y la breve biografía de Pedro de Madrazo aparecida en el Almanaque de La Ilustración Española y Americana, además de dos poemas de Leandro Fernández de Moratín y M. J. Quintana dedicados a Goya.
En 1867 el hispanista y erudito Charles de Yriarte trazó la biografía de Goya a través del estudio de sus pinturas, organizadas según su tipología o género, e incluyó un apartado dedicado a las estampas y un catálogo de su obra. El libro está profusamente ilustrado con estampas xilográficas que replican muchas de las obras del artista.

Francisco Zapater Gómez escribió una biografía en la que corregía errores y datos falsos o fantasiosos de la vida de Goya que habían recogido Matheron e Yriarte. Para ello contaba con una fuente extraordinaria, la mayor parte de las cartas que Francisco de Goya había enviado a su amigo Martín Zapater entre 1775 y 1799, que transcribió parcialmente. Esta correspondencia está llena de detalles de la vida cotidiana de Goya, de sus relaciones familiares, de su círculo de amigos, de sus estados de ánimo y problemas de salud, de su proyección pública, de sus encargos y del proceso creativo que empleaba. En la actualidad el Museo del Prado conserva 118 de estas cartas.
En 1887 el conde de la Viñaza publicó un concienzudo catálogo de la producción de Goya sin imágenes, pero incluyendo en cada entrada de los Caprichos los textos correspondientes a los comentarios manuscritos que habían pertenecido a Adelardo López de Ayala y a Valentín Carderera, este último en el Museo del Prado desde 1886.

La monografía de Ceferino Araujo, que también carece de ilustraciones, contribuye al conocimiento de la obra de Goya y trata de poner de manifiesto los errores de interpretación de publicaciones precedentes. Araujo, en el prólogo de su libro, explica que ha procurado ver todas las obras que menciona y consultar la bibliografía y documentación disponibles.
La exposición pionera de obras de Goya se celebró en el Ministerio de Obras Públicas y Bellas Artes en 1900. Su catálogo se presenta estructurado en pinturas, dibujos, grabados y litografías. Aunque no ofrece imágenes de las piezas expuestas, aporta información relevante sobre obras que todavía estaban en colecciones particulares. Como complemento de esta publicación, apareció un folleto sobre las Noticias de algunas personas retratadas por Goya siguiendo el orden del catálogo, con breves biografías de los personajes.
Ya iniciado el siglo xx, la figura de Goya seguía siendo objeto de investigación por parte de los mejores historiadores del arte franceses y protagonista de ediciones de lujo, como la que tuvo a su cargo Paul Lafond. De gran formato, ofrece setenta ilustraciones intercaladas en el texto y catorce a toda página, entre las cuales hay diez estampas de reproducción, grabadas por distintos artistas, dos heliograbados y una litografía. El ejemplar que conserva el Museo está falto de frontispicio con el retrato de Goya y de la estampa titulada Un mendiant que Lafond creía original de Goya.
![Imagen de Paul Lafond, Goya, París, Librairie de L’Art Ancien et Moderne, [1902]](https://content3.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/ElPrado/interactivos/monograficos/biblioteca/goya/1902_Lafond_.jpg?v=2)

Valerian von Loga hizo en 1903 una aproximación seria y rigurosa a la producción artística de Goya, transcribió documentación inédita hasta ese momento y presentó un catálogo exhaustivo de las pinturas, mencionando también las series de dibujos y de estampas. Este libro de alta calidad está ampliamente ilustrado con 85 láminas y se reeditó en 1921.

En 1908 Calvert publicó el primer catálogo razonado en inglés, obra bien ilustrada que contribuyó a la difusión del conocimiento sobre Goya en el ámbito cultural anglosajón.
Aureliano de Beruete publicó entre 1916 y 1918 tres volúmenes dedicados a la obra de Goya: uno a los retratos, otro al resto de pinturas y el último a los grabados.

Posteriormente, August Mayer, otro destacado historiador del arte alemán especializado en arte español, sobre todo en Ribera, el Greco y Velázquez, dedicó una monografía a Goya en 1923 que se tradujo al español en 1925. Mayer intentó hacer un catálogo completo de la producción del artista, incluidos los dibujos. El ejemplar digitalizado contiene numerosas anotaciones manuscritas por el historiador y coleccionista Antonio Correa, de cuya biblioteca procede, y tiene encartados recortes de noticias de diferentes periódicos.
Con motivo del centenario del fallecimiento de Goya surgieron múltiples publicaciones sobre el artista. Entre las monografías se pueden destacar las de Tomás G. Larraya, y la de Pierre Paris. Poco después, Francisco Javier Sánchez Cantón publicó la biografía y el análisis de la producción artística de Goya basándose en datos extraídos de fuentes documentales fidedignas. El texto está orientado a un público extranjero al estar publicado en francés y contextualizar a Goya en el marco de la cultura española.
Publicaciones sobre las pinturas
![Imagen de Juan Agustín Ceán Bermúdez,Análisis de un cuadro que pintó d. Francisco de Goya para la catedral de Sevilla, [s. l.], Imprenta Real y Mayor, 1817](https://content3.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/ElPrado/interactivos/monograficos/biblioteca/goya/1817_cean_analisis.jpg)
El primer estudio sobre una de las pinturas de Goya se publicó en vida del artista y se debe a Juan Agustín Ceán Bermúdez, iniciador de la historiografía del arte en España y gran coleccionista de la obra grabada de Goya, quien publicó en 1817 Análisis de un cuadro que pintó d. Francisco de Goya para la catedral de Sevilla, el que representa a las santas Justa y Rufina. Se trata de un folleto muy raro, del que solo se conocen otros cuatro ejemplares en bibliotecas españolas. Este mismo texto atribuido a Ceán Bermúdez apareció el 9 de diciembre de 1817 en el número 73 de Crónica Científica y Literaria.

Mucho se ha escrito sobre la colección de pinturas de Francisco de Goya en el Museo del Prado, institución que ya contaba con obra del artista aragonés en el momento de su apertura al público en 1819, siendo uno de los pocos artistas vivos representados entonces en la colección. En 1900, Pedro de Madrazo, autor de numerosas ediciones de los catálogos del Museo del Prado, redactó el Catálogo de los cuadros de don Francisco de Goya y Lucientes que existen en el Museo del Prado, en el que se mencionan 46 cartones para tapices, 32 cuadros, 228 dibujos y 14 pinturas negras de la “colección de la casa de Goya” conocida como Quinta del Sordo. Consultando el canal Colección de la web del Museo, se puede comprobar cómo ha crecido de manera extraordinaria la colección de Goya, hasta llegar a las 136 pinturas, 619 dibujos, 124 documentos y 324 estampas que la componen en la actualidad.
Pronto surgió bibliografía especializada en las pinturas murales de Goya. De las Pinturas negras, tan íntimas y atormentadas con las que decoró su casa, ya daba cuenta Gregorio Cruzada Villaamil en un artículo publicado en 1868 en El Arte en España, cuando todavía cubrían las paredes de la Quinta del Sordo, antes de ingresar en el Museo del Prado en 1881. Cruzada Villaamil, director y propietario de El Arte en España, le había encargado a Eduardo Gimeno (1838-1868) la interpretación al aguafuerte de las Pinturas negras, pero el fallecimiento del grabador frustró el proyecto y solo tres estampas, las dedicadas a Saturno, La lectura y El Santo Oficio, pudieron ilustrar el volumen de 1868.

Dos años después Cruzada Villaamil emprendió el estudio científico de los inéditos cartones que Goya había pintado como modelos para los tapices elaborados en la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara destinados a decorar estancias de palacios ubicados en El Pardo y El Escorial. Cruzada Villaamil localizó los cartones para tapices almacenados en pésimas condiciones en el Palacio Real, identificó los de Goya a partir del análisis de la documentación conservada sobre los encargos y los pagos, hizo un análisis estilístico y estudió los temas y los espacios para los que habían sido creados. Aportó una descripción catalográfica y la transcripción de documentos de los archivos de Palacio y de la Real Fábrica de Tapices. En 1870, el mismo año en el que se publicó esta monografía, los cartones para tapices de Goya pasaron a depender del Museo del Prado.
Un nuevo ejemplo de utilización de técnicas de arte gráfico para difundir la obra de Goya es el de José María Galván, quien replicó a través del aguafuerte y la aguatinta los frescos de la ermita madrileña de San Antonio de la Florida. Estas estampas, que habían recibido medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, se publicaron en una edición de buena calidad y gran tamaño en 1888, acompañadas de un texto de Juan de Dios Rada y Delgado.
De la misma manera, el arte de Goya se dio a conocer a través de medios fotográficos y fotomecánicos que facilitaban una reproducción más verídica y fiel de las obras, sin pasar por el filtro del dibujante y del grabador de las estampas de interpretación. De gran tamaño y extraordinaria calidad, la publicación de 1910 del establecimiento Goupil & Cie., cuyo fundador había sido un célebre marchante y editor de estampas y libros de arte, reúne en una carpeta, subdividida, a su vez, en otras cinco, hojas sueltas que contienen: un texto introductorio de Paul Lafond y fotografías originales de los establecimientos fotográficos Anderson, Moreno y Lacoste principalmente, que reproducen cincuenta pinturas conservadas en museos y colecciones particulares.
En 1924 aparecieron nuevos estudios de las pinturas murales de Goya. Manuel Vega redactó un breve texto sobre la iglesia de San Antonio de la Florida y Joaquín Ezquerra del Bayo abordó en un artículo el tema de las Pinturas negras.
El centenario de la muerte de Goya se celebró en 1928 por todo lo alto. Se trató de una conmemoración de Estado, en la que una Junta Nacional creada ex profeso organizó múltiples actividades, reflejadas en un folleto, que iban desde exposiciones de carácter científico a misas, cenas, bailes, corridas de toros y fuegos artificiales para recordar al artista español más reconocido, cuya figura fue usada incluso con fines publicitarios.
La actividad más relevante del centenario de Goya fue la celebración de una exposición de pinturas en el Museo del Prado. Del catálogo, redactado por Enrique Lafuente Ferrari, se hicieron dos ediciones. De carácter científico, incluía 92 pinturas y varios cartones para tapices con datos técnicos, textos explicativos, referencias bibliográficas, indicación de propietarios e índices de las pinturas procedentes de cada colección.

En el Archivo del Museo del Prado hay expedientes relativos a las actividades preparadas por la Junta Nacional del Centenario de Goya y sobre la gestión de la exposición de pinturas, con documentación sobre los préstamos, las reproducciones, los catálogos, la inauguración, las cuentas de gastos e impresos efímeros como el folleto del programa o el billete de entrada a la muestra. Asimismo, en el Museo del Prado se conservan dos plaquetas en latón de Miguel Blay con la efigie de Goya tomada de Los Caprichos, que había sido encargada por la Academia de San Fernando para este centenario.
Publicaciones sobre dibujos y estampas

La más interesante aportación de Valentín Carderera a la historiografía goyesca fueron los dos artículos que publicó en la Gazette des Beaux-Arts (1860, pp. 215-27, y 1863, pp. 237-49) anotados por Philippe Burty, en los que volcó su extraordinario conocimiento de los dibujos y las estampas del aragonés que formaban parte de su colección particular, presentando uno de los primeros estudios científicos de estas obras sobre papel en las que Goya plasmó su creatividad más personal. Carderera describió y comentó los dibujos preparatorios y las conocidas series de los Caprichos, los Desastres de la guerra, la Tauromaquia y los Disparates haciendo alusión a pruebas de estado, a pruebas antes de la letra o con inscripciones manuscritas, y definiendo las características de las distintas ediciones de las series de estampas, además de las que copiaban los cuadros de Velázquez, las estampas sueltas y las litografías.
Hasta principios del siglo XX, no aparecieron publicaciones dedicadas en exclusiva al estudio de los dibujos de Goya, a pesar de ser sus obras más experimentales y libres, tanto por las técnicas de las que se sirvió como por los temas.

Paul Lafond publicó en 1907 Nouveaux Caprices de Goya, donde estudiaba 38 dibujos inéditos, casi todos ellos de los cuadernos de Burdeos, que pertenecían a Aureliano de Beruete en ese momento. La obra está ilustrada con unos magníficos heliograbados, técnica fotográfica que reproduce de manera muy fiel las calidades de los trazos y manchas de los dibujos y grabados. Posteriormente, 35 de estos apuntes pasaron a la colección de Otto Gerstenberg, de donde se les perdió la pista durante la Segunda Guerra Mundial. Al creerse destruidos, el libro de Paul Lafond fue durante muchos años la fuente gráfica que permitió estudiar los dibujos bordeleses, hasta que reaparecieron entre los fondos del museo del Hermitage en 1996. El ejemplar digitalizado de la Biblioteca tiene encartados recortes de artículos sobre el pintor.

Un año más tarde, surgió una edición muy cuidada en tres volúmenes dedicada a los dibujos de Goya de la colección del Museo del Prado. A cargo de Pierre d’Achiardi, gracias a sus magníficas reproducciones se dieron a conocer los dibujos que entonces se conservaban en el Museo del Prado, que ya reunía el fondo más numeroso y relevante.

El editor Fernando Fe publicó un libro titulado Caprichos de Goya que contenía 60 dibujos inéditos del Museo del Prado, reproducidos a partir de las fotografías del establecimiento de J. Lacoste, que nada tenían que ver con la serie de estampas del mismo nombre.
Félix Boix, notable experto en el ámbito del dibujo, intentó hacer una ordenación cronológica y temática de los dibujos de Goya, tanto de los preparatorios para grabados como de los de libre creación. Tarea de altura si se tiene en cuenta la dificultad del estudio de los dibujos de Goya por su diversidad temática, su complejidad técnica y la desmembración de los cuadernos originales.
El centenario de Goya, acaecido en 1928, supuso un gran avance en el conocimiento y difusión de su producción dibujística. Francisco Javier Sánchez Cantón publicó un breve catálogo de los dibujos del artista que se habían instalado en una sala permanente del museo, procedentes en su mayor parte de los 186 comprados en 1866 a Román Garreta y Huerta y los 262 adquiridos a Mariano Carderera, heredero de Valentín, en 1886. En el ámbito de la celebración, el Museo del Prado inició un proyecto de estudio de la colección de dibujos de alcance más amplio, con un primer volumen titulado Cien dibujos inéditos, con muy buenos facsímiles del mismo tamaño que los originales. El segundo volumen, Dibujos inéditos y no coleccionados, no vería la luz hasta 1941. Sánchez Cantón también escribió ese año sobre los dibujos del viaje a Sanlúcar, identificando hojas de dos cuadernos de apuntes en el Museo del Prado y en la Biblioteca Nacional.

La producción gráfica de Goya se estudió desde fecha temprana. Antes que Carderera, Eugène Piot había publicado en 1842 un breve Catalogue raisonné de l’œuvre gravé de Franco Goya y Lucientes, tarea abordada posteriormente con mayor precisión y amplitud por Paul Lefort, quien dio a conocer el catálogo razonado de las estampas del artista en cinco artículos que salieron en la Gazette des Beaux-Arts (1867-68). Aunque en el ejemplar del Museo del Prado no se conservan, se incluyeron dos estampas originales tiradas a partir de las láminas de cobre grabadas por Goya que pertenecían a Lefort: Dios se lo pague a usted y Un prisionero. En 1877, Lefort refundió todos estos textos en la monografía Francisco Goya: étude biographique et critique.


Un año después, Isidoro Rosell hacía notar que algunas estampas y pruebas de estado que se conservaban en la Biblioteca Nacional de España no habían sido incluidas en el catálogo de Paul Lefort. En 1900, Ángel María Barcia, nuevo director de la sección de estampas de la Biblioteca Nacional, publicaría otro artículo describiendo el extraordinario fondo de estampas de Goya que conservaba la institución, procedentes en su mayor parte de la colección de Valentín Carderera.


La relevancia de los artículos de Charles de Yriarte en la revista L’Art: Revue Hebdomadaire Illustrée (III, t. 9, 1877, pp. 3-10, 33-40, 56-60, 78-83) sobre los aguafuertes de Goya reside, sobre todo, en que cada uno de los cuatro textos se ilustraron con sendas estampas originales de Goya y adicionales de los Disparates. Estas cuatro estampas no se incluyeron en la primera edición de 1863, titulada Los Proverbios, porque sus láminas de cobre no habían formado parte del conjunto adquirido en 1862 por la Academia, sino que habían quedado en poder del pintor Eugenio Lucas y salido de España tras su muerte en 1870.
El Gabinete de Dibujos y Estampas del Museo del Prado también cuenta con ejemplares de estas cuatro estampas adicionales de los Disparates: Lluvia de toros (Disparate de toritos/tontos), Otras leyes para el pueblo (Disparate de bestia), ¡Qué guerrero! (Disparate conocido), Una reina del circo (Disparate puntual).
También fue relevante el esmerado libro de Valerian Von Loga de 1910 (2º ed. de 1923), que ofreció un análisis profundo y unas buenas reproducciones facsímiles en heliograbado de las estampas más raras de Goya como son las pruebas de estado, algunas con anotaciones, y los ejemplares únicos.
![Imagen de Valerian von Loga, Francisco de Goya, 2ª ed., Leipzig, Klinkhardt & Biermann, [1923]](https://content3.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/ElPrado/interactivos/monograficos/biblioteca/goya/1910_loga_paisaje_.jpg)
El tercer volumen de Beruete dedicado a la obra gráfica de Goya, añadió información novedosa sobre el uso de las láminas de cobre de los paisajes para grabar cuatro estampas de los Desastres de la guerra. Ángel Sánchez Rivero se ocupó del arte gráfico de Goya en 1920 y Loys Delteil redactó en 1922 un repertorio completo que sirvió como obra de referencia para la catalogación de las estampas de Goya hasta que se publicó, en 1964, Goya, engravings and lithographs de Tomás Harris.
El estudio de la obra gráfica de Goya se intensificó con artículos especializados en alguna de las series. La Academia de Bellas Artes de San Fernando publicó en 1863 la primera edición de los Desastres de la guerra, de la que Enrique Mélida hizo un estudio detallado en El Arte en España. En 1864, Enrique Mélida también comentaría en la misma revista la primera edición hecha por la Academia de los Proverbios, criticando la elección del título dado a este conjunto que también se conoce como los Disparates por las inscripciones manuscritas en algunas pruebas de estado.

En 1884, Miguel Seguí y Riera copió al aguafuerte las 80 estampas de los Caprichos de Goya, con la intención de difundir las imágenes a través de técnicas artesanales de reproducción, cuando ya estaban extendidas las ilustraciones fotográficas o fotomecánicas. Bartolomé Maura hizo un estudio monográfico de las estampas de la Tauromaquia, al igual que Francisco Esteve Botey en 1922.
La Junta Nacional del Centenario de Goya patrocinó varias publicaciones en 1928. Entre otras, la edición de lujo, en buen papel y con excelentes reproducciones, de las estampas de Goya a su tamaño real y acompañadas de un texto de Miguel Velasco Aguirre. También el catálogo de la Exposición de la obra grabada de Goya celebrada, entre abril y mayo en la Sociedad Española de Amigos del Arte, en la que se mostraron todos los grabados, incluidas las pruebas únicas, pruebas de estado y pruebas de edición de las distintas series o de las estampas sueltas que se conservaban en colecciones españolas públicas o privadas. El mismo año también apareció el texto del librero anticuario Pedro Vindel que tenía a la venta estampas de Goya muy raras y que ofrecía elementos de juicio para la identificación del estado o la edición de las estampas de Goya.


María Luisa Cuenca García
Bibliografía
- Javier Blas (coor.), Goya grabador y litógrafo: repertorio bibliográfico, Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, 1992
- Nigel Glendinning, Goya y sus críticos, ed. a cargo de Jesusa Vega, Madrid, Ediciones Complutense, 2017
- Paz Miranda Sin y Julia Martín del Fraile, Goya, historia y crítica en la Biblioteca Universitaria: exposición bibliográfica, [Zaragoza], Biblioteca de la Universidad de Zaragoza, 2022. Accesible en: https://biblioteca.unizar.es/sites/biblioteca.unizar.es/files/exposiciones/Expo_Goya/expogoya.pdf
- José Manuel Matilla y Manuela Mena, Goya. Dibujos: solo la voluntad me sobra, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2019
![Imagen de Francisco Javier Sánchez Cantón, Goya, París, G. Gres et Cie., [1930]](https://content3.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/ElPrado/interactivos/monograficos/biblioteca/goya/1930_sanchez_canton_1.jpg?v=2)
![Imagen de Francisco Javier Sánchez Cantón, Goya, París, G. Gres et Cie., [1930]](https://content3.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/ElPrado/interactivos/monograficos/biblioteca/goya/1930_sanchez_canton_2.jpg)









