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La intervención sobre esta pintura, realizada por María Álvarez Garcillán, ha tenido como uno de sus ejes principales la restitución de las dimensiones originales del lienzo. Para ello se ha optado por conservar las bandas añadidas, dado su interés histórico, ocultándolas bajo el nuevo marco mediante un sistema de cajeado interno. Esta solución no invasiva permite mostrar al público únicamente la superficie pintada por Velázquez, ofreciendo una visión muy cercana a la original.
Gracias a esta intervención, Pablo de Valladolid recupera plenamente su fuerza visual y conceptual, al tiempo que los nuevos estudios técnicos permiten profundizar de manera inédita en el proceso creativo de Velázquez, reafirmando el carácter extraordinariamente moderno y experimental de una de las grandes obras maestras del Siglo de Oro español.
En el siguiente visor se puede apreciar el antes y el después de la obra tras la restauración.
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Edouard Manet comentó que esta obra es "quizá el trozo de pintura más asombroso que se haya pintado jamás", y se basó en ella para construir su famoso Pífano.

