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La recuperación de El Paular

Rascafría Cartuja de Santa María del Paular 19.12.2013 - 24.01.2016

A través de fotografías, dibujos, vídeos y diferentes piezas artísticas, la exposición recorre la historia de la fundación, sus fases constructivas e históricas, incluyendo el proceso desamortizador de 1835, los avatares de la Guerra Civil y la revitalización con la llegada de la orden benedictina y el más reciente proceso de recuperación, el periodo entre 1985 y 2013. Dentro de este último proceso rehabilitador, se subrayan algunos aspectos tan emblemáticos como la restauración de la Capilla del Sagrario, el retablo de alabastro y la recuperación de la magnífica sillería de coro. La recuperación de la serie de Vicente Carducho, con la reinstalación de los cincuenta y dos lienzos de grandes dimensiones que desde 1872 se dispersaron por varios ámbitos de la geografía española, ha sido reconocida como un hito fundamental en el proceso de recuperación de la Cartuja, y por ello se ha convertido en un apartado protagonista de la muestra.

Comisarios:
Leticia Ruiz Gómez, jefe del Departamento de Pintura Española (hasta 1700) del Museo Nacional del Prado y responsable del proyecto de recuperación de la serie cartujana de Vicente Carducho. Eduardo Barceló de Torres, arquitecto encargado del plan director

Horario

Laborables, fines de semana y festivos, de 10 a 14 y de 17 a 19 h.

Organizada por:
Museo Nacional del Prado
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Multimedia

Exposición

Vicente Carducho en El Paular (1626-1632)

Vicente Carducho en El Paular (1626-1632)
San Bruno se despide de San Hugo antes de su viaje a Roma
Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador), Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
1861-1862
Aguafuerte sobre papel avitelado, 404 x 288 mm.
Madrid, Museo Nacional del Prado

El 29 de agosto de 1626 Vicente Carducho (h. 1576-1638) firmó un contrato para acometer la serie pictórica más completa y ambiciosa jamás realizada sobre la orden de los cartujos: se trataba de un conjunto de cincuenta y seis lienzos de grandes dimensiones pensados para el claustro mayor de la caruja de El Paular de Rascafría (Madrid). ésta había sido levantada bajo el patrocinio de Juan I de Castilla (1358-1390) y gozaba todavía del favor real durante el reinado de Felipe IV (1605-65), como se refleja en este encargo, que incluía el escudo del monarca además del de la orden, representados en dos lienzos de menores dimensiones actualmente desaparecidos.

Las cincuenta y cuatro telas restantes se dividen en dos grupos: las veintisiete primeras ilustran la vida del fundador de la orden, san Bruno de Colonia (1035-1101), desde el momento en que decide abandonar la vida pública y retirarse a los montes de la Chartreuse (Francia), hasta su muerte y primer milagro póstumo.

El segundo grupo está dedicado a los hechos más notables de los cartujos en diferentes lugares de Europa; un recorrido desde el siglo XI al XVI que muestra el impulso fundacional de la orden y los tópicos sobre la misma: su retiro en paisajes solitarios de gran belleza, su vida de humildad, mortificación y penitencia, y su dedicación al estudio y a la oración.

El ciclo se cierra con un grupo de escenas “heroicas” sobre la persecución y el martirio padecidos por algunas de sus comunidades en los siglos XV y XVI. Estas imágenes pretendían reforzar la fe de los cartujos, al tiempo que ilustraban los conflictos religiosos y territoriales de la Europa del momento. Por lo demás, la serie refleja bien la predilección de la religiosidad del Barroco por la oración, el martirio, los milagros y las visiones extáticas.

Vicente Carducho, el encargado de pintar todo el conjunto, además de teórico del Arte, era el artista más respetado y prestigioso de la corte madrileña, y el más capaz para acometer un trabajo de tal complejidad. Para llevarlo a cabo se requerían amplios conocimientos en diseño de composiciones de gran tamaño y dificultad, demostrar dominio del espacio, capacidad narrativa, manejo de numerosas figuras, habilidad para la expresión de los sentimientos y la gestualidad, así como destreza en el empleo de un colorido que diera amenidad a la serie en su conjunto. Todos estos aspectos definían el género que en el siglo XVII tenía la máxima consideración: la pintura de historia.

Carducho había nacido en Florencia, pero llegó muy pronto a España, en 1585, acompañando a su hermano, el también pintor Bartolomé Carducho (h. 1560-1608), ayudante de Federico Zuccaro (1540/41-1609) en las decoraciones del monasterio del Escorial. Se formó por lo tanto en la principal cantera del arte español de finales del XVI, con la impronta del clasicismo toscano y el sentido pedagógico de los pintores escurialenses. Durante el primer tercio del siglo XVII acometió los encargos más importantes del momento en Madrid, Valladolid, Toledo y Guadalupe (Cáceres); en muchos casos acompañado de Eugenio Cajés (1575-1634). En el Salón de Reinos del palacio de Buen Retiro, el conjunto decorativo de mayor contenido simbólico del reinado de Felipe IV, fue el único artista que realizó tres composiciones de batallas ganadas por las tropas españolas en la década de 1620. Fueron pintadas en 1634, un año después de que Carducho publicara uno de los tratados artísticos más importantes del siglo XVII en España: sus célebres Diálogos de la pintura, redactados en las mismas fechas en que se hallaba pintando el conjunto de El Paular.

La serie se realizó entre 1626 y 1632 después de un laborioso proceso creativo que conllevó la elaboración de numerosos dibujos y bocetos, y en el que participaron algunos ayudantes del pintor. El conjunto permaneció en El Paular hasta la desamortización de 1835, es decir durante la expropiación de los bienes de las órdenes religiosas por parte del Estado.

Deterioro y recuperación de la serie cartujana de El Paular

Deterioro y recuperación de la serie cartujana de El Paular
La Virgen se aparece a Juan Fort
Vicente Carducho
1632
Óleo sobre lienzo, 336 x 297 cm.
Madrid, Museo Nacional del Prado

Como otros grandes conjuntos clausúrales del momento, Carducho concibió las grandes telas como pinturas murales. Los lienzos, colocados sin bastidor sobre los muros, se apoyaron seguramente en tableros y se guarnecieron con una moldura de escayola. A lo largo del tiempo, las humedades del claustro y la excesiva exposición al sol de algunas de sus pandas perjudicaron la conservación de las obras. Sin embargo, fue durante el proceso desamortizador cuando la serie sufrió su deterioro más notable.

A partir de 1835, los lienzos fueron arrancados de los muros para su trasladado al convento madrileño de la Trinidad, donde pasaron a formar parte del Museo Nacional de Pintura y Escultura, que abrió sus puertas en 1838. En esa extinta institución muchas obras se restauraron y se les cambió su formato original. Tras ser forradas y limpiadas, en algunos casos de forma excesiva, se retocaron, y se les aplicó una gruesa capa de barniz o resina coloreada.

En 1872 se fusionó el Museo de la Trinidad con el Museo del Prado. Las grandes dimensiones de los cuadros del ciclo cartujano dificultaban su exhibición e incluso su almacenamiento, por lo que se fueron distribuyendo por diferentes museos e instituciones españolas. Entre los años 1887 y 1923, algunos de los lienzos se enviaron como depósitos a La Coruña, Valladolid, Jaca (Huesca), Burgos, Sevilla, Córdoba, Zamora, Tortosa y Poblet (Tarragona). Durante la Guerra Civil las dos obras depositadas en el municipio de Tortosa desaparecieron.

El proceso de recuperación que el Museo del Prado inició en el año 2002 y que concluyó en el 2006, ha conseguido remediar el deterioro material de las obras, junto con la recuperación del formato original de todos los lienzos, rematados en arco de medio punto.

La última parte de este proceso de recuperación incluyó, necesariamente, el regreso del conjunto al Monasterio de santa María del Paular, para así restablecer la secuencia narrativa de la serie perdida desde su desmembramiento. Felizmente, el proyecto del Museo del Prado ha coincidido con la restauración de la antigua cartuja por parte del Estado español, por lo que ahora se pueden admirar la serie en todo su esplendor.

Obras

3

San Bruno despide a San Hugo

Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador),

Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
Aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 289 mm
1861-1862

4

San Bruno se despide de San Hugo antes de su viaje a Roma

Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador),

Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
Aguafuerte sobre papel avitelado, 404 x 288 mm
1861-1862

5

El papa Urbano II llama a San Bruno a Roma

Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador),

Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
Aguafuerte sobre papel avitelado, 402 x 284 mm
1861-1862

6

San Bruno renuncia al arzobispado de Reggio Calabria

Ricardo Franch y Mira (Grabador), Federico Navarrete y Fos (Grabador), José María Roselló y Prados (Grabador),

Vicente Carducho (Pintor) e Imprenta de Manuel Galiano (Impresor)
Aguafuerte sobre papel avitelado, 403 x 288 mm
1861-1862

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