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Orrente, Pedro de

D. G. L.

(Murcia, 1580-Valencia, 1645). Pintor español. Conocido como «el Bassano español», fue un artista de gran éxito en su tiempo, admirado como seguidor de las fórmulas de la célebre familia de artistas del Véneto, sobre todo en la rea­lización de series de temas del Antiguo Testamento ambientados en frondosos paisajes. Vivió en varias ciudades españolas, se trasladó muy joven desde su Murcia natal a Toledo, donde ya se encontraba en 1600. Si la fama de las obras de los Bassano era enorme en toda España, el clima en la ciudad castellana debía de ser especialmente receptivo a su pintura. Los mejores maestros que allí trabajaban dejaban meridiana constancia de ello: Juan Sánchez Cotán copiaba obras suyas, mientras El Greco dejaba por escrito su admiración por Jacopo Bassano. No es de extrañar que Orrente, que poco después viajaría a Italia, se dirigiese a Venecia. Partió al país transalpino a fines de 1602 y en 1605 se encontraba ya en la ciudad lacustre. Es bastante razonable pensar en su paso por el taller de Leandro Bassano, que Jusepe Martínez catalogaba como su maestro. De vuelta a España estaba en Murcia en 1607. Volverá a compaginar estancias en diversas ciudades, como Toledo (donde le unirá estrecha amistad con el hijo de El Greco, Jorge Manuel Theotocópuli) y Valencia, aunque también debió de pasar temporadas en Madrid a tenor del gran número de sus obras que aparecen, tanto en los inventarios de las colecciones reales como en los repertorios nobiliarios. Durante su estancia en Venecia no solo debió de aprender las maneras pictóricas ­bassanescas sino que, además, asumiría su concepción de la pintura ­como una actividad orientada al mercado. En este sentido será fundamental el tratamiento de los temas sacros como escenas de género. Se trata, sobre todo, de animadas series de historias bíblicas con las que los aficionados podían sentirse halagados por la variedad y el dinamismo de las obras, en las que un gran número de personajes aparecen sumergidos en paisajes, acompañados por una profusión de animales y ­objetos cotidianos. Así lo declaraba Jusepe Martínez al señalar la afición de Orrente por las «historias del Testamento Viejo y Nuevo, y en ellos acomodando países con tal unión en las figuras, que en este género pocos le igualaron». El hecho de que en los inventarios contemporáneos del palacio del Buen Retiro aparezcan citados hasta treinta y dos lienzos a su nombre, es significativo del aplauso del que gozaron estas creaciones. Para realizar tan amplia producción, el pintor debió de contar con un obrador muy bien constituido, que repetía una y otra vez los modelos establecidos por el maestro. Esta circunstancia también explica las enormes diferencias de calidad que se pueden encontrar en las obras catalogadas de este artista. Pero, a pesar de que fue ya destacado en las fuentes antiguas por sus lienzos bassanescos, Orrente demostró también su pericia y versatilidad en otro tipo de trabajos. Habiendo conocido de primera mano las creaciones de los grandes maestros venecianos, supo adoptar para sus obras las enseñanzas de Tiziano, Tintoretto y Veronés. Más cercano a este último aparece en cuadros de gran empeño, como Santa Leocadia (catedral de Toledo) o Martirio de Santiago el Menor (Museo de Bellas Artes de Valencia San Pío v), en los que las grandes figuras de los protagonistas se desplazan con elegancia en un espacio plenamente escenográfico, que se representa desde un punto de vista bajo y con unos fondos de esbeltas arquitecturas. Además, su más que posible paso por Roma lo colocaría en una situación de privilegio para conocer en todo su apogeo el desarrollo de la pintura caravaggista y el interés por el naturalismo, características que supo sumar a sus propias obras. De los lienzos relacionados con Orrente en el Prado, cabe destacar algunos de los que provienen de la colección real, que formaban parte de las series ya citadas en el palacio del Buen Retiro. Muchos proceden del Museo de la Trinidad y la mayoría son obra de taller. Son de destacar, asimismo, dos compras modernas: San Juan Evangelista en la isla de Patmos (1992) y San Juan Crisóstomo (1993). Se trata de composiciones que apuntan en una dirección menos conocida de la obra de este pintor: creadas a partir de la inserción de medias figuras envueltas en sendos paisajes e insistiendo en un meditado estudio naturalista.

Obras

Bibliografía

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  • Pérez Sánchez, Alfonso E., «En el centenario de Orrente, adenda a su catálogo», Archivo Español de Arte, Madrid, 1980, pp. 1-18.
  • Un mecenas póstumo. El legado Villaescusa. Adquisiciones 1992-1993, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1993, pp. 66-73.
  • Falomir Faus, Miguel, «Los Bassano y la pintura española», Los Bassano en la España del siglo de oro, cat. exp., Madrid, Museo Nacional del Prado, 2001, pp. 35-44.
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