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Araujo y Ruano, Joaquín

Ciudad Real, 1851 - Madrid, 15.5.1894

Joaquín Araujo Sánchez-Ruano nació en Ciudad Real en 1851 y recibió el bautismo en la iglesia de Santiago. Era hijo de Tomás Araujo Costa (natural de Trubia) y de Marcelina-Sánchez Ruano y Sánchez-Pacheco (natural de Miranda del Castañar), pero en su nombre de profesión suprimió la primera parte -Sánchez- del apellido materno. Blanco Asenjo (1894: 254) aseguró que, pocos arios después, la familia se trasladó a Barcelona, donde el niño estudió con el maestro Llorens, pero carecemos de datos que permitan confirmar esta noticia. El resto de biógrafos indican en cambio que el artista, siendo adolescente, se trasladó desde su ciudad natal a Madrid, para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Así lo demuestran ahora los libros de matriculación de la Escuela de esta institución, donde aparece inscrito desde el curso de 1866-1867 al de 1870-1871. En su primer año, se matriculó en las clases de antiguo y ropajes y de modelado por el antiguo, que volvió a cursar en su segundo ario, junto con colorido y composición. Y en los dos cursos siguientes (1869-1870 y 1870-1871) de nuevo se inscribió en estas cuatro asignaturas, aunque en ninguno de los casos consta que se presentara a los exámenes.
Como el resto de jóvenes alumnos, y dentro de las actividades complementarias a su formación, el artista manchego acudió de copista al Museo del Prado, donde se registró el 22 de octubre de 1867, siendo presentado por el escultor José Gragera y declarando tener su domicilio en Corredera Baja de San Pablo. Desde ese año y hasta poco antes de su prematura muerte, Araujo acudió con frecuencia al Museo, dedicándose a copiar especialmente a Velázquez (con al menos 15 copias registradas), y, en menor medida a Goya (los Fusilamientos), Tiziano (Ecce Homo y Dolorosa) y Van Dyck.
El numeroso corpus de dibujos que se conserva de su mano, además de su evidente valor artístico, constituye una fuente de gran valor para poder trazar su biografía, especialmente intensa en un artista que desde sus comienzos hizo del viaje su principal recurso de inspiración. Al menos desde 1870, Araujo comenzó a viajar por España, pues en ese año fechó un dibujo en Pola (Asturias). En él aparecen los motivos que desde sus primeros años interesarán al pintor: los tipos populares y las escenas de la vida rural. Este viaje posiblemente fue hecho en busca de asunto para la obra que pretendía presentar en la Exposición Nacional de Bellas Artes del año siguiente -su primera participación en un certamen de importancia-, a la que concurrió con la representación sobre una de las costumbres cotidianas de Aragón: Partida de guiñote en una posada de Aragón (sin localizar). Se trataba de un cuadro en el que, a pesar de las torpezas propias del principiante, el joven ya mostraba cuáles serían los principios artísticos por los que discurriría su carrera: verosimilitud descriptiva, afán en el detalle y fuerte caracterización de los tipos.
En el catálogo de esa exposición, Joaquín Araujo aparece como discípulo de Ignacio Suárez Llanos y como alumno de la Escuela de la Academia, a la que ya no acudiría en el curso de 1871-1872. Como otros muchos artistas, decidió entonces marchar a Roma para complementar allí su formación. Este viaje debió pagarlo de su propio bolsillo, pues no nos consta que fuese premiado o dotado con alguna beca privada o dependiente de instituciones públicas. De nuevo los dibujos nos documentan esta estancia, que debió ser breve, pero que nos ha dejado algunos testimonios de gran interés, como la escena de su estudio en la ciudad eterna o el bello apunte de cuatro "ciocciaras" fechado igualmente en la ciudad eterna en 1872. En 1873 está documentada su actividad en Madrid y Ávila, donde de nuevo se centró en recoger diferentes tipos populares. En este mismo año, o a principios del siguiente, Araujo se encontraba en París. Allí se vio influido por las escenas de casacón y la estética de Mariano Fortuny (1838-1874), maestro de referencia para los jóvenes españoles tanto en la pintura de "tableautin" como en el trabajo de la acuarela. Movido por la necesidad de éxito y reconocimiento, el manchego sucumbió ante este tipo de obras, abandonando su primitiva vocación costumbrista. Así, presentó al Salón de París de 1874 un cuadro ambientado en la moda goyesca dieciochesca, que precisamente tituló Salida para la corrida de toros (1795) (mercado del arte, 2011) y que fechó en ese año en París. Araujo demostró su habilidad para apropiarse de las características de esta pintura en la ambientación, la indumentaria, la pincelada precisa y detallista, y el colorismo. En 1875 se encontraba de nuevo en España, concretamente en Toledo y Madrid, ciudades donde se interesó especialmente por un tipo de especial fortuna, las manolas: mujeres con mantilla, cabeza descubierta y cesta en su regazo, a las que dibujó reiteradamente y que centraron gran parte de sus lienzos durante 1875 y 1876. Así sucede con La cantante en las calles de Madrid (sin localizar) y con Las lavanderas (mercado del arte, 2002), presentada en el Salón de París de 1877. En ese mismo salón exhibió una de sus obras más conocidas: Aduaneros carlistas registrando una diligencia (Museo del Prado). Representa a unos carlistas examinando el equipaje de una diligencia en un puesto fronterizo, una escena que debió ser presenciada por el propio pintor, como evidencia un dibujo preparatorio para algunos de los personajes, en concreto los de los milicianos que inspeccionan los baúles.
En julio de 1877 realizó un viaje a la provincia de Salamanca, donde dedicó una gran cantidad de dibujos a documentar una costumbre habitual en las zonas montañosas, que interesaría también por esos años a otros artistas como Ricardo de Madrazo: los cazadores que, bajo la promesa de recompensa o con el fin de ganar dinero, se dedicaban a apresar lobos para poder recibir su premio. Estos estudios dieron lugar a una nueva obra firmada al año siguiente, La prima. En ella, uno de estos cazadores, ante el asombro de diferentes aldeanos, principalmente niños, se presenta con un lobo atado de una cadena ante el alcalde, que espera sentado en el interior de un patio. La obra final es fiel reflejo del estilo maduro de pintor, que concede gran interés a la descripción de los tipos populares, hasta el punto de que cada uno de ellos presenta un traje típico diferente. El cuadro fue presentado en el Salón de París de 1878, y debió tener éxito, pues fue adquirido en ese año por el marchante Adolphe Goupil quien lo vendió muy poco después.
A partir de 1880, el pintor, asentado de manera estable en Madrid tras su estancia en Francia, comenzó a participar de lleno en la vida artística y cultural de la ciudad. Formó parte del Círculo de Bellas Artes y acudió a la primera exposición organizada en 1880 con Soledad (sin localizar). Durante este década y la siguiente presentó con cierta frecuencia sus obras en las diferentes exposiciones comerciales organizadas en la capital, fundamentalmente en los comercios de Pedro Bosch y de Ricardo Hernández. En 1881 volvió a participar en una Exposición Nacional, tras diez años de ausencia. Allí presentó, entre otros, dos cuadros de escenas de costumbres sevillanas, temática que se haría frecuente en su producción pictórica durante esta década, si bien ya hay dibujos con estos temas fechados en 1879. En uno de ellos se dedicó a estudiar unas piaras de cerdos que luego aparecerían en la Feria de Sevilla (sin localizar), donde volvían a cobrar protagonismo las manolas, aunque aquí tratadas como buñoleras.
Aproximadamente hacia 1875, Araujo comenzó a aprender las técnicas de grabado, que empleó tanto en la reproducción de obras de arte como en el grabado de invención, donde se centró en la representación de un único tipo humano, de medio cuerpo, rodeado de un objeto alusivo o identificativo, que aportaba mayor tipismo. Quizá por influencia de este segundo tipo de estampas, al menos entre 1885 y 1890 se centró especialmente en grandes figuras de tipos populares, y no tanto en la composición de escenas. De estos años son composiciones como ¿Quién engaña a quién?, protagonizada por un gitano y un agricultor de Andalucía, o De Domingo a Domingo, que recoge una interpretación alegre de un borracho reconvenido por su mujer, vestidos ambos con un traje típico de Salamanca.
Puede considerarse que la evolución de Araujo sufrió una especie de paréntesis entre 1886 y 1887, coincidiendo con su segundo viaje a Roma y las consecuencias que este tuvo en su carrera artística, ya que el pintor abandonó casi al completo su pintura de género y se decantó por la de historia, de la que hasta entonces se había mantenido completamente al margen. Al igual que en su estancia de 1872, debió llegar a Italia en 1886 por sus propios medios, permaneciendo en la ciudad eterna al menos durante los meses de abril y mayo, meses en que se fechan algunos dibujos de academias y desnudos". Estos, junto al estudio de las obras del Renacimiento y de la Antigüedad, rigieron su formación romana. Puede parecer sorprendente que alguien ya formado y en la plenitud de su trayectoria se dedicase a esas alturas a estudiar el cuerpo humano, pero es posible que Araujo se convenciera de la necesidad de realizar un gran cuadro de historia que le permitiese consolidarse y ser reconocido en los medios artísticos oficiales. Al igual que otros artistas de su generación como Cecilio Pla, Araujo pudo verse motivado por el ejemplo de Antonio Muñoz Degrain (1840-1924) o de José Moreno Carbonero (1858-1942), pintores que procedían respectivamente del paisaje y del género, pero que sin embargo consiguieron el gran éxito de sus carreras gracias a un cuadro de historia realizado en Roma y presentado en la Exposición Nacional de 1884. Para su gran lienzo de El Infierno (sin localizar), Araujo decidió decantarse por una de las visiones ofrecidas por Dante en su Divina Comedia. Se trataba de una fuente elegida con cierta frecuencia por los artistas, especialmente por los más jóvenes, como Pla, para sus cuadros de historia.
Araujo aprovechó el verano de 1887 para realizar uno de los viajes más fructíferos de su carrera, que le llevó por buena parte de Galicia, pasando previamente por Astorga. A mediados de julio ya se encontraba en Vigo, para llegar después a Santiago de Compostela -donde recogió la celebración en el campo del día de Santiago Apóstol-, Pontevedra y Bayona, retornando de nuevo a Vigo. Allí descubrió uno de los motivos de mayor inspiración para sus obras: las mariscadoras, escabecheiras y pescadoras de la ría. Mediante dibujos recogió los momentos de la faena de estas mujeres, sus atuendos y las pequeñas embarcaciones al borde del agua. Fue tal su interés que volvió en el verano siguiente para estudiar de nuevo los mismos motivos. Con estos apuntes, no sólo suministró dibujos para grabados, sino que también elaboró pequeñas obras al óleo, como Mariscadora y Vendedoras de langostas (ambas sin localizar), que pueden considerarse entre los mejores estudios de tipos de toda su producción, y que revelan, especialmente el segundo, un intenso estudio del natural.
Tras una breve enfermedad, Araujo falleció el 15 de marzo de 1894. El retrato yacente realizado por uno de sus discípulos predilectos, Manuel Poy Dalmau (1876-doc. 1948), es buena muestra de la admiración hacia el pintor, y de la conmoción que causó su fallecimiento a los 43 años. El Círculo de Bellas Artes, del que él había formado parte activa, reservó una sala de la exposición bienal de ese año para dar a conocer buena parte de sus dibujos y de las obras que había dejado en su taller. La pequeña muestra se convirtió en un auténtico homenaje a su figura, como lo era también el retrato de Poy Dalmau (Texto extractado de Martínez Plaza, P. J.: "Joaquín Araujo Ruano (1851-1894): Nuevas aportaciones a su vida y obra", I Congreso Nacional Ciudad Real y su provincia, 2015, tomo III, pp. 252-268).

Obras (48)

Aduaneros carlistas registrando una diligencia
Óleo sobre tabla, Hacia 1875
Araujo y Ruano, Joaquín
¡Dónde iremos! (Bosnios)
Óleo sobre lienzo, 1884
Araujo y Ruano, Joaquín
Feria de ganado
Pluma sobre papel, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Campesinos tomando el sol
Lápiz sobre papel agarbanzado, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Paisaje
Pluma sobre papel, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Recolectoras de algas
Lápiz sobre papel amarillento, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Señora con guitarra / Señora con guitarra
Pluma sobre papel, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Estudio de media figura de mujer anciana
Lápiz sobre papel amarillento, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín
Paisaje
Aguada sobre papel, Segunda mitad del siglo XIX
Araujo y Ruano, Joaquín

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