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Barocci, Federico

Urbino, 1535 - Urbino, 1612

Pintor italiano. Nacido en el ­seno de una familia de relojeros y fabricantes de instrumentos de precisión. Su educación tiene como marco una ciudad con corte, la de los Montefeltro y los Della Rovere, rica en arte del Renacimiento. Sus maestros ideales son Rafael, Tiziano y Correggio, siendo menos conocidos sus maestros directos (Girolamo Genga, ¿Battista Franco?). Tras pintar sus primeras obras -"El martirio de San Sebastián", de la catedral de Urbino, fechable en 1557-1558-, el joven Federico se traslada a Roma, donde conoce a su paisano Taddeo Zuccaro. Trabaja en la decoración de la Casita de Pío IV, obra de Pirro Ligorio en los jardines del Vaticano (1561-1563), y logra un enorme éxito, pero luego enferma (dicen que fue envenenado), y se ve obligado a regresar a Urbino. Probablemente padece una úlcera duodenal que le atormentará el resto de su vida. Reanudada su actividad artística en 1665, entregó a la catedral de Perugia su obra maestra de juventud, "Llanto sobre Cristo muerto", de la capilla de San Bernardino (1568-1569). Barocci desarrolla su método de trabajo basado en el dibujo y en el uso de «cartones», como se solía hacer en el siglo XV. Su técnica es perfecta: la luz disuelve la forma dibujada en una delicadísima reverberación cromática y sus paisajes parecen preludiar experiencias del impresionismo. Apartado en una ciudad alejada del mundo, Barocci cultiva el grabado, perfeccionando la técnica del aguafuerte en varios estados. También se sirve de grabadores famosos para la reproducción de sus pinturas y su difusión en Europa. La primera obra plasmada por el buril de Francesco Villamena fue el espléndido "Perdón de Asís" (1574-1576, San Francisco, Urbino). Otra es "La Anunciación", anteriormente en Loreto (Musei Vaticani), grabada por el propio Barocci (h. 1584). Su vida es muy activa y cada uno de sus lienzos son obras maestras que influirán en la sensibilidad de muchos artistas -de Aníbal Carracci a Rubens- hasta el siglo XVIII. Recordemos "La Virgen del pueblo" (1575-1579, Galleria degli Uffizi, Florencia), "El Entierro de Cristo" (1579-1582, Santa Cruz de Senigaglia), "La Visitación" para el oratorio de San Felipe Neri de la Chiesa Nuova de Roma (1583-1586) o "La Circuncisión", anteriormente en el oratorio del Nombre de Dios de Pésaro (1590, Musée du Louvre). El escenario de estas numerosas pinturas es la propia Urbino, vista desde la ventana de la casa del pintor en Via San Giovanni. La ciudad se convierte en Calvario de la crucifixión de Cristo y otras escenas de la Pasión, como sucede en el Cristo en la cruz, legado por el duque de Urbino al rey Felipe IV en 1628 (Prado). Se trata de un ejemplo de «Cristología» que abarca toda la ciudad. En 1604 el duque regala a la reina Margarita de Austria, esposa de Felipe III, "Nacimiento de Cristo", también en el Prado. Barocci se enfrenta con fuerza al nuevo siglo, como sucede en la Presentación en el templo de la Chiesa Nuova, si bien las novedades romanas (Caravaggio, Aníbal Carracci, Rubens) hacen que el pintor se vea excluido progresivamente de los encargos de la capital. Su vida se apaga lentamente, aunque todavía se enfrenta con pasión a proyectos como la "Asunción" de los Albani (Palacio de Urbino), o con romántico abandono, como en la Beata Michelina (1606, Pinacoteca Vaticana). (Emiliani, A., E.M.N.P., 2006, T. II, págs 448-450)

Obras (2)

La Natividad
Óleo sobre lienzo, 1597
Barocci, Federico
Cristo en la Cruz
Óleo sobre lienzo, 1604
Barocci, Federico

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