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Manzano y Mejorada, Víctor

Madrid, 11.4.1831 - Madrid, 11.10.1865

Manzano representa, en el panorama artístico de su tiempo, una de las primeras opciones de renovación pictórica desde el purismo académico hacia el realismo plástico, frustrada por su muerte prematura. Su relativa independencia de los ambientes académicos desde su más temprana juventud y su decidida actitud cosmopolita le permitieron acercarse con sinceridad a la captación realista del natural. Fallecido con poco más de treinta años, dedicó sus mayores empeños a las grandes composiciones históricas, aunque fue en sus retratos y, sobre todo, en algunos de sus estudios de figuras, como "Un chiquillo sentado" (P03973), donde llegó a ser un destacado maestro. Sus obras, resueltas con una gran eficacia artística, en las que vuelve con franqueza sus ojos a Velázquez, le convierten en un auténtico precursor para los artistas de la generación siguiente.
Nacido en el seno de una familia acomodada, Manzano comenzó a formarse como ingeniero civil pero abandonó temprano sus estudios y, tutelado por el pintor y erudito Ceferino Araujo, comenzó a copiar obras antiguas. Ingresó poco después en la Academia de San Fernando, donde fue discípulo de Joaquín Espalter (1809-1880) y Federico de Madrazo, quienes le dieron su primera formación artística al calor del purismo académico, lenguaje en el que debió de producir algunas de sus obras más juveniles que sólo se conocen por referencias.
Durante estos primeros años de su vida realizó un corto viaje de estudios a Italia que le sirvió para desvincularse de los postulados idealistas en los que se acababa de formar. A su vuelta a España decidió continuar su aprendizaje en París, donde fue discípulo de François-Éduard Picot (1786-1868), formado con David, pero en cuyo estudio pujaban otros aventajados discípulos como Cabanel y los hermanos Benouville, con los que Manzano entró en contacto y por cuya etapa inicial se dejó influir sentidamente. Allí copió además obras modernas, como el "Harem" de Delacroix, que determinaron en el artista el desarrollo de una gran sensibilidad hacia el color y realizó algunas composiciones originales y retratos.
Vuelto a Madrid, recibió el apoyo de los marqueses de Remisa que le encargaron numerosas obras, como "San Lorenzo ante el emperador Valerio" pero sobre todo "Santa Teresa en Pastrana", la primera obra que dio cierto prestigio al pintor. Esta pintura compareció a la Exposición Nacional de 1858, en la que obtuvo un premio de tercera clase, y junto a ella presentó también con éxito "Las últimos momentos de Cervantes" (P6389). Esa buena recepción dio origen a su carrera como pintor de historia, al calor de las Exposiciones Nacionales. En 1860 presentó "Los Reyes Católicos en el acto de administrar justicia" (Madrid, Palacio Real), por el que recibió muy buenas críticas y obtuvo una segunda medalla. En ese mismo certamen expuso "Adiós para siempre", con la que concurrió también a las exposiciones de Bayona y París, y a la Exposición Universal de Londres de 1862. A Francia llevó además un boceto que finalmente adquirieron los duques de Montpensier, "Los últimos días de Felipe II."
En la Nacional de 1862 presentó "Rodrigo Vázquez visitando a la familia de Antonio Pérez en prisión" (Nueva York, The Hispanic Society of America), por el que obtuvo de nuevo una medalla de segunda clase. El lienzo fue adquirido por el infante Sebastián Gabriel que además le nombró su pintor de cámara. Dos años después expuso "Cisneros y los grandes" (P06888), con el que obtuvo una consideración de segunda medalla. Para la siguiente convocatoria comenzó a preparar un gran lienzo que representaba a Felipe II y don Juan de Austria, pero la epidemia de cólera que asoló Madrid en 1865 terminó con su vida.
Aunque predominó la pintura de historia en el grueso de su obra, fue autor de numerosos retratos y practicó el aguafuerte, colaborando con una de las publicaciones ilustradas más interesantes de su época, El Arte en España (G. Navarro, C. en: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, p. 479).

Su autorretrato corresponde a la obra P03978 del Museo del Prado.

Obras (11)

Autorretrato
Óleo sobre lienzo, Hacia 1860
Manzano y Mejorada, Víctor (Atribuido a)
Últimos momentos de Cervantes
Óleo sobre lienzo, 1856
Manzano y Mejorada, Víctor
Un chiquillo sentado
Óleo sobre lienzo, 1859
Manzano y Mejorada, Víctor
Una escena de la Inquisición
Óleo sobre lienzo, 1859
Manzano y Mejorada, Víctor
Fernando, hijo del pintor
Óleo sobre cartón, 1861
Manzano y Mejorada, Víctor
Fernando, hijo del pintor, con una llave en la mano
Óleo sobre lienzo, 1861
Manzano y Mejorada, Víctor
Fernando, hijo del artista
Óleo sobre cartón, 1863
Manzano y Mejorada, Víctor
Cisneros y los Grandes
Óleo sobre lienzo, 1864
Manzano y Mejorada, Víctor
La esposa e hijos del pintor
Óleo sobre lienzo, 1864 - 1865
Manzano y Mejorada, Víctor

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