Fauno (Desnudo infantil)
1888. Óleo sobre tabla, 10,5 x 18,5 cmNo expuesto
Ignacio Pinazo es uno de los pintores más destacados del naturalismo en España. Se dedicó especialmente al retrato y a la pintura de género, y mostró un especial interés por las figuras infantiles, que pintó con mucha frecuencia desde su estancia en Roma, sirviéndose a menudo de sus hijos como modelos, a los que representó en diferentes situaciones y momentos cotidianos para poder captar su espontaneidad.
Esta obra no sólo demuestra su inclinación por representar niños, sino también la influencia de Mariano Fortuny Marsal y en especial de su Desnudo en la playa de Portici (P2606). En ambos casos se revela el mismo interés por el cuerpo humano infantil, que disponen boca abajo y en diagonal, y por recoger los reflejos lumínicos. Sin embargo, la factura pictórica es muy diferente: aquí es una pincelada densa y rápida, que puede observarse sin esfuerzo, con un dibujo suelto y marcado; mientras que en Fortuny es una pincelada más apretada, de acuerdo con otra forma de entender la pintura, pues entre la realización de ambos dista más de una década.
La figura del niño o adolescente tumbado en el suelo, a menudo revestido de connotaciones clásicas e interpretado como un fauno u otro personaje de la mitología griega y romana, se había convertido en un motivo frecuente en la pintura española desde la década de 1870. Este tema servía a los artistas para demostrar su dominio en la representación del cuerpo humano, pues normalmente las figuras aparecen en actitudes complicadas, que les supone a todos ellos un reto. El niño de Pinazo participa de ese mismo interés, como evidencia el propio título. Además, en su cabeza lleva una corona de pámpanos de vid y de hiedra, un atributo que remite a la iconografía de Baco o Dionisio, uno de los dioses de la Antigüedad grecolatina, al que se encomendaba la fertilidad. No obstante, el título original alude a un fauno, otro ser mitológico igualmente vinculado con la fertilidad. Es cierto que entre las manos parece que el personaje sujeta una flauta de Pan que se lleva a la boca para tocar, un atributo característico de la representación de los faunos. En realidad, puede tratarse de una referencia genérica que sobre todo busca identificar la representación del cuerpo humano en el medio natural y en libertad con los orígenes míticos de la civilización occidental; pero sin profundizar en complejas iconografías, dado que sus intereses son otros.
En efecto, esta imagen idílica permite al pintor explorar los reflejos de la luz sobre el cuerpo humano, así como sobre el paño blanco que cubre parcialmente sus piernas: la carne recoge los reflejos de colores de la luz solar, lo que demuestra que el pintor estudió del natural esta pequeña obra. La luz se convertirá en un elemento clave en la obra de Pinazo, afanado, como otros artistas nacidos o vinculados a Valencia, en captar la luz solar y el colorido intenso y brillante, como sucede aquí con los verdes que construyen la superficie sobre la que aparece recostado este desnudo. Por eso esta pintura puede vincularse con otra obra del Prado, Chicos en la playa de Joaquín Sorolla (P4648), donde otro valenciano estudia la luz reflejada sobre los cuerpos desnudos de los niños tumbados en la arena (Martínez Plaza, Pedro J., en Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).