La Virgen y el Niño entre dos ángeles
1485 - 1490. Óleo sobre tabla de roble del báltico, 36 x 26 cmSala 058A
La Virgen, sentada con el niño en su regazo, se encuentra en un jardín cerrado, alusión al hortus conclusus del Cantar de los Cantares (4, 12). Viste una túnica azul con ribete blanco, sin cenefa adornada ni otro elemento especial, y manto rojo. El Niño, desnudo, sobre un paño blanco, se dispone a tomar con su mano derecha una manzana que le ofrece un ángel músico, de alas azules y vestido con una túnica blanca o malva, que con su otra mano sostiene un laúd por el mástil. Al otro lado, un segundo ángel hace sonar una viola de arco. Tras las figuras, se alza un seto con rosales de flores rojas y blancas. Otras flores y plantas del primer plano del jardín, algunas casi imperceptibles por el estado algo desgastado de la superficie pictórica: celidonias, dientes de león, velloritas y un tallo de lirio; también llantén y fresa silvestre, sin flores ni frutos.
La representación de María con el Niño en su regazo atendiendo a un ángel fue frecuente en la producción de Memling y su taller en la década de 1480. El modelo de Virgen con el Niño deriva en última instancia de un dibujo a punta de plata del entorno de Van der Weyden, del Museum Boijmans van Beuningen de Róterdam (inv. N9). En la obra del Prado, más allá de la captación de una iconografía frecuente en la producción de Memling, se emplean modelos concretos incluidos en algunas de esas versiones. El ángel de la izquierda es similar al de la obra de Berlín, tanto en su fisonomía como en la posición de las alas, cabeza y manos. La forma en que se cierra el alba en el cuello, con unos pliegues determinados, es la misma, y parecido a ambos es el ángel de la pintura londinense.
En conclusión, pese a las restauraciones y al fuerte barrido de ciertos elementos, se intuye una obra de cierta calidad original. Además de las evidencias de su cuidado proceso creativo, se revela como una obra trabajada desde la destreza de oficio y con libertad compositiva, impropia de un producto de taller, que mantiene el refinamiento, colorido y modelado de las figuras como para ser vinculada directamente con el maestro. Su producción cabe relacionarla con un número de obras devocionales que Memling abordó en la década de 1480, derivadas quizá del éxito de sus citados dípticos con donantes.
Pérez Preciado, José Juan, Pintura flamenca del siglo XV en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.306-310 nº.39