María Luisa de la Riva Muñoz en su estudio de París
Hacia 1900. Gelatina / Colodión sobre papel, 178 x 129 mmSala 060
Esta obra tiene gran interés, ya que se han conservado muy pocas fotografías de pintoras, y menos aún de mujeres artistas que hayan sido retratadas en su estudio, rodeadas de sus obras. Si bien el texto de Manuel Ossorio y Bernard se refiere a doña María Luisa Riva y Callol como “una distinguida pintora de afición” lo cierto es que, como ella misma indicaba en algunas cartas, fue una “pintora profesional, que trabaja para vivir” y que tuvo una dilatada trayectoria artística.
Nació en Zaragoza en 1859, pero desde pequeña estuvo habituada a cambiar de ciudad debido a la carrera militar de su padre, que le llevó a residir en distintos lugares de Cataluña, Galicia y Andalucía, recalando finalmente en Madrid hacia 1870, donde estudió con el escultor Mariano Bellver y Collazos (1817-1876) y el pintor Antonio Pérez Rubio (1822-1888). Tras contraer matrimonio con el también pintor Domingo Muñoz Cuesta (1850-1935), la pareja se instaló en París donde vivieron entre 1889 y 1914, y María Luisa continuó con su formación, de la mano del pintor Charles Joshua Chaplin (1825-1891). Durante sus años madrileños, participó en algunos certámenes, aunque fue en Francia donde su obra alcanzó el merecido reconocimiento. Allí no sólo conoció el éxito con sus pinturas de flores y frutas, sino que se aventuró a cultivar nuevas técnicas o el género del retrato, y formó parte de importantes colectivos de artistas.
La Ilustración Artística del 5 de noviembre de 1900 dedica uno de sus artículos a esta pintora, que lleva por título “María Luisa de la Riva Muñoz”, y que aparece ilustrado con varias imágenes. Entre ellas un retrato en su estudio de París que, muy probablemente, fuera realizado en la misma sesión que la fotografía del Museo del Prado, ya que cuenta con características muy similares. María Luisa de la Riva Muñoz en su estudio de París (HF7835) muestra a la artista en su lugar de trabajo, rodeada de algunas de sus obras y del atrezo utilizado en sus composiciones, a la edad de 41 años. Retratada con los instrumentos propios de su oficio -la paleta, los pinceles y el tiento- se sitúa en el centro de la composición, de pie, conocedora del buen momento por el que pasa su carrera. Como indica Magdalena Illán, la artista contaba ya con el reconocimiento de la crítica internacional, especialmente después de conseguir la Segunda Medalla en la Exposición Universal de París de 1900.
El espacio en el que se desarrolla la acción, muy probablemente, represente el taller que compartía con su esposo en su residencia de la rue Faubourg de Saint-Honoré 233, en el que, junto a tres pinturas en caballetes, también pueden verse cuadros apoyados en el suelo o colgados en la pared. Al fondo, destaca un gran marco con una exuberante decoración, que contiene un espejo -o una pintura cuyo contenido no conseguimos descifrar- y, sujeta en la parte inferior del marco, se adivina una fotografía que representa un retrato masculino y que está situada junto a un jarrón con flores. Un cojín con decoración vegetal y una mesa de estilo árabe -en primer plano-, junto con algunas piezas de origen exótico, completan la decoración del estudio.
Los éxitos obtenidos en las exposiciones nacionales de Bellas Artes (1897 y 1901) y en las exposiciones universales de París (1889 y 1900), entre otros, acreditan a María Luisa de la Riva como una pintora reconocida, de la que el Museo conserva cuadros como Puesto de flores (P5705), Uvas de España (P6305), Uvas y Granadas (P6345) y Flores y frutas (P7198).
Sánchez Torija, Beatriz, 'Autoría desconocida. La pintora María Luisa de la Riva Muñoz en su estudio de París'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.75-77