Melquisedec, rey de Salem
1545 - 1550. Óleo sobre tabla, 80 x 35 cmSala 051
Esta obra, junto a la P844 y P854, formaron parte del tabernáculo del retablo mayor de la iglesia de la Natividad de la Virgen en Fuente de la Higuera (Valencia), lo que explica el rico trabajo en oro tanto de los fondos como de las traseras de las tablas, que están esgrafiadas y policromadas. Las tres obras juntas trasmiten un claro sentido eucarístico, con Jesús mostrando el cáliz y la Sagrada Forma (P844), flanqueado por dos figuras del Antiguo Testamento: esta del rey Melquisedec, portador del pan y el vino, y el sacerdote Aarón que lleva una vasija de incienso (P854).
El conjunto pictórico fue realizado por el pintor Juan de Juanes con ayuda de su taller y por encargo de doña Brianda Maça, quien de este modo expresó su devoción. El retablo se conserva parcialmente en la iglesia para la que fue concebido. Como el templo estaba dedicado a la Virgen María, madre de Jesucristo, en el centro se representó su imagen rodeada por diferentes escenas de su vida. A ellas se añadieron otros episodios de la Pasión de Cristo en la zona baja (bancal) y superior (ático). Por su parte, el tabernáculo (zona central de la parte baja del retablo) estaba decorado con las tres pinturas que hoy forman parte del Museo del Prado. En las dos tablas P853 y P854 aparecen dos sacerdotes del Antiguo Testamento a los que Juan de Juanes representa como hombres venerables caracterizados con largas barbas y vestidos con ricas túnicas. Melquisedec, que sostiene un pan y una jarra con vino, porta una corona de rey; mientras Aarón ostenta la tiara de los grandes dignatarios eclesiásticos y sostiene una rica vasija. En la concepción cristiana de la Historia, muchos personajes y episodios del Antiguo Testamento fueron considerados prefiguraciones de los del Nuevo Testamento. Así sucede con Melquisedec, el sacerdote-rey de Salem, quien por sacar el pan y el vino en el momento de bendecir a Abraham fue considerado la prefiguración del sacramento de la eucaristía, un ritual fundamental para los cristianos según el cual el cuerpo y la sangre de Cristo se hacen presentes en el pan y el vino consagrados en la misa. Algo semejante sucedió con Aarón -hermano mayor de Moisés, el primer sumo sacerdote de Israel-, al que reconocemos por estar vestido con una indumentaria parecida a la de los obispos cristianos. Originalmente, en el tabernáculo del retablo ambas figuras se encontraban flanqueando el busto del Cristo que sostiene la hostia (el pan) y el cáliz (el vino). De esta manera, el trío formado por Cristo, Melquisedec y Aarón servía para evocar la eucaristía. Su colocación en la zona baja del retablo obedecía a una circunstancia muy concreta: esta parte se encontraba a la misma altura que el altar, lugar donde se celebra la eucaristía. La suavidad y delicadeza, junto con la sensación de volumen matérico que desprenden las figuras de los sacerdotes, se corresponden con el estilo dulce y a la vez refinado de Juan de Juanes, uno de los pintores más destacados del siglo XVI en España.
Formado en el taller de su padre Vicente Macip (1473/1475-1551), Juanes fue un pintor de gran personalidad y nivel intelectual que mantuvo un estrecho contacto con los círculos humanistas valencianos, circunstancia que le permitió conocer de primera mano importantes colecciones de la capital virreinal, como las de Jerónimo Vich o Mencía de Mendoza, que contaban con obras de eximios maestros italianos y flamencos. Estos conocimientos, unidos a su extraordinaria pericia técnica, le permitieron desarrollar un particular lenguaje pictórico en el que sobresale la asimilación de las fórmulas de los grandes maestros del Renacimiento, pero en el que también se tienen en cuenta los códigos visuales de tradición nórdica. Buena prueba de ello son las figuras de Melquisedec y Aarón que nos ocupan. Ambas son fruto de la mano de un virtuoso dibujante, pero también de un pintor capaz de dotar a sus creaciones de un colorido rico y brillante que nos transporta al mundo italiano. Aunque, como buen humanista, Juanes se distinguió por la representación de unos fondos en sus pinturas con evocadores paisajes poblados de arquitecturas y ruinas clásicas, aquí consideró que la exaltación de la eucaristía merecía un fondo dorado que realzara la dimensión sagrada de las acciones de los dos sacerdotes. Una opción que señala la capacidad e inteligencia del pintor valenciano, capaz de elaborar propuestas pictóricas conforme al sentido y carácter de lo representado (Molina Figueras, Joan, en Martínez Plaza, Pedro J., Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).