Moisés salvado de las aguas
1633. Óleo sobre lienzo, 242 x 281 cmNo expuesto
En 1633, ya entonces septuagenario, Orazio Gentileschi, que en ese momento se encontraba en Londres al servicio de la corte de Carlos I de Inglaterra, envió como regalo al rey Felipe IV de España la versión de Moisés salvado de las aguas hoy conservada en el Museo del Prado, con la intención de ganarse el favor del soberano y, tal vez, facilitar así su regreso a su patria, Florencia, gracias a las sólidas relaciones culturales y diplomáticas existentes entre España y el Gran Ducado mediceo (Weston-Lewis 1999, 49; Finaldi, Wood 2001, 227). Desde este punto de vista, es significativa la decisión del pintor de firmar el cuadro declarándose florentino y, al mismo tiempo, informar del envío del lienzo a la corte madrileña, al gran duque Fernando II de Medici. El 18 de julio de 1633, Gentileschi le envía una carta junto con un “picciol saggio della mia Pittura, havendo con l’istessa occasione inviatone altro alla Maestà Cattolica”, y expresando al mismo tiempo el “desiderio ardentissimo che ho di rimpatriarmi” (Crinò 1954, 202-206).
Unos meses antes, el 8 de mayo, sir John Cocke, secretario de Estado de Carlos I de Inglaterra, escribió al embajador británico en Madrid, sir Arthur Hopton, pidiéndole que prestara ayuda al hijo del pintor, Francesco, encargado de entregar a Felipe IV el cuadro “realizado por su padre, con el favor y licencia de Su Majestad [Carlos I] dedicado y ahora enviado a aquel rey”. El 26 de octubre siguiente, sir Hopton confirmaba al secretario de Estado la entrega, añadiendo que “su majestad parecía muy complacida, y me han dicho que realmente lo está. He visto la pintura en una sala de su palacio donde se conservan las obras más preciadas”. El 18 de noviembre, el soberano, en señal de su agradecimiento por el regalo, recompensó a Orazio con la considerable suma de novecientos ducados (Bissell 1981, 189; K. Christiansen 2001, 238).
El lienzo destinado a Felipe IV se realizó al mismo tiempo, o poco después, que la versión de tema similar elaborada para la corte inglesa de Carlos I, tal vez por encargo de su esposa Enriqueta María (Londres, National Gallery, NG-6684, h. 1630, óleo sobre lienzo, 257 x 301 cm). En 1633 se registran los pagos por la fabricación del marco y, poco antes de 1640, el lienzo figura en el inventario del salón grande de la Queen’s House en Greenwich, residencia de la reina. El episodio bíblico del rescate de Moisés se ha interpretado como una celebración del nacimiento del heredero al trono británico, que tuvo lugar el 29 de mayo de 1630 (posible fecha de referencia para la datación del cuadro) y, al mismo tiempo, como una alusión a una antigua tradición que consideraba a los Estuardo descendientes de la hija del faraón de Egipto. Cabe añadir que Enriqueta María era hermana de la reina de España, Isabel de Borbón, un vínculo familiar que pudo influir en la decisión de Orazio de donar un lienzo de tema similar a la corte de Madrid (Weston-Lewis 1999, 48; K. Christiansen 2001, 240). Por último, no hay que olvidar que ya en 1628 Felipe IV encargó a la hija de Orazio, Artemisia, un cuadro con Hércules y Ónfale, hoy perdido, destinado al Salón Nuevo del Alcázar de Madrid, la sala de mayor representación de la primera residencia del soberano. Otras pinturas de Artemisia Gentileschi, cuya fama en España parece preceder a la de su padre, habían llegado antes a Madrid, como Los desposorios místicos de santa Catalina, vista por Cassiano dal Pozzo en el palacio del marqués de la Hinojosa en 1626 (Gerard 1982, 12).
El episodio del Antiguo Testamento (Éxodo 2: 2-10) narra cómo la madre de Moisés, para salvar a su hijo del decreto del faraón que ordenaba la muerte de los varones judíos recién nacidos, lo entregó a las aguas del Nilo dentro de una cesta de papiro, que fue encontrada por la hija del soberano y sus sirvientas, que habían bajado al río para bañarse. Movida por la compasión, la princesa, tras reconocer en el recién nacido a “un hijo de los hebreos”, decidió salvarlo. En la versión del Prado, considerada la obra maestra de la madurez de Orazio, la gestualidad de las figuras es mesurada y contenida, muy diferente de la retórica teatralidad que se exhibe en el lienzo londinense, y también la composición de la escena resulta más recogida, con un menor número de personajes, que parecen girar alrededor de la hija del faraón, distinguida con una corona en la cabeza y un suntuoso vestido de satén amarillo. Gentileschi articula una sucesión de miradas y gestos que relacionan entre sí al grupo de mujeres y encamina la atención del observador hacia la cesta con el recién nacido, al que se dirigen las tres figuras femeninas de la derecha. Sus rostros se suceden creando una diagonal cerrada por la sirvienta que, en primer plano, sostiene la cesta y alza la mirada hacia la hija del Faraón, esperando con ansiedad su decisión. Orazio recrea suntuosos trajes de telas iridiscentes y concibe una composición de extraordinaria elegancia y artificio, coherente con su estilo tardío aristocrático e internacional (Finaldi, Wood 2001, 228). Si, como en el lienzo de la National Gallery, la inspiración compositiva proviene de las numerosas pinturas de Paolo Veronese, presentes en la colección de Carlos I y tan apreciadas por él, la preciosa representación de los tejidos y las joyas, la luminosidad que envuelve y suaviza los contrastes cromáticos, parece una respuesta casi inmediata a la elegancia de la pintura de tonos esmaltados de Anton Van Dyck, llegado a Londres en 1632, pero conocido por Orazio ya desde sus años genoveses (K. Christiansen 2001, 240, n. 48).
La radiografía de la obra, realizada en el Museo del Prado, revela que el pintor pensó en un primer momento en realizar un cuadro considerablemente más pequeño, centrándose en el grupo de las figuras, y que solo más tarde decidió ampliar sus dimensiones para asemejarlo a la versión londinense, en la que quizá ya estaba trabajando (Weston-Lewis 1999, 41).
La primera referencia del Moisés salvado de las aguas en los inventarios de la colección real española se remonta a 1636, cuando se describe en el Salón Nuevo del Alcázar, sin mencionar el nombre del artista, como obra “de mano de un pintor del Rey de Inglaterra de quien se compró” (Martínez Leiva, Rodríguez Rebollo 2007, 85, s/n). Aquí permaneció el lienzo hasta la remodelación de la decoración del Salón Nuevo, iniciada tras el matrimonio de Felipe IV con su segunda esposa, María Ana de Austria, en 1649, y diseñada, al menos en parte, por Diego Velázquez. En esta ocasión, el cuadro fue enviado al Palacio de El Pardo, donde en el inventario de 1674 se encuentra curiosamente asignado a su hija Artemisia (AGP, Secc. Administrativa, c. 9412/31, Alaxas que se entregaron al Sr Don Antonio Saenz de Herquinigo Conserje de la Casa Rl del Pardo en diez y ocho de mayo del año passado de mil y seiscientos y setenta y uno y se le reentregan ahora nuevamente, “Sala donde se abre para su Magestad, n. 54, Otro lienzo grande de la hija del Rey Faraon cuando la trujeron a Moisen que la sacaron del Rio, de mano de la Gentileza con su marco negro”). La atribución a Artemisia se mantiene también en el siguiente inventario de 1701, redactado a la muerte de Carlos II. El Moisés regresó a Madrid entre 1751 y 1753 para ser restaurado en el taller de Andrés de la Calleja, quien documentó su mal estado de conservación (Véliz, Aterido 2016, 457). Durante los años de Carlos III, el lienzo se expuso en el nuevo Palacio Real, donde se documenta como obra de Orazio en 1772, en la antesala del difunto infante don Antonio. Allí permaneció hasta su traslado al Museo del Prado, probablemente poco después de 1819, cuando aparece reproducido en un grabado de la Calcografía Real con una atribución errónea a Paolo Veronese (Museo del Prado, G14). Desde 1843, los catálogos impresos del Museo presentan el cuadro con la correcta atribución a Orazio Gentileschi.
García Cueto, David, Orazio Gentileschi. 'Mosè salvato dalle acque'. En: Anna Maria Bava y Gelsomina Spione (eds.), Orazio Gentileschi. Un pittore in viaggio, Milán, Moebius, 2025, p.191-193, n. VII.38