San Luis obispo, en Gloria
1693. Óleo sobre lienzo, 251 x 179 cmNo expuesto
Significativo ejemplo del tono de apasionado barroquismo de la pintura madrileña de fines del siglo XVII, tal y como subrayó Lafuente Ferrari (1941), al darlo a conocer. El mismo crítico señala la clara influencia del Triunfo de san Agustín (P664) de Claudio Coello, pintada en 1664, es decir, treinta años antes. Efectivamente, puede establecerse una cierta correlación entre las actitudes de ambos santos y el cortejo celeste que los acompaña, incluso en el ángel que llena, a la izquierda, tan significativo lugar para acentuar el impulso dinámico y la sensación de espacio interpuesto. Es obvio el recuerdo flamenco rubeniano que siempre conllevan estas composiciones. El ángel niño que aparece a los pies del Santo, con el rostro semioculto por la capa pluvial, procede de Van Dyck y ha sido usado en múltiples ocasiones por otros artistas madrileños, pero el robusto mancebo que parece sostener el peñasco de nube sobre el cual se alza el Santo, muestra ya su inequívoca procedencia de Luca Giordano (Pérez Sánchez, A. E.: Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo. 1650-1700, Ministerio de Cultura, 1986, p. 287).
La obra fue registrada, junto con su lienzo compañero Santa Clara ahuyentando a los infieles con la Eucaristía (P3264), por Palomino (1724:) También hizo dos cuadros grandes para los colaterales de la iglesia del convento de Nuestra Señora de Constantinopla en esta Corte. El uno de San Luis obispo, y el otro de Santa Clara, cuando con el Santísimo en sus manos ahuyentó los bárbaros que intentaban asaltar el convento. Ambas fueron registradas en el mismo lugar por Ponz (1776) y Ceán (1800).
El Inventario general de los cuadros de la Trinidad existentes en el depósito y escogidos por la Comisión de la Academia permite asegurar que ambos pertenecieron al Museo Nacional de la Trinidad. Debieron de ser sustraídos del Museo o vendidos, fraudulentamente, como cuadros inservibles en alguna de las subastas que se celebraron en 1843. Resulta sorprendente, de todos modos, que, como se puede deducir de su registro en el Inventario de los cuadros y estatuas presentados en la inauguración del Museo Nacional de la Trinidad el 24 de junio de 1838, su salida del Museo se produjera después de haber estado expuestos en una de sus salas. Este cuadro ingresó en el Museo del Prado en 1985, donado por don José Saldaña Suances.
Álvarez Lopera, José, El museo de la Trinidad: historia, obras y documentos (1838-1872), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2009, p.86