Vista del Jardín de la Villa Médicis, en Roma, D.V.I.
2007. Barniz blando, Punta seca, Serigrafía sobre papel, 650 x 500 mmNo expuesto
Desde prácticamente sus primeras obras, a comienzos de la década de 1980, la escultora Cristina Iglesias demostró un particular interés por el "envés" del espacio. El empleo de este ambiguo término para definir su obra responde a que pone de manifiesto la reiterada intención de ésta no sólo de alumbrar lo espacialmente oculto o relativamente visible, sino de perforar, abrir o doblar el espacio, quebrando así su aparentemente transparente planitud, su visibilidad regular, que es asimismo su contemplación "natural", sea la de una contemplación espontáneamente física o sea la antropológica, sin olvidar la mutua necesaria interdependencia de ambas.
En relación con lo mencionado anteriormente, la autora selecciona dentro de la colección del Museo del Prado a Velázquez como su interlocutor, pero elige, entre la obra de este artista, mago del espacio interior, precisamente un exterior, un paisaje: el celebérrimo de la Villa Médicis, cuya radiante apertura ella se ha encargado de "encelar", un término que significa no sólo llamar la atención de alguien o de algo, sino hacerlo mediante su parcial ocultación. Y lo ha hecho reconstruyendo la obra de Velázquez, situando sobre un tapiz una celosía de esparto que ha sido fotografiada como base para la serigrafía final. La celosía no actúa sólo como un filtro plano, sino que, por lo menos, paladinamente, en una de sus dos estampaciones serigrafiadas, adopta un pronunciado sesgo romboidal, lo que genera un hueco o vacío intermedio, al que accedemos visualmente porque está abierta o rasgada su esquina. La autora abre así el interior y cierra el exterior, y al mismo tiempo abre lo cerrado históricamente del arte y aligera artísticamente el peso del pasado.
Calvo Serraller, Francisco, Doce artistas en el Museo del Prado, Madrid, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2007, p.38-41