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Itinerario

Aquiles en el Prado. Parada IV

La iniciativa #PradoContigo es un programa de acciones online del Museo Nacional del Prado a través de las redes sociales y de su website para garantizar el acceso al conocimiento sobre sus obras y artistas durante el tiempo que debe permanecer cerrado.

En marzo de 2020 se estrenaba en el Teatro Real la ópera Aquiles en Esciros. La representación operística era el resultado de un proyecto de investigación acometido por el Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), institución que tiene un convenio de colaboración con el Museo Nacional del Prado desde el año 2018.

Para celebrar estos lazos se decidió realizar un nuevo itinerario bajo el título Aprender a ser mortal. Aquiles en el Museo del Prado. La actividad tenía como objetivo establecer puentes entre el proyecto de investigación musical y la colección permanente del Museo, planteando una relación entre las artes musicales y plásticas y estableciendo una selección de las obras de la colección cuya iconografía estuviera relacionada con la figura de Aquiles. 

A través del siguiente recurso, vamos a poder realizar alguna de las paradas que formaban parte de ese itinerario. Os recomendamos que estéis pendiente de la web ya que cada martes, a las 10 h, publicaremos una nueva parada con sus observaciones asociadas.

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El Prado contigo

Aquiles en el Prado. Parada IV

El Palacio del Buen Retiro

El Palacio del Buen Retiro
Haz clic en la imagen para ver la ficha de obra.

Como ya pudimos comprobar, el banquete de bodas de Tetis y Peleo fue cualquier cosa menos tranquilo. En el momento en que Eris hizo acto de presencia y dejó rodar su manzana dorada, sembró la discordia entre Juno, Minerva y Venus. Aquel instante plasmado por los pinceles de Jordaens tiene su continuación narrativa en otra pintura del Museo del Prado ejecutada por Rubens hacia 1638, solo que esta última no iba destinada a la Torre de la Parada, sino al Palacio del Buen Retiro. La elección del tema y ubicación del cuadro tiene todo el significado en un espacio como este, pues como palacio y casa de recreo acogía representaciones teatrales que giraban en torno a relatos mitológicos y su decoración era un canto a la grandeza y virtud del monarca y su relación directa con los dioses.

La representación del Juicio de Paris

La representación del Juicio de Paris
El juicio de Paris, de Rubens.

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Sin embargo, hay algo curioso, incluso personal, en la elección del tema. Rubens representó el Juicio de Paris hasta en siete ocasiones a lo largo de su vida y no siempre por encargo o petición externa: Eligió esta escena para decorar el aguamanil que regaló a su segunda esposa Helena Fourment con motivo de su boda. ¿Qué le unía a este tema? ¿Seguía simplemente la moda? ¿Era una excusa para estudiar el desnudo femenino? ¿De qué habla realmente el Juicio de Paris?

De esas siete obras, repartidas entre Madrid, Londres, Viena y colecciones privadas, el Museo del Prado conserva dos. La relativa a nuestra parada de hoy y otra en la Sala 78. Pero sigamos observando y busquemos la respuesta a nuestras preguntas en la propia obra.

Juno, Minerva y Venus

Juno, Minerva y Venus
Las protagonistas por este orden, Juno, Minerva y Venus.

Reclamando el preciado presente, Juno aparece a nuestra derecha, identificada por la tiara o corona que solo ella podía llevar como diosa de diosas y por el pavo real macho que aparece posado en un árbol cerca de su hombro. Suele ser representada de espaldas en señal de respeto, mostrando únicamente sus glúteos desnudos, y no el pecho ni el pubis.

Minerva, diosa de la Sabiduría, la Inteligencia y la Estrategia, se sitúa a la izquierda del grupo de diosas, identificada por el casco, el escudo con la cabeza de la Medusa y el búho a sus pies, rapaz nocturna capaz de moverse entre la luz y la oscuridad, fuentes ambas del verdadero conocimiento.

Por último, en el centro, Venus, acompañada de Cupido, que se muestra en su más absoluta belleza y plenitud, pues solo la verdadera belleza no tiene nada que esconder, ni necesita adorno ni maquillaje. Rubens apela aquí a la esencia clásica de esta diosa, desprestigiada desde la llegada de los monoteísmos, pero que fue emblema de la Verdad, la Unidad, la Belleza y la Perfección, del Amor como fuente de trascendencia y creación, llegando incluso a convertirse en símbolo de los Platónicos.

Paris, el elegido

Paris, el elegido
Los protagonistas por orden: Mercurio y Paris.

Dado el desacuerdo entre ellas, Júpiter decidió dar la manzana a Mercurio, representado con el caduceo y las sandalias y el casco alados, para que el dios buscara en la tierra un mortal suficientemente sensible pero que, en caso de que las diosas no estuvieran de acuerdo con su juicio y arrojaran su ira contra él, su muerte tampoco fuera un problema. El elegido fue Paris, príncipe troyano cuyo nacimiento, según anunció un oráculo a sus padres, traería la desgracia a la ciudad de Troya. Fue sacado de la ciudad y entregado al cuidado de una familia de campesinos; de ahí que, pese a su rango, aparezca representado como un pastor.

La elección del ser humano en la vida

Mientras Paris reflexiona, cada diosa le promete recompensas a cambio de su elección. Juno, el poder y el control de todos los territorios de Asia; Atenea, la sabiduría y la victoria en todas las batallas; Venus, el amor de la mujer más bella del mundo, Helena de Esparta.

Aunque no conozcamos el mito, Rubens nos anticipa la elección de Paris. Venus aparece coronada como vencedora. La elección del príncipe troyano llevará a su ciudad a la guerra, pero él aún no lo sabe.

Tres diosas, tres arquetipos, tres maneras de vivir: Vida activa, vida contemplativa y vida voluptuosa. Ya Aristóteles en su Ética para Nicómaco o Marsilio Ficino en su Philebus; habían interpretado este relato no ya desde la vertiente mitológica o histórica sino como alegoría de la elección del ser humano en la vida. ¿Cuál era la postura del pintor?

Isabella Brant y Helena Fourment

Cuando Isabella Brant -primera esposa de Rubens- falleció, el artista cayó en una profunda depresión que casi le lleva a abandonar su oficio y optar por una vida religiosa. Sin embargo, era un enamorado de la vida, amigo de sus amigos, de los banquetes y paseos por la Naturaleza, por lo que fue incapaz de hacer esa renuncia. Años después conocería a Helena Fourment, con la que contrajo matrimonio en 1630.

Cuando Rubens pinta esta pieza, tiene en mente a Helena, la dama a la que había regalado el aguamanil decorado exactamente con este mismo tema. Ella es la modelo en la que se inspira para pintar a cada una de las diosas. Hay variaciones, pero es la misma mujer, el mismo rostro. La elección vital de Rubens era la representada por Venus. El único sentido de la vida es disfrutarla. Y como simple narrador, como hombre de su tiempo, como ser humano, nos expone su visión alejada de tonos filosóficos.

La sala reservada

Es una obra cargada de colorido, de atractiva pincelada, de paisaje y de desnudos, que llama a los sentidos. Ya desde su creación se criticaba que las diosas estaban demasiado desnudas y se parecían demasiado a su mujer ¿Acaso no les avergonzaba que los espectadores y espectadoras que contemplaran esta pieza se percataran de ello? Al parecer, eso no era un problema para Rubens y su esposa Helena.

No obstante, cuando la pintura llegó a España, Felipe IV encargó una cortina para taparla y la colocó en una sala algo alejada y próxima a los jardines. La Iglesia no veía con buenos ojos estas representaciones, si bien no se atrevía a criticar al Rey e incluso altos cargos religiosos poseían obras de estas características en sus colecciones. Siempre que el desnudo aspirara a la belleza, elevara el alma y fuera moralizante, su contemplación estaba permitida. Era la respuesta que acallaba su moral religiosa.

De esta manera, la libertad, naturalidad y frescura de la pieza de Rubens se transformó en un retorcido objeto para voyeurs que llevó a que la obra, como muchos otros cuadros de desnudos, permaneciera oculta siglos después en la Sala Reservada del Museo del Prado. El problema no suele estar en la Pintura, sino en la mirada.

Aquiles en el Prado. Parada IV

 

 

 

 

 

 
 
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