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1939. El Tesoro Artístico regresa a España
Ángel Macarrón Serrano, Transporte de obras (Casa Macarrón), 1937-19391939. El Tesoro Artístico regresa a España
Ángel Macarrón Serrano, Transporte de obras (Casa Macarrón), 1937-1939
Uno de los motivos por los que fui con mi tío Juan, era que yo era el mayor y le podía acompañar. Eso primero; y como yo hablaba francés porque lo estaba estudiando, pues también le venía estupendamente a mi tío, por si tenía que hablar con los empleados de allí. Como iba a ser una cosa rápida, me dieron un pasaporte diplomático. Yo fui con pasaporte diplomático a Ginebra, porque era una cosa provisional. No había cumplido los diecinueve años todavía; yo tenía dieciocho.
El primer viaje lo hicimos hasta Burgos, que estaba todavía el gobierno en Burgos. El día que llegamos nosotros, fuimos en el coche de don Pedro Muguruza, comimos en Burgos y cuando terminamos de comer, le llaman por teléfono de Capitanía o no sé de dónde exactamente. El caudillo estaba todavía en Burgos. Vuelve y nos dice: “No seguimos, me marcho yo solo a Ginebra porque han pedido una prórroga”. Así les dejaban un poco más de tiempo la exposición en el Museo de Historia, y se lo concedieron. Y Pedro Muguruza continúa: “Franco ha dicho que nada más les concede un mes, porque la cosa estaba muy fea en Europa”. Entonces mi tío Juan y yo regresamos a Madrid, y en septiembre volvimos por segunda vez con un coche del Servicio de Recuperación. Nos llevaron a la frontera y en Hendaya cogimos el tren hasta Ginebra. Lo cogimos a las doce de la noche más o menos, no lo recuerdo exactamente, pero era por la noche. Y a las ocho de la mañana estábamos de camino a Ginebra, para empezar a trabajar sin descansar nada. Nos dejaron desayunar a mi tío y a mí, y nos pusimos allí con todo el lío.
Fernando Álvarez de Sotomayor estaba allí, con Pedro Muguruza y Manuel de Arpe con sus familias correspondientes. Arpe tenía allí a su mujer y sus dos hijas, que fueron a verle. Y Sotomayor no recuerdo a quién tenía allí. A Sotomayor le conocía de la tienda, pues yo conocía a todos los clientes. Me llamaba el Angelito. Y conocí a su mujer, a sus hijas y a su hijo… En fin, les conocí a todos. Ellos ya tenían contratada una empresa que no sé cual era, una empresa de embaladores. Claro, había una prisa tremenda, estando nosotros en Ginebra estalló la guerra europea [Segunda Guerra Mundial]. No pude ver Ginebra, no tuve ni una tarde libre, estuve todo el tiempo trabajando con mi tío.
Franco hizo una comunicación para que no se esperase a nada, que se comprase un vagón y se cargasen directamente allí todas las obras. Y así lo hicimos cuando nos lo cedieron. Decía que no se hicieran cajas ni nada, que se embalasen los cuadros directamente en el vagón con las divisiones que hiciese falta. Y así los embalamos, con sus divisiones para que no se estropeasen. Hicimos las divisiones dentro del vagón y así se pusieron. No recuerdo si se llevó la plataforma al vagón, ese detalle no lo recuerdo porque lo hizo mi tío. Yo me quedé con el resto embalando, poniendo los cuadros en los cajones ya embalados, para subirlos en los camiones y llevarlos a los vagones. Don Fernando Álvarez de Sotomayor estaba allí ya, con don Pedro Muguruza y las hijas de Arpe, bajando cuadros de los camiones para llevarlos al tren.
Fue una cosa tremenda, no queríamos que esos cuadros saliesen en ese momento, teniendo que cruzar de nuevo un territorio en plena guerra, esta vez en Suiza. Y el tren nuestro pudo pasar porque no cerraron la frontera de Ginebra, que la frontera está en la misma Ginebra, para que pudiera pasar nuestro tren a Francia. Y nada más pasar, cerraron la frontera. Cada vez que parábamos era porque teníamos que dejar pasar un tren. Siempre teníamos que dejar pasar los trenes militares. Hay que tener en cuenta que la guerra ya había estallado esos días, y los trenes iban cargados con material, con tropas. En cada estación nos paraban y estábamos allí una media hora o una hora entera, hasta que pasaba el tren militar con las tropas hacia el norte, hacia la frontera con Alemania. Fue tremendo. Teníamos miedo, claro, porque no sabíamos si había pasado algo en Francia. En ese tren veníamos mi tío Juan y yo por un lado, Arpe con su mujer y sus hijas por otro lado. Sotomayor vino solo en la primera parte del viaje, luego se apeó y tuvo que ir a París. Pedro Muguruza no vino con nosotros. También unos empleados y un diplomático que venía con nosotros, no sé si porque estaba implicado en el asunto o bien aprovechó nuestro viaje. Y por último los empleados del tren, de los cuales no conocía a ninguno. Bajó un hombre y me dijo: “Quédate aquí y cuida del tren, del vagón nuestro, porque si se sube alguien se puede llevar lo que sea, no queda más que la mujer de Arpe y las niñas”. Por eso me dijo: “Quédate tú, por lo menos, a vigilar nuestro vagón, por si sube algún maleante…”. En el viaje por España, seguíamos igual, siempre que parábamos, mirábamos las obras. Allí ya bajé varias veces con mi tío Juan. Me parece que en Irún ya nos pusieron algún escolta, aunque no lo puedo asegurar. Pero creo que sí. Entre el viaje de España y el de Francia, fueron alrededor de tres días, no más. Tardamos más en San Sebastián por el cambio del ancho de vías, que llevaba más tiempo. Y también tuvieron que repasar un vagón, que parece ser que se calentaba un eje y allí lo repararon, en San Sebastián. No recuerdo qué más hicieron. Fuimos a San Sebastián y allí ya sabíamos cómo era.
Nuestro tren llegó a la Estación del Norte. Una vez que nos bajamos, el tren siguió con su escolta para hacer la descarga en la que llamaban la Estación de las Pulgas [Estación de Imperial]. En esa estación, que debía estar por Atocha, es donde se hizo la descarga, con varios viajes y varios camiones del Servicio de Recuperación del Patrimonio Artístico. En el NO-DO aparezco yo dando un cuadro a los empleados, ya dentro del Museo. Yo no me había visto y un día me dice mi hermana: “Oye tú, he visto que sales en el NO-DO”. Y le digo: “¿Cómo que me has visto en el NO-DO?”. Y dice “Sí, le estabas dando un cuadro a uno de los empleados”.
Nieto del fundador de la Casa Macarrón, empresa dedicada al transporte de obras de arte, participó en la evacuación de las obras del Museo del Prado durante la Guerra Civil española, y su posterior devolución.
Entrevista realizada el 12 de septiembre de 2013
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