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La donación anónima de un Picasso, en el verano del 74
Felícitas Martínez Pozuelo, Técnico de administración, 1971-2018La donación anónima de un Picasso, en el verano del 74
Felícitas Martínez Pozuelo, Técnico de administración, 1971-2018
Yo llevaba muy poco tiempo trabajando aquí y en verano solíamos venir un sábado al mes. Normalmente el señor Xavier de Salas se iba a Trujillo los fines de semana.
Llegó Pedro Sobrino y me dijo: “Mira, Feli, resulta que ha venido un señor con un cuadro y dice que es una donación anónima”. Dije: “¿Cómo, una donación anónima? Y me dijo que sí, que venía a dejar el cuadro y que se iba. A lo que contesté que esto no era posible. Yo sabía poco, pero de lo poco que sabía, tenía claro que el Museo no era un sitio donde tú pudieses llegar con un cuadro y decir: “Aquí lo dejo, que es una donación anónima”. Será una donación anónima para el mundo, pero no para el Museo. En caso de que la recibiéramos nosotros, siempre se tendría que saber quién donó la obra. Porque yo tenía poca experiencia, pero también en ese momento se me ocurrió pensar: “¿Quién dice que esto es una donación y no un cuadro robado que alguien quiere devolver?”.
“Espera un momento, que yo voy a hacer una llamada”, dije. Entonces llamé a Xavier de Salas y le empecé a contar: “Don Xavier, tenemos aquí un señor que dice que viene a donar un cuadro anónimamente, que él no es el donante, pero que viene encargado a traer el cuadro”. A lo que contestó: “¿Pero usted ha visto el cuadro?”. “No, viene cubierto en una manta, ni lo he tocado”. Yo no quería ni tocarlo. Y me dijo: “Bueno, va a hacer usted una cosa, vaya con Pedro Sobrino para que desembale el cuadro, si en el reverso tiene algo vaya describiéndome todo lo que ve”. Entonces, Pedro Sobrino y yo a través del teléfono comenzamos: “Mire don Xavier, vemos unas etiquetas que pone Picasso, un título en francés y galería no sé qué”. “Ah, bien, bien, —nos dice—pues usted vaya leyendo todas esas etiquetas y las va describiendo y luego, cuando tenga todo esto, haga un recibo para que lo firme el señor. Le da una copia, y le pide su DNI para tomar sus datos”. Yo ni me atrevía a tocar el cuadro y Pedro allí, mirando.
Era un cuadro de Picasso y no llegué a verlo entero porque me daba pánico. Un cuadro cubista, eso sí, y debía ser de los años 20. Entonces yo preparé un documento lo mejor que supe, lo leí al señor y le pareció estupendamente. Este señor nos lo firmó y le dimos copia. Fue una experiencia extrañísima con un cuadro, del cual no puedo decir más porque después nunca supe lo que pasó con él.
Ingresa en el Museo como mecanógrafa y secretaria de los directores, para pasar desde 1973 al área de Documentación y Archivo, donde se encarga, entre otros aspectos, del archivo sistematizado de informes del taller de Restauración.
Entrevista realizada el 03 de mayo de 2018
Índice entrevista
3 / 12-
Casi cincuenta años -
El Museo en 1971 -
La donación anónima de un Picasso, en el verano del 74 -
Mi trato con don Diego Angulo -
Aprender de Pérez Sánchez -
Adrenalina de la buena con Antonio de Pereda, 1977 -
Una época convulsa para el museo: 1981 -
Manuela Mena -
Informatización del sistema de acceso a las colecciones -
La evolución tecnológica -
Un archivo específico de Restauración -
El mejor sitio donde estar
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- 1970-1980
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