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Los directores dan su impronta
Montserrat Sabán Godoy, Técnico de gestión, 1977-2016Los directores dan su impronta
Montserrat Sabán Godoy, Técnico de gestión, 1977-2016
Xavier de Salas era un hombre muy exquisito. Tenía muy buen gusto, la verdad. Pero se pasaba. Era un hombre que había viajado mucho y tenía un aire distinto a lo que había aquí, pues nosotros estábamos más encerrados. Él una visión más panorámica de lo que se hacía por ahí fuera. Entonces le daba un carácter especial. El cambio más grande tuvo lugar cuando se fue [de la subdirección] Alfonso Pérez Sánchez, porque igualarle era muy difícil. Vino el padre [Federico] Sopeña [director del Museo entre los años 1981 y 1983] y fue un gran cambio, porque el padre Sopeña era culto, sabía de música y otras cosas, pero no de museos. Gracias a que estaba Manuela Mena de subdirectora, se salvaban las situaciones. El padre Sopeña era muy agradable pero no tenía conocimientos de pintura, que era fundamental para el Museo, aunque también haya escultura. Pero el fondo más grande es el de pintura y por eso delegaba mucho en Manuela.
Hemos estado muchos períodos sin director porque, hasta que se ha cubierto la plaza, pasa un tiempo y piensas: “Pues esto sigue marchando”. Sin embargo, me parece que los directores dan su impronta. Por ejemplo, a Miguel Zugaza hay que reconocerle que ha tenido y tiene mucha mano para conseguir espónsores, se mueve mucho y muy bien en ese mundo. Eso va también en las personas. Creo que en esas cosas sí se nota la mano de los directores. Está feo decirlo, pero el más listo de todos me parece que fue Pérez Sánchez, porque conocía muy bien el Museo del Prado y tenía muchos conocimientos. Era una persona que te ponía nerviosa cuando te decía algo, porque tenía un carácter especial. Eso es verdad. Era muy duro pero al mismo tiempo era listo, lo cual se agradece. Y el más caótico quizá fue Pita Andrade. Cuando estábamos empezando con el trabajo de los depósitos, recibía un correo y muchas veces no lo abría, con lo cual muchas veces no te enterabas si te habían contestado. Y cosas así. Pero luego era una persona afable, no tenías conflictos con él. No te creaba conflictos, pero para trabajar te cortaba un poco, porque nunca sabías en qué situación estaba todo, siempre pensabas: “¿Lo tendrá guardado o no lo tendrá guardado?”. Pero por lo demás no he tenido problemas con ninguno.
Se incorpora al Museo Nacional del Prado con un primer año de prácticas, para posteriormente realizar una revisión de los fondos de la colección permanente, lo que luego vendría a llamarse "Prado disperso". Se vincula al Servicio de Exposiciones Temporales y más tarde a la Colección Permanente donde se encarga de la remodelación de las salas y del control de los movimientos de las obras de arte.
Entrevista realizada el 28 de junio de 2018
Índice entrevista
11 / 13-
Finales de 1978 -
Gracias a Javier Morales -
Rocío Arnáez y las prácticas -
Te pagaban cuando había dinero -
Un equipo muy pequeño -
Finales de los 70. Guías de las visitas oficiales -
Cuatro años en la revisión de depósitos. Una labor casi policial -
Coordinación de exposiciones temporales -
Colección permanente -
Conservadores y Brigada -
Los directores dan su impronta -
La sala de Las meninas -
Una experiencia maravillosa
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