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Jiménez Aranda, José

Sevilla, 1837 - Sevilla, 1903

Dotado con unas extraordinarias facultades para el dibujo que caracterizarían el desarrollo de toda su carrera, Jiménez Aranda comenzó su formación en 1851 en la Academia de Sevilla, junto a los pintores Manuel Barrón (1814-1884) y Eduardo Cano de la Peña (1823-1897). En 1864, como pintor costumbrista, comenzó a participar en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, consiguiendo su primera mención honorífica ese mismo año. En 1868 se trasladó a Madrid y allí conoció de primera mano la obra de Velázquez y Gaya, que le impresionaron profundamente.
Entre 1871 y 1878 permaneció en Italia, donde entró en contacto con Mariano Fortuny quien ejerció sobre el joven artista una extraordinaria influencia, perceptible en pinturas como “Penitentes en la Basílica Inferior de Asís” (P7777). A su regreso pasó una breve temporada en Valencia y a continuación se instaló en Sevilla, donde permaneció tres años. En 1881, viajó a París, y allí se dedicó a la pintura de “tableautin” de la que llegó a convertirse en un reconocido especialista y con la que cosechó un gran éxito comercial; realizó pinturas preferentemente ambientadas en el siglo XVIII, con escenas galantes -cortesanas o populares-, como “La gallina ciega” (P7755). En este viaje, tanto el artista como su hermano, el también pintor Luis Jiménez Aranda (1845-1928), estuvieron en contacto con la pintura realista de Jules Bastien Lepage (1848-1884), que influiría en la plástica de ambos artistas. En 1890 José regresó a Madrid, donde presentó en la Nacional “Una desgracia” (Cádiz, colección particular), por la que recibió una primera medalla; se trata de una pintura en la que se condensaba su madurez formal y sus intereses realistas entendidos desde una óptica nítidamente francesa. Jiménez Aranda perdió a su mujer y su hija en la epidemia de cólera que asoló Madrid en 1892. Ese funesto suceso le llevó a instalarse de nuevo en Sevilla, donde fue primero nombrado miembro de su Academia y luego impartió clases en su escuela. A partir de su traslado prefirió dedicarse a pintar pequeñas escenas de la vida cotidiana, en las que no abandonó, sin embargo, el lenguaje realista que ya había adoptado, entre las que destaca “Los pequeños naturalistas”, de 1893.
Jiménez Aranda dedicó gran parte de su carrera a la ilustración gráfica. Entre sus proyectos principales destaca la monumental edición de “El Quijote del centenario”, en la que el artista asumió la preparación de seiscientos ochenta y nueve “gouaches” -para lo que desplegó incontables dibujos- editados en cuatro volúmenes entre 1905 y 1909 (G. Navarro, C. en: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 474-475).

Obras (9)

Penitentes en la Basílica Inferior de Asís
Óleo sobre lienzo sobre tabla, 1874
Jiménez Aranda, José
Retrato de caballero
Óleo sobre lienzo, 1877
Jiménez Aranda, José
La gallinita ciega
Óleo sobre lienzo, Hacia 1889
Jiménez Aranda, José
Una esclava en venta
Óleo sobre lienzo, Hacia 1897
Jiménez Aranda, José
Los pequeños naturalistas
Óleo sobre lienzo, 1893
Jiménez Aranda, José
Una procesión en el mes de María
Grisalla sobre lienzo sobre tabla, 1897
Jiménez Aranda, José
El pintor Joaquín Sorolla y Bastida
Óleo sobre lienzo, 1901
Jiménez Aranda, José
El tronco viejo
Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera] sobre papel, 1886
Jiménez Aranda, José
Playa de Chipiona
Aguada de pigmentos opacos [gouache, témpera] sobre papel, 1899
Jiménez Aranda, José

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