Los pequeños naturalistas
1893. Óleo sobre lienzo, 48,5 x 62,5 cmNo expuesto
José Jiménez Aranda pintó este cuadro al poco de regresar de manera definitiva a Sevilla, su ciudad natal, de la que había partido en 1871. En él muestra a cuatro niños en el suelo de un patio o jardín, absortos en la contemplación de un escarabajo, al que han puesto patas arriba. El título alude al interés, completamente lúdico, de estos pequeños protagonistas por la entomología.
La obra está relacionada con “Mariposa, la niña entre macetas” (Oviedo, Museo de Bellas Artes, colección Pedro Masaveu), una pintura inacabada y que permaneció en el taller del artista hasta su muerte. En ella, en un jardín o patio similar -que posiblemente sea el mismo que el del cuadro del Prado, como evidenciaría el suelo empedrado y la forma y colorido de algunas macetas-, una niña contempla una mariposa que vuela sobre su cabeza. Su aspecto es semejante al de la pequeña que aparece sentada en el del Prado, y podría tratarse de la misma modelo.
El pintor consigue aunar su maestría en la representación de las figuras y su interés por la naturaleza, que se hace patente de un modo especial en sus paisajes de esta última etapa, debido a su cercanía al núcleo de pintores de Alcalá de Guadaíra. De hecho, hay quien vincula esta obra de forma directa con una de sus estancias en esta localidad sevillana.
La obra fue presentada en la Exposición del Círculo de Bellas Artes de Madrid en 1894, en la que recibió el elogio de toda la crítica, en especial por su gran calidad técnica pero también por lo acertado del tema. Así, Blanco Asenjo sentenció: “tiene la corrección de dibujo y la gracia de agrupación que distinguen a tan insigne maestro. Además, el asunto es tierno y está delicadamente sentido. Bellísimos son aquellos niños que examinan a un insecto. De idea y de ejecución es de lo más acertado que se exhibe”.
De un modo parecido Aurelio Ribalta alabó “la exquisita habilidad de su autor” y calificó al artista de “fino observador, experto dibujante y acertado colorista”. Este crítico además subrayó “la moda francesa” de la obra, aludiendo sin duda a una supuesta dependencia de Francia en el contenido y el lenguaje pictórico. Es cierto que el tema resultaba singular dentro del panorama artístico español contemporáneo, en cuya pintura de género no es posible encontrar ninguna escena similar, y de ahí la opinión de Ribalta. No obstante, el tratamiento de la vegetación y del suelo, así como el esmero en la representación de los vestidos de los niños responden al estilo del autor, y de ahí que “El Imparcial” sentenciara que era una obra tan acabada y concienzuda “como todas las suyas”.
Martínez Plaza, Pedro José, 'José Jiménez Aranda. Los pequeños naturalistas'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.171-172 nº81