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Juan Samsó y Lengly

Barcelona, 1834 - Madrid, 1908

Escultor español. Gana segunda medalla por la obra Francisco de Asís en la Exposición Nacional de 1866, y primera medalla en la edición de 1878 por La Virgen María. Es nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 1888.

El escultor Juan Samsó y Lengly fue uno de los que mejor interpretó el sentir clásico en la escultura religiosa, y uno de los escasos artistas que trabajaron este género, de manera habitual y alejado del uso de la madera policromada.
La iconografía mariana estuvo muy presente en su producción, y contrastan sus Vírgenes e Inmaculadas de estética tradicional, serena y bella, con otros asuntos de temática bíblica en las que expresa sus conocimientos de anatomía, e incluso del desnudo. Desde el primer momento y a diferencia de sus compañeros, los asuntos religiosos formaron parte de las obras seleccionadas para presentarse y exponerlas en las Exposiciones Nacionales, llegando a ser denominado “escultor espiritualista”. Hombre de fe, vinculaba la capacidad de hacer escultura religiosa a la creencia y a la búsqueda del bello absoluto. Imbuido de
razones estéticas, consideraba que el ideal en la escultura cristiana era la belleza moral y divina, en su particular formulación del arte reflexionaba:
“Lo bello en la esfera del arte, lo mismo que lo verdadero en la esfera de la ciencia, y lo bueno en la esfera de lo moral, tiene su origen y su ideal perfecto en la belleza, la verdad y la bondad absolutas; y lo bello, lo verdadero y lo bueno absolutos no pueden hallarse más que en Dios. Si,
por el contrario, el artista ha sentido algo superior, algo que se separe de lo bello real y se aproxime á lo Bello Absoluto, ese algo se reflejará en su obra á través de la forma material de expresión, y despertará en el alma de quien la contemple la cuerda del corazón templada para vibrar al unísono de la inspiración expresada “

Formado en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, diseñó con una inspiración purista, pues aunque no viajó a Roma, conoció a través de los testimonios artísticos y del entorno de los españoles en Madrid que si lo aprendieron directamente.

Se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1866, que se retrasó a 1867, con un San Francisco de Asís en meditación en escayola, obra que obtuvo medalla de segunda clase, y que volvió a presentar en 1868 en Barcelona. Años después, en 1915, fue donada, junto con otras obras de Samsó, al Museo de Arte Moderno por Rodrigo Álvarez Blanco, familiar y discípulo de Samsó. Desafortunadamente, en la actualidad esta obra no está localizada.

1878 fue un año importante para el escultor y para la escultura religiosa, ya que obtuvo la primera medalla de la Exposición Nacional con el grupo en escayola La Virgen Madre, que presidía el centro de la sala dedicada a escultura de este certamen. Se trata de un grupo que expresa con intensidad la vinculación maternal y de ternura de la Virgen y tiene una clara relación con la pintura de Rafael, concretamente la Madonna col bambino e San Giovannino de 1506 conservada en los Uffizi, o La bella giardiniera de 1507 conservada en Louvre. Precisamente esa inspiración, sigue el camino de los esquemas nazarenos, como Johann Friedrich Overbeck en su obra de 1825 María e Isabel con Jesús y Bautista niños, hoy en la Neue Pinakothek de Múnich y también se relaciona con la estética del escultor Rinaldo Rinaldi. Ese mismo año de 1878, ya instalado en Madrid, participó con la citada Virgen Madre, en escayola, en la Exposición Universal de Paris. Obra, igualmente donada al Museo de Arte Moderno por el Sr. Álvarez Blanco en 1915, que hoy pertenece a las colecciones del Museo del Prado.

Además de ganar por concurso la “Cátedra de modelado del antiguo y ropajes”, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le nombró el 20 de mayo de 1878 Académico correspondiente por Barcelona. Esta Corporación académica madrileña le eligió Académico de Número el 29 de octubre de 1888 e ingresó, en 1899, ocupando la vacante dejada por Sabino de Medina.

De 1880-1881 dataría su obra Inmaculada, escultura que el Rey había visto en su visita al estudio de Samsó. La versión previa en escayola de esta La Inmaculada Concepción, sería la que se conserva en el Museo del Prado. Samsó ejecutó una elegante composición, continuando la tradición de una figura idealizada, serena y dulce, de pie sobre la luna y el globo con las manos juntas delante del pecho. Esta obra tuvo tanta aceptación que la esculpiría en mármol, años después, para las Salesas de Vitoria.
Además, fue atendiendo diversos encargos privados. En 1881 concluyó con un ángel, el sepulcro de los Duques de la Victoria.
En algunos casos, hizo composiciones más sencillas, como la lápida para el sepulcro del arzobispo benefactor Anastasio Rodriguez Yusto en 1885
en la capilla del Santo Cristo de la Catedral de Burgos, en la que junto al retratado, esculpió dos bellos ángeles, elegantemente tallados con los modelos puristas.

Al Museo de Arte Moderno pasó también un grupo en escayola de tamaño
natural de La Visitación que tenía concluido en 1886. Es una composición
íntimamente relacionada con la Visitación de 1867 pintada por Overbeck
en la que la relación entre Santa Isabel y la Virgen se plantea casi de igual a igual, afectiva y protectora. Se trata de la escayola previa a la realización del grupo definitivo para el Monasterio de la Visitación de Santa María (Salesas) en Vitoria, que se había fundado en 1879.

Samsó realizó para esta iglesia dos obras mas también en mármol:
una Inmaculada que concluyó en 1889, y un Sagrado Corazón de
Jesús / Salvador que concluyó en 1892, ambas ubicadas hoy en sendos altares de las naves centrales de esta iglesia. En la primera utilizó el modelo de la que había hecho para Barcelona, aunque algo más pequeña, y para la segunda, ya inició una reflexión sobre el tema, planteado con sobriedad y gran pureza de líneas, y que seguramente sirvió de inspiración a la Reina Regente para hacerle, años después, un encargo para Palacio.

Junto a estos grandes formatos en los que seguiría trabajando para templos importantes, realizó también delicados bocetos en terracota, muy bien conservados, en particular La Piedad de 1882 y El Beato Raimundo Lulio de 1895, ambos pertenecientes al Museo del Prado.

El trabajo en la Corte, que alternó con sus tareas de Catedrático en la Escuela de San Fernando, o de jurado en diversos certámenes, tuvo el máximo reconocimiento profesional al recibir el encargo de la Reina Regente María Cristina, en 1898, para realizar en mármol las esculturas del Sagrado Corazón de María y del Sagrado Corazón de Jesús de tamaño algo mayor que el natural, destinadas a la Capilla del Palacio Real de Madrid. Las concluyo y entregó en 1901, donde todavía hoy se pueden contemplar a ambos lados del altar de la Asunción.

Se trataba de la iconografía más moderna y actual en la época y este encargo testimoniaba la culminación de la promoción y la importancia dada a los Sagrados Corazones, que iban a presidir la capilla del Palacio Real, respondiendo a una nueva visión del Sagrado Corazón que superaba el ámbito puramente religioso, impulsando la consagración de naciones, familias, hogares y entidades de todo tipo al Sagrado Corazón.

Con respecto a la ejecución de las obras encargadas a Samsó, se conserva, al menos, una fotografía de medio cuerpo del Sagrado Corazón de Jesús que hace pensar en una primera idea, o quizá en otra versión de la imagen, con los cabellos mucho más rizados, y con ricos bordes de la túnica, que en el modelo del Palacio Real no tiene. Este detalle, también pone en relación la imagen de la fotografía con la vestimenta de la Inmaculada del Museo del Prado, que coincide en el diseño de la túnica bordada. El planteamiento conceptual de esta iconografía partía del primer modelo del Cristo de Thorvaldsen de 1821 para la Catedral de Copenhague, que desde su óptica neoclásica había fijado un canon ideal, sereno, bello, con un profundoestudio de plegados y un gran trabajo técnico. Este modelo, repetido hasta la saciedad, fue evolucionando en las obras del escultor purista Pietro Tenerani (1789-1869), colaborador de Thorvaldsen, como en el Cristo del Monumento funerario de Pio VIII, de 1829-1830 en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Samsó, a partir de estas claves estéticas, modificó la posición de los brazos, habitualmente extendidos y abiertos, y se centró en las nuevas indicaciones iconográficas y en el lenguaje aprendido, para representar, en definitiva, la figura que simbolizaba el amor divino por la humanidad, y por tanto, señalando con ambas manos su corazón . La serena creatividad de Samsó debía tener una identidad propia, lo que resultaba difícil cuando ya se estaba reproduciendo esta iconografía de forma seriada.
En el caso del Sagrado Corazón de María, enlazaba directamente con el tratamiento de la iconografía de la Inmaculada en la actitud y el recato, en este caso enseñando, lógicamente, su corazón, y cubriéndose con una capa sujeta por un broche en el cuello. Las escayolas originales de los Sagrados Corazones llegaron al Museo de Arte Moderno también como donativo de Rodrigo Álvarez Blanco en 1915.

En 1889 la prensa informó de la conclusión de una pequeña imagen de barro cocido de la Virgen de las Mercedes, sobre peana de mármol rojo veteado, adornado de metales, con el escudo de la Merced, que dedicó la Infanta María Isabel a la pequeña Princesa de Asturias. Se trata, previsiblemente, de una imagen muy tradicional en la que la Virgen, de pie, sujeta al Niño de frente, y cuyo paradero desconocemos.

Esta dedicación a la iconografía religiosa no es óbice para comprobar, precisamente por su conocimiento de la estatuaría clásica romana, que Samsó trabajó haciendo algunas “reconstituciones”, documentadas en el antiguo Museo Nacional de Reproducciones Artísticas. Y además, este conocimiento descubre a “otro”Samsó, cuando modela en 1887 en barro cocido la obra de pequeño formato Adán dormido, en la que se encuentran claras referencias a sus estudios académicos y a los modelos de la antigüedad, y muy especialmente a la obra en mármol Fauno,
del escultor danes Tobias Sergel, realizada en Roma, en donde estuvo Sergel del 1767 a 1778.

En 1902 firmó y dato una Virgen Dolorosa en mármol, sentada, discretamente cubierta con una capa con capucha que le cubre completamente, dejando solo a la vista el rostro dulce, sereno y pensativo, en un tamaño poco habitual, quizá para algún compromiso con el comitente que le hubiera encargado un formato mayor .

Probablemente la última obra en la que Samsó trabajó fue La Virgen de Covadonga donde, a diferencia de la composición de la Virgen madre de 1878, la relación entre ambas figuras ya no es maternal y cercana, sino que es muy formal. El Niño está bendiciendo, a la manera del gusto del Cuattrocento, en una forma compositiva muy cercana a la planteada por pintores como Federico de Madrazo, en su dibujo de 1841 conservado en el Museo del Prado Sagrada Conversación con Santiago, San Fernando, Don Pelayo e Isabel la Católica, pero muy especialmente con la obra de 1853 de Pietro Bearzi , en el Altare della Madonna delle Grazie del Santuario di Santa Maria Maggiore en Trieste. En ambas obras se contempla una expresión dulce y armoniosa de la Virgen, y la sensación de perfecto equilibrio en la composición. El modelo en escayola de esta obra se conserva en el Museo del Prado – desafortunadamente
le falta la mano del Niño bendiciendo –, también donado, como
las obras anteriores, en 1915 por Rodrigo Álvarez Blanco. El grupo escultórico en material definitivo, se hizo en madera policromada ornada con pedrería, que pudo ser contemplado en su estudio en mayo de 1908 antes de su entrega. Se encuentra en su lugar de destino, el interior de la Basílica de Covadonga. Junto a la imagen que se venera en la Cueva, se quería disponer de otra imagen en el interior de la Basílica que se había inaugurado en 1901, y fue colocada en un lateral del Presbiterio remodelado. El escultor donó la obra definitiva a la Basílica en 1908, y falleció muy poco después.

[Texto extractado de Leticia Azcue: 2019, pp.85-94]

Su retrato realizado por Antonio Caba y Casamitjana corresponde a la obra P04258 del Museo del Prado.

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