Banquete de bodas
1623. Óleo sobre lienzo, 132 x 269 cmSala 083
El final de un banquete de bodas en el campo es el momento escogido en esta obra para representar la vida campesina en uno de sus momentos de mayor actividad comunal. Los personajes beben, bailan, se besan y abrazan, y llevan regalos a los novios que se encuentran al fondo bajo la tela roja. K. Ertz identificó a la esposa del artista Katharina, sentada con su hija Anna en brazos, y a su hijo Ambrosio de seis años en el grupo de la derecha en primer plano.
A diferencia de escenas homónimas pintadas por su padre Pieter Bruegel el Viejo, donde se mostraba la incontinencia de los campesinos, su lascivia y su afán por la bebida de una manera desmesurada, esta escena está tratada con más inocencia y calma, mostrando la faceta amable y cotidiana de estas celebraciones. Es un nuevo punto de vista en este tipo de representaciones, igual que sucede con otra obra pintada por el mismo artista y que colgó en el mismo lugar que esta, la Torre de la Reina del Alcázar de Madrid, el Baile campestre ante los Archiduques (P1439).
Dentro del conjunto de pinturas que decoraron la Torre de la Reina del Alcázar de Madrid, lugar donde colgó esta obra, había varias de temática paisajística. Unas retrataban las andanzas de los archiduques en las inmediaciones de sus palacios y residencias y otros mostraban costumbres y acontecimientos de las gentes de Flandes en el siglo XVII. Este tipo de representación mezclan dos géneros típicos de la pintura nórdica: el paisaje y las escenas cotidianas, de las cuales los artistas flamencos son especialistas y que fue muy popular en Flandes, contando con mucha demanda. Estas pinturas son consideradas como una representación moralizante y didáctica de los valores de la nueva sociedad, más alegre y pacífica, en contraposición a la visión negativa que muchas de estas obras jugaban en la producción del padre del artista. De esta forma entroncarían con las alegorías, tanto de los sentidos como de la vida del hombre (que no hemos conservado) que también formaban parte del encargo, si bien parecen un ejemplo de las costumbres de Flandes y su elección podría deberse a un criterio meramente anecdótico.
Jan Brueghel el Viejo, autor de esta obra, había tomado la temática de su padre, Pieter Bruegel el Viejo, pasando por el filtro de su técnica y su época. Los paisajes del primero rompen con la traición representativa paisajística de líneas de horizonte superpuestas, con colores fríos en muchos casos, y de gran verticalidad para pasar a composiciones llenas de detalles en horizontal llenando toda la composición. La pintura de Jan Brueghel el Viejo invita a observar de cerca la gran cantidad de detalles que componen sus obras desde los diferentes personajes y sus ropas a las posturas unido a un tratamiento delicadísimo y preciso en la representación de la naturaleza.
Esta pintura formaba parte de un conjunto llegado desde Flandes para decorar la Torre de la Reina del Alcázar de Madrid. La primera referencia documental de este grupo de 26 obras aparece en el inventario del Alcázar de 1636, donde se mencionan 25 de ellas en la "Pieza grande antes de el dormitorio de su magd. que es donde cena en el quarto bajo de verano" y la otra, una guirnalda de flores y angelotes de F. Snyders, Jan Brueghel el viejo y el taller de Rubens en la "Pieza donde su magd. duerme en el quarto bajo de verano". En este inventario se dice, tras enumerarlas, que fueron las "que se trajeron de Flandes a la reina nra. Sa y estaban colgadas en la torre nueva de su quarto alto y su magd. el Rei nro. Sr. las mandó poner aquí". Así las pinturas fueron trasladadas de su ubicación original a otros dos nuevos emplazamientos sin que sepamos ni el motivo ni la fecha.
Del origen del conjunto llegado desde Flandes poco se sabe más allá de un documento citado por Pedro de Madrazo en su Viaje Artístico de 1884 (pg.110) el que se habla de un pago en 1623 autorizado por la reina, Isabel de Borbón, de unas obras llegadas de Flandes para decorar sus aposentos. Así pues desconocemos de donde pudo venir esta comisión, si fue la reina quien encargó estas obras, el rey o si la idea vino de Flandes pasando por la archiduquesa Isabel Clara Eugenia. Lo que si parece cierto es que no se trata de un encargo cerrado a un pintor, sino más bien un conjunto de obras de diferentes artistas flamencos enviados para decorar la mencionada Torre, después de las remodelaciones llevadas a cabo allí por Juan Gómez de Mora.
Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado (enero, 2015)