Canto primaverile
1894. Carboncillo, Clarión sobre papel avitelado, 660 x 1490 mmNo expuesto
El escultor Benlliure, miembro de una saga de artistas, y uno de los más geniales y sobresalientes en el cambio de siglo, tuvo una formación autodidacta, y utilizó el dibujo para plasmar sus ideas y su imaginación en composiciones de todo tipo, desde bosquejos a planteamientos particularmente complejos, llenos a su vez de matices, sobre todo en las últimas décadas del siglo XIX, susceptibles de trasladar a la escultura en sus diferentes formatos.
Este dibujo está realizado en Roma, ciudad en la tuvo su estudio desde muy joven y durante años. La observación de los niños en movimiento para captar la actividad, el dinamismo y el ritmo de sus evoluciones, fue una de sus especialidades, siendo este dibujo uno de sus mejores ejemplos. La obra está dedicada a otro artista, su amigo y pintor José Rico Cejudo (Sevilla, 1864-1939), que residió en Roma entre 1888 y 1895, pensionado por el Ayuntamiento hispalense, y del que el Museo del Prado tiene una obra (P7814).
El tema acometido es el mismo que se aprecia en uno de los grandes relieves que Benlliure esculpió para el Salón Bauer en el palacete de esta acaudalada familia en la calle San Bernardo de Madrid, allí titulado La música y la danza. Está tratado con un planteamiento muy similar, una sucesión de niños cantando, tocando instrumentos y danzando. Pudo ser este dibujo una de las ideas barajadas para los bocetos que presentó a los Bauer en 1895 y realizó en mármol de Carrara hacia 1896, cuyos modelos en escayola se conservan en el Museo Mariano Benlliure de Crevillente, y el friso en mármol, de casi cinco metros de largo, se conserva en el Banco de Sabadell-Urquijo, en Valencia.
Según fue pasando el tiempo sus frisos de niños ofrecieron un movimiento intenso, y cuando los talló en relieve, algunos de un bajorrelieve muy plano de difícil ejecución, mostró una excepcional calidad técnica, como el friso del sarcófago del Mausoleo de Gayarre de 1901, en el cementerio de El Roncal.
Benlliure modeló en muchas ocasiones niños pequeños y amorcillos en actitudes movidas, y en relación con este dibujo se encontraría también el diseño del friso en mármol de amorcillos titulado Las cuatro estaciones para el Salón Real del Casino de Madrid, cuyo encargo recibió en diciembre de 1907, aunque probablemente no fue suya la ejecución. Cada escena correspondiente a una estación, y en el caso de la Primavera se representa con cinco niños que bailan entrelazados sujetando una guirlanda de rosas, pero que a diferencia de la composición de este dibujo, se mueven cada uno en una dirección.
Todavía años después, realizó cuatro paneles cerámicos policromados vidriados de las Estaciones, de los que están localizados dos, con una comitiva de niños como las alegorías de la Primavera y el Otoño de hacia 1925 (núm. 1610), que conserva el Museo de Bellas Artes de Valencia, composición que hacia 1828 aplicaría en el Jarrón de La vendimia, hoy en colección particular. Por otro lado, también hizo conjuntos de niños bailando, tallados en tres dimensiones, y precisamente el Museo del Prado posee una de sus mejores obras, Canto de amor, (E802) de 1898. El dibujo tiene una relación indirecta en el tema de los niños protagonistas del grupo del Prado que rodean en un corro a la figura principal.
Azcue Brea, Leticia, 'Mariano Benlliure. Canto primaverile'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.53-55