Carlos II niño
Hacia 1670. Óleo sobre lienzo, 185,5 x 144 cmNo expuesto
Junto con una obra parecida en el Museo del Hermitage (aunque con variantes compositivas), se trata de la mejor versión que nos queda de la modalidad de retratos de Carlos II niño, de pie, lujosamente vestido y rodeado de un contexto simbólico. Son un tipo de imágenes prototípicas del corto periodo (1667-1671) en que Herrera Barnuevo fue Pintor de Cámara, y le cupo la responsabilidad principal de representar a Carlos II. Este, cuando fue pintado el retrato tendría en torno a los nueve años de edad. En estas imágenes del joven rey, Herrera Barnuevo crea una tipología propia, que le distingue tanto de Martínez del Mazo como de Juan Carreño de Miranda, antecesor y sucesor, respectivamente, en el empleo de pintor de cámara. Son obras de gran brillantez indumentaria, y en las que existe un énfasis alegórico, que sirve para recalcar la condición regia del niño. Este va vestido de gala, porta espada, sostiene con su mano derecha la bengala de general, y muestra sobre su pecho el Toisón de Oro, que hace alusión a su linaje. Los angelitos que le sobrevuelan, y el grupo escultórico ante la columna, redundan en ese mismo mensaje. Aquellos portan corona, cetro y palma; y este está compuesto por un águila coronada, que sostiene en el pico una corona de laurel, y a cuyos pies aparece un niño portando otro Toisón. Muchos de esos elementos son consustanciales al concepto de realeza o a la monarquía española, y volverán a aparecer, aunque completamente reordenados, en los retratos de Carlos II de Juan Carreño de Miranda, que utiliza un marco real (el Salón de los Espejos) para desplegarlos (Texto extractado de Portús, J. en: Memoria de Actividades 2015, Museo Nacional del Prado, 2016, p. 120).