Emigrantes
1908. Óleo sobre lienzo, 280,5 x 352,5 cmSala 061A
En la obra “Emigrantes” el artista se plantea un asunto de honda repercusión social, especialmente importante en las regiones del norte de España, entre ellas Asturias. Las primeras críticas fueron favorables y captaron el deseo del artista de expresar la tensión a través de las figuras comprimidas de los emigrantes.
Con una marcada inspiración en la fotografía en el punto de vista y en los cortes de la composición en sus lados, esta obra obtuvo una medalla de segunda clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908. Refleja con veracidad naturalista una escena muy habitual en el norte de España en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX: la emigración a Ultramar. Varios pintores, entre ellos Rafael Romero de Torres, Eliseu Meifrén, Joan Llimona y Juan Martínez Abades, habían tratado en los años precedentes el viaje trasatlántico de los emigrantes, que en esa misma exposición abordó también el artista aragonés Juan José Gárate.
Entre todos ellos, la visión de Álvarez Sala es la más ajustada a la realidad, carece de énfasis sentimentales o retóricos y puede compararse con las representaciones foto gráficas existentes. En un boceto dibujado que seguramente corresponde a una primera idea, el artista representó a los emigrantes a bordo, junto a sus equipajes. Abandonó esa idea en un segundo boceto en el que planteó la composición definitiva. El puerto del Musel en Gijón no se habilitó sino a partir de 1910 para el embarque de los emigrantes y en 1913 para los grandes buques trasatlánticos, de modo que, anteriormente, este debía hacerse en el mar, con lanchas a motor que los aproximaban desde el muelle. El artista dibujó ambas obras con lápiz negro y clarión para marcar las luces, que en el segundo de los bocetos tienen importancia, pues las siguió con fidelidad en las partes más claras del cuadro final. Para resaltar la enorme dimensión del navío lo cortó en altura, por encima de la barandilla de subida a bordo. La disposición de las figuras que avanzan desde el extremo derecho, en la lancha, hasta lo alto de la es cala, va comprimiéndose progresivamente, de manera que da una idea de la multitud que contendría el barco en su cubierta. La precisa corrección del dibujo, la naturalidad, fotográfica, de las actitudes de los numerosos personajes; la sobriedad del colorido, en el que dominan los ocres y los grises, entre ellos los del mar, que aparece como ensuciado, y la ejecución, certera y ajustada a la unidad del cuadro, hicieron de este una de las obras que mejor refleja la realidad de la emigración.
Fueron justamente los aspectos de contención emocional, representación poco enfática y neutra cotidianidad los que parecieron de menor valor a algunos críticos, que achacaron cierta frialdad en la obra. El encuadre fotográfico le da una clara modernidad a la composición, aspecto estrechamente relacionado con el naturalismo. El gran número de figuras, muy bien precisadas, fue un elemento elogiado por algún autor, aunque pareció demasiado prolijo a otros, en una época en la que esa minuciosidad era vista como un residuo del pasado. En el colorido, muy medido, dominan los ocres y las gamas de los grises. La ejecución es certera y adecuada y proporciona unidad al cuadro.
Barón, Javier, 'Ventura Álvarez Sala. Emigrantes'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.325-326 nº.228