La lección de memoria
1898. Óleo sobre lienzo, 107 x 107 cmSala 061A
Ignacio Pinazo, artista fundamentalmente intuitivo y atraído por la representación de la vida que le rodeaba, encontró en sus propios hijos, José e Ignacio, y especialmente en el menor, llamado como él, modelos muy apropiados para sus obras. El artista formó en el dibujo y la pintura a ambos, que después sobresaldrían, respectivamente, como pintor y escultor. Frente a este aprendizaje útil y práctico, el esfuerzo memorístico que habían de desarrollar para asimilar algunas materias impartidas en la enseñanza oficial en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, en la que el pequeño estudió a partir de sus nueve años, debía hacérseles mucho más arduo.
La gracia de Ignacio, la desenvoltura de sus movimientos y su carácter quedaron plasmados en numerosas obras que le representan enfrascado en la tarea de aprender sus lecciones. En una de ellas, un dibujo, aparece la inscripción “mal estudiante”. En él, la postura recostada hacia atrás, con un brazo en la mesa y otro apoyado en el respaldo en la silla, expresa hastío y aburrimiento. Un segundo dibujo y dos estudios al óleo bastante abocetados lo muestran más concentrado, con el codo derecho apoyado en la mesa para reposar la cabeza sobre la mano, aunque el otro brazo aún sigue en el respaldo. En todos los casos un libro o libreta descansa sobre una cartera en la mesa.
En el cuadro del Prado, la actitud y la expresión del rostro son más ensimismadas e Ignacio sujeta su libro, semiabierto, entre las manos. Aparece vestido formalmente como colegial, con pantalón largo, chaqueta y esclavina gris con forro rosa. Para justificar la transformación del niño en adolescente desde los bocetos al resultado final, Manuel González Martí adujo que Ignacio había enfermado de tifus, de modo que su padre tuvo que suspender la obra y, al restablecerse, este ya había crecido. Sin embargo, los primeros estudios son de 1893 y el cuadro final de 1898, cuando el modelo contaba con catorce o quince años, por lo que el pintor hubo de trabajar de nuevo por completo su aproximación a la composición para lo que hizo un apunte previo de la cabeza. Pinazo volvió en 1904 sobre el asunto con el lienzo “En vísperas de exámenes”, en el que un estudiante, agotado, duerme sobre la mesa de su alcoba.
Premiada con una primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1899, revela la influencia de la pintura del Siglo de Oro y, singularmente, de Velázquez, debido a la amplitud de la pincelada, las entonaciones dominantes y el efecto de penumbra que sugiere una cierta profundidad en la estancia. También se apreciaron ecos del Greco, pintor al que efectivamente admiraba el artista. El cuadro tenía un carácter mixto, entre obra de género y retrato, y se expuso a veces como tal. Dos años antes de haberlo pintado, el artista había señalado, en su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, que las mejores pinturas a partir del Renacimiento habían sido retratos. A ello agregaba, con mención explícita a aquellos dos maestros: “En efecto, en las mejores obras de Velázquez, del Greco y de otros artistas [...] vemos que el retrato, tanto individual como de las costumbres, ha sido la piedra de toque para conocer el mayor o menor grado de talento, observación y sentimiento de cada artista”. En este sentido, el acercamiento de Pinazo a lo real revela una efusión que no existe en algunos otros pintores naturalistas de su tiempo.
Barón, Javier, 'Ignacio Pinazo Camarlench. La lección de memoria'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.172 nº.82