Los amigos de Jesús
1900. Óleo sobre lienzo, 199 x 278,5 cmSala 061A
La obra, pintada en la Albufera de Valencia en 1900, muestra el interior de una barraca, de cuya sencillez se deduce la pobreza de los que la habitan. En ella una mujer se afana en arreglar las redes acompañada de un niño desnudo mientras un segundo hijo, sentado en el suelo, intenta capturar una anguila. Este es contemplado por un anciano sentado y cubierto con una manta. A la izquierda un pescador, cargado con sus útiles de trabajo, se dirige hacia la puerta mientras otro pescador, al fondo, vacía de su mornell la escasa pesca del día. La intrascendencia de esta escena cotidiana es alterada por la presencia de la figura de Jesucristo en la entrada de la humilde vivienda y de cuya imagen espectral ni siquiera parece haberse percatado el pescador que aparece de espaldas. La luz que emana del fondo ordena la composición hasta convertirse en la protagonista, aunque sus efectos y la fuerza de los contrastes despertasen el rechazo de algunos críticos.
Precisamente, la lectura de las críticas publicadas con ocasión de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901, donde Fillol concurrió con la pintura, permite ahondar en su carácter simbólico. Aunque hasta ahora apenas han sido tenidas en consideración, muchas intentaron discernir su argumento y la intencionalidad del pintor. Así Luis Pardo señaló los “simbolismos extraños” de la misma e intuyó en ellos una crítica anticlerical presumiendo que en esa “amistad” (aludiendo al título del cuadro) no había “buena fe”. Rodrigo Soriano, un escritor valenciano cercano al pintor, a quien visitó en su propio taller mientras realizaba el cuadro, subrayó también los códigos simbólicos de la pintura y profundizó en su verdadero mensaje, que debió conocer directamente de mano de Fillol: “Las doctrinas igualitarias son hoy día dueñas del mundo. Los revolucionarios, harto más cristianos y humanitarios que los católicos y jesuitas hipócritas, aspiran a conseguir la fraternidad de los hombres. Jesús, no ese Jesús de los altares y de los chanchullos jesuíticos, sino el Jesús hombre, el Jesús compañero de sus semejantes, fue el amigo de los pobres, su consuelo y su guía, su combatiente y director. Fillol, inspirándose en tan hermosas ideas, ha pintado un admirable cuadro”. En otro periódico republicano, esta vez en "El País", otro crítico leía igualmente el asunto como una crítica al clero e incluso a otros estamentos sociales, señalando que Jesús venía a “enterarse del poco caso que de sus doctrinas hacen los que viven de ellas, los prelados, los frailes, los gobernantes”. Parece claro, por tanto, que Fillol planteó esta obra con una intención crítica, como venía haciendo desde años atrás en otros cuadros de temática social. En este caso se sirve de una imagen religiosa, cargada de referencias simbólicas, no solo en la propia manera de componer la escena, que hace que esta se ilumine desde el fondo donde se encuentra Cristo, sino también en la elección de los diferentes personajes, que muestran las diversas edades de la vida, desde la niñez hasta la ancianidad, aludiendo también a la maternidad mediante la figura de la mujer que no solo cuida de los niños sino también del hogar, al que se da forma a través del fuego que esta figura tiene detrás. Precisamente la interpretación de la actitud del anciano puede resultar más complicada: algunos críticos pensaron que representaba a una persona febril, y por lo tanto enferma; Soriano precisó que la causa de estos síntomas era el propio trabajo en las zonas pantanosas de la Albufera, lo que sin duda conviene aún más al argumento, pues pone de manifiesto la precariedad de las condiciones de vida de los pescadores.
La historiografía reciente ha destacado la conexión con los ideales de Vicente Blasco Ibáñez -si bien la crítica contemporánea nada apuntó sobre esto, ni siquiera aquella más cercana al pintor-, y con la obra de Fritz von Uhde "La bendición de la mesa" (1885, Alte und Neue Nationalgalerie). No resulta extraño pensar que Fillol conociera la obra de Uhde por medio de alguna reproducción grabada, dada la difusión que había alcanzado ya entonces. Ha de tenerse también en consideración que en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1901 concurrieron diversos artistas que interpretaron, de muy diferente forma, determinados asuntos religiosos no siempre tomados directamente del Evangelio. La mayoría de ellos mostraban un conocimiento de la pintura extranjera, donde se habían ensayado previamente algunos temas similares, como "La cena de Emaús" de Joaquín Bárbara (h. 1900, Museo de Jaén, depósito del Museo del Prado), que recuerda a la composición homónima de Léon Lhermitte (1892, Museum of Fine Arts).
Martínez Plaza, Pedro José, 'Antonio Fillol. Los amigos de Jesús'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.200-201 nº.106