Martirio de Santa Apolonia
1600 - 1603. Óleo sobre lámina de cobre, 28 x 20 cmSala 004
Santa Apolonia vivió en Alejandría en la primera mitad del siglo III d. C. y, siendo hija de un funcionario, tuvo la oportunidad de adquirir una amplia formación intelectual. Se piensa que su conversión al cristianismo ocurrió de niña tras conocer que su madre rezaba a la Virgen María con el deseo de poder concebir. Según el obispo Dionisio de Alejandría, Apolonia se dedicó a la predicación de la fe cristiana desde joven y llegó a ser nombrada como parthénos presbytis, cargo que podría asemejarse al de diaconisa. No obstante, durante las fiestas que conmemoraban el milenio de la fundación de Roma en tiempos del emperador Filipo el Árabe, se produjeron revueltas contra los cristianos que no fueron disipadas por las autoridades. Fue en ese momento cuando Apolonia fue capturada y golpeada en la boca hasta que le rompieron todos los dientes, y fue posteriormente conducida a las afueras de la ciudad, donde le exigieron que blasfemara y renunciara a su fe en Jesucristo. A pesar de que estaba siendo amenazada con ser arrojada al fuego si no obedecía, Apolonia se negó y se lanzó por su propia iniciativa a las llamas, acabando así con su vida.
Los herederos de Carlo Maratti (1625-1713) vendieron a la Corona española parte de su colección de pinturas en 1722, siendo ofrecidos a Felipe V tres originales de Guido Reni: una Santa Catalina de Alejandría, la obra aquí analizada con el Martirio de santa Apolonia y otra con Santa Apolonia en oración. Estas dos últimas obras hacen pareja, pues además de compartir temática, ambas están realizadas sobre láminas de cobre y mantienen exactas dimensiones. En este cuadro en concreto aparece la santa con las manos atadas a una columna alta que sobresale a sus espaldas, flanqueada por dos sayones. Uno de ellos la agarra por el pelo con la mano izquierda mientras sostiene con la derecha unas tenazas que sujetan un diente y el otro personaje le acerca otra de estas herramientas a la boca con la intención de extraerle los dientes.
Santiago de la Vorágine se hizo eco del tormento de la santa, demostrando que su historia se había hecho muy popular en la Edad Media, cuando su devoción se asociaba con la curación del dolor de muelas. Las versiones más difundidas de su biografía, incluida la comprendida en la Leyenda dorada (compilada hacia 1260), señalan que en su martirio no le fueron extraídos los dientes, sino que Apolonia fue golpeada en la boca con la intención de ser silenciada literal y simbólicamente, pues se trataba de alguien que se dedicaba activamente a difundir el cristianismo en su comunidad. Sin embargo, en esta pintura se puede ver a los verdugos sosteniendo tenazas, lo que indica que el artista se inspiró en la tradición iconográfica en vez de en las fuentes literarias. Desde antiguo, las tenazas se convirtieron en el atributo que identifica a esta santa, encontrándose así en numerosos ejemplos pictóricos desde antes del siglo XIV. Cabe destacar la similitud compositiva entre la obra de Reni y una miniatura realizada por Simon Marmion (h. 1425-1489) a mediados del siglo XV, con la que comparte los mismos elementos, incluida la columna.
Esta no es la única divergencia entre la pintura y las fuentes escritas. Reni, siguiendo igualmente la tradición de la cultura visual, ideó a Apolonia como una joven virgen de tersa y pálida piel, con vestidos ceñidos y vaporosos, cuando en realidad al momento de su muerte era una mujer anciana. El pintor tomó probablemente como referencia para construir el cuerpo de la santa otra obra que conocía desde su juventud en Bolonia, es decir, el Éxtasis de santa Cecilia de Rafael Sanzio (1483-1520). A excepción de la posición de las manos, ambas comparten la misma postura, una idéntica expresión del rostro y un diseño de la vestimenta muy parecido. Según cuenta Carlo Cesare Malvasia en la Felsina pittrice (1678), Reni llegaría a reproducir el cuadro de Rafael que se encontraba entonces en la iglesia de San Giovanni in Monte de Bolonia, siendo su copia identificada por algunos con la de la iglesia de San Luigi dei Francesi en Roma y por otros con la perteneciente a la National Gallery of Ireland. Coexiste asimismo un equilibrio compositivo, pues santa Cecilia se encuentra flanqueada por dos parejas de santos, configurados de perfil los más cercanos a ella, como ocurre con los sayones de esta obra de Reni.
El maestro realizó al menos otra versión de este episodio, que se hallaba en la Colección Barberini de Roma hasta el siglo XVIII, cuando fue adquirida por el duque de Orleans. Si bien se encuentra en paradero desconocido, se conserva una copia, considerada también como una versión autógrafa, en la Gemäldegalerie de Dresde, la cual podía verse también en la misma residencia romana. El original habría sido ejecutado igualmente hacia 1606-7, pero destacan importantes diferencias centradas en la posición de la santa y en el fondo, que se compone de un paisaje con ruinas muy elaborado. En este otro cuadro se aprecia una evolución hacia un estilo más brillante, mientras que el Martirio de la pinacoteca madrileña denota cierta ingenuidad en la técnica y un impacto mayor del claroscuro caravaggista, lo que indica que debió ser realizado algunos años antes, hacia 1600.
Japón, Rafael, 'Guido Reni. El martirio de Santa Apolonia'. En: Guido Reni, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2023, p.180-182 nº 13