San Francisco de Paula
1659. Óleo sobre lienzo, 124 x 96,5 cmSala 010A
El hábito y el disco, a manera de sol, con la palabra charitas que aparece en la zona superior izquierda identifican al personaje con san Francisco de Paula (1416-1507) y hacen alusión tanto a la estrechísima relación que mantuvo siempre con la orden de san Francisco. Uno de sus más conocidos milagros fue que se le apareció un ángel con un escudo dorado y brillante, como un sol, y en él está escrita esa palabra. El santo se encuentra en la soledad del campo, alusiva a su querencia por la vida eremítica, y levanta la vista del libro en el que está meditando, uniendo al mismo tiempo sus dedos en actitud devota. Junto a él, en el suelo, la inscripción que aparece en el frente de una piedra nos aclara que el autor de esta obra fue Francisco de Zurbarán, que la pintó en 1659, cuando llevaba en torno a un año establecido en Madrid, adonde había llegado después de algo más de tres décadas de actividad en Sevilla.
El cuadro permaneció inédito hasta que fue publicado en 1988 por Juan Miguel Serrera, que llamó la atención sobre su calidad e interés y lo relacionó con una de las obras maestras de los últimos años del artista extremeño. Se trata de San Francisco en oración (P008207), que por entonces pertenecía a Plácido Arango, quien lo donó en 2016 al Museo del Prado. Ambas obras tienen numerosas cosas en común, y en algunos aspectos se complementan. Las dos están firmadas y fechadas por el mismo autor, en el mismo año y de una manera complementaria: una en un cartellino en el extremo derecho, y la otra en una piedra en el izquierdo. Sus medidas son muy parecidas (124 x 96 y 126 x 97 cm), y sus composiciones se resuelven de forma similar: en ambos casos la figura aparece muy próxima al espectador, ocupando la mayor parte de la superficie pictórica, apoyada en una roca de superficie plana, en un paisaje, proyectada sobre un luminoso cielo azul, y en actitud recogida (arrodillada en un caso, y sentada en el otro). Comparten también, por ejemplo, una organización similar del paisaje, con la inserción en el mismo de alguna pequeña ermita y una sucesión de planos espaciales que culminan en montes azulados.
Desde el punto de vista de su sistema afectivo, son también obras cercanas. Ambos santos han interrumpido la tarea devocional en la que estaban concentrados, y elevan su mirada al cielo, mientras uno de ellos (Francisco) se lleva una mano al pecho, y el otro (Francisco de Paula) junta las dos.
Tantas similitudes invitan a pensar que fueron concebidos como pareja, e incluso se ha llegado a plantear la posibilidad de una serie más numerosa, compuesta por santos fundadores de órdenes religiosas. Sin embargo, no se conocen otras obras que justifiquen la existencia de una serie. En realidad, resultaba muy natural la iniciativa de emparejar a ambos personajes. Francisco de Paula no solo debía al santo de Asís su propio nombre, sino que a lo largo de toda su vida le fue extraordinariamente devoto, y de hecho, la orden que fundó (los "mínimos") está estrechamente hermanada con los franciscanos, y desde muchos puntos de vista pueden considerarse una derivación de estos.
San Francisco de Paula se encuadra en la última etapa de la carrera de Zurbarán, caracterizada por una mayor amplitud cromática, y por un interés mucho menor por los contrastes lumínicos que habían caracterizado su producción anterior. En este caso, la ubicación del personaje al aire libre, y el provecho lumínico que saca el artista del azul del cielo, dan como resultado una obra más relajada y vital, sin que por ello se pierda capacidad para transmitir de manera efectiva e intensa la emoción devocional.
Portús, Javier, Francisco de Zurbarán. San Francisco de Paula, 1659. en: Memoria de Actividades 2022, Museo del Prado, 2023, p.28-30