San José con el Niño Jesús
Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 450 x 287 cmDepósito en otra institución
De pie y caminando aparecen San José; arriba un rompimiento de gloria con el Padre Eterno y ángeles, del que desciende la paloma del Espíritu Santo; al fondo en el ángulo inferior izquierdo la Virgen con el ángel. Se trata de una iconografía repleta de resonancias contrarreformistas. El Niño guía a su padre de la tierra en la escena principal, debido a la autoridad de su divinidad, corroborada por la voz del Padre Eterno ("dilectus meus" en la filacteria) que ordena "escuchadle" y el Espíritu Santo, escena claramente inspirada en el pasaje evangélico del bautismo de Cristo, aunque a su vez es San José quien sujeta la muñeca del Niño significando la tutela de su paternidad. El asunto de San José fue, junto con el de la Inmaculada Concepción, uno de los preferidos por los pintores españoles del siglo XVII, debido quizá a los escritos de Santa Teresa, de San Ignacio de Loyola y de San Francisco de Sales y a la fijación de su fiesta el 19 de marzo por el papa Gregorio XV en 1621. El asunto de la "Trinidad en la Tierra" fue introducido por los jesuitas y popularizado a través de la oración: "O veneranda Trinitas, Jesús, Joseph, et Maria". Se trata, según las Conversaciones espirituales de San Francisco de Sales, "de una Trinidad en tierra que en cierta forma representa a la Santísima Trinidad", siendo San José la imagen de Dios Padre y sustituyendo la Virgen al Espíritu Santo, del cual es templo vivo. En la iconografía artística española aparece con un auge inusitado a partir de la mitad del siglo XVII, con autores como el propio Camilo, Herrera Barnuevo, o Murillo.