Noli me tangere
Hacia 1525. Óleo sobre tabla pasada a lienzo, 130 x 103 cmSala 049
La estancia de Correggio en Roma entre 1518 y 1519 condicionó poderosamente su pintura posterior, en la que se percibe el eco del último Rafael y del Miguel Ángel de la Capilla Sixtina, sobre los que Correggio moldeó, sin abandonar nunca a Andrea Mantegna y sobre todo a Leonardo, su personal y decisiva contribución al estilo clásico. De vuelta a Parma en 1520, Correggio centró su atención en decoraciones al fresco y grandes cuadros de altar, realizando pocas pinturas de devoción privadas. Una de ellas es el Noli me tangere, una de sus primeras obras de madurez, cuya referencia más temprana la proporciona Pietro Lamo en su Graticola di Bologna (circa 1560). Lamo vio la pintura en la casa Hercolani de Bolonia, donde seguía en 1568, cuando Vasari aludió admirativamente a ella en la segunda edición de sus Vidas: lavorato tanto bene e mórbidamente quanto più non si può credere. No consta qué miembro de la familia Hercolani encargó el cuadro, pero se supone que fue Vincenzo (1500-1557). La identidad del primer propietario es importante, pues proporciona la mejor evidencia de que la pintura fue realizada para un oratorio privado, circunstancia que corroboran sus características formales. Correggio fue muy consciente del destino de sus obras, por lo que el preciosismo que exhibe el paisaje, o el cuidado con el que han sido reproducidos los aperos de labranza, magnifico fragmento de naturaleza muerta avant la lettre, sólo se entienden porque sabía que podrían observarse de cerca. Vincenzo Hercolani fue miembro de la cofradía del Buon Gesù, cuyos estatutos urgían a sus miembros a colgar imágenes religiosas en sus domicilios, al tiempo que alentaban ejercicios de meditación centrados en la Pasión de Cristo.
La composición, de aparente simplicidad, es de un equilibrio extraordinario. A lo largo de una vertical que parte del pie derecho de la Magdalena y termina en la mano izquierda de Cristo, los personajes se recortan ante un bellísimo paisaje tenuemente iluminado por la luz del amanecer. Emocionalmente alterada por el encuentro, la inestable figura de María Magdalena, vestida con el amarillo característico de las meretrices, es contrarrestada por la de Cristo, sereno y tranquilo, en la que el pintor ha introducido algunas peculiaridades iconográficas, como el color azul del manto, distinto al blanco o rosa empleados tradicionalmente al ilustrar este pasaje bíblico (Juan XX, 1-19) y que probablemente aluda al cielo, o la ausencia de los estigmas de la pasión, símbolo de la perfección alcanzada tras la Resurrección. La consecución de este admirable equilibrio fue laboriosa, pues la radiografía muestra tres posiciones distintas de María Magdalena, siendo la definitiva la más elevada. Se ha señalado la innegable similitud del vestido de la Magdalena con el de Santa Cecilia en la pintura homónima de Rafael en Bolonia, lo que avala un estudio de ésta por parte de Correggio, acaso sugerido por Vincenzo Hercolani, propietario también de La visión de Ezequiel de Rafael conservada en la Galeria Palatina di Palazzo Pitti en Florencia. Vincenzo, que poseyó también obras de Francesco Francia y Lorenzo Costa, debió entrar en contacto con Correggio gracias a su estrecha relación con Veronica Gambara (1485-1550), señora del pueblo natal del pintor e importante patrona suya.
De la familia Ercolani el Noli me tangere pasó a poder del cardenal Pietro Aldobrandini en 1598, y de éste a la colección del cardenal Ludovisi en 1621. En 1632 lo heredó el príncipe Lodovico Ludovisi, que la habría entregado a Felipe IV en pago del feudo de Piombino, según se ha afirmado tradicionalmente. Sin embargo, Morán Turina (2024) ha señalado una evidencia histórica de gran relevancia, pasada hasta ahora inadvertida, que vendría a modificar de manera sustancial la historia coleccionista de la obra. Se trata de la presencia en el reverso de la tabla sobre la que en origen se realizó la pintura -pasada a lienzo en 1934- del sello grabado a fuego del rey Carlos I de Inglaterra (AMNP, caja 1380, libro 2, fol. 45r). Dicho cambio de soporte no fue recogido en la guía del Museo de 1942 (145-146), en la que se señalaba aún que el Noli me tangere tenía en su reverso “dos sellos: uno enlace de A y R: el segundo el conocido de Carlos I de Inglaterra”. La edición de 1945 sí actualizó su nueva condición de óleo sobre lienzo, perdiéndose desde entonces la memoria del sello del soberano inglés.
El rey Carlos I se interesó en 1635 en la compra de obras relevantes de la colección Ludovisi de Roma, por lo que el conde Arundel escribió a su agente en la capital pontificia, William Petty, instándole a “to buy some of the principal paintings of the Ludovisios for the King our Master” (Hervey 1921: 384). Aunque no hay constancia expresa de adquisiciones para el monarca británico de aquella colección, lo cierto es que en la documentación relativa a la venta de sus bienes aparece un “Christ in ye Garden at by Correggio”, pintura que fue vendida a Remigius van Leemput el 22 de marzo de 1649 por 34 libras y de este comprada en 1650 por el agente de Felipe IV, Alonso de Cárdenas, para el soberano español (Loomie 1989: 262- 263). Se plantea así una nueva circunstancia: que el obsequio de Niccolò Ludovisi para Felipe IV, hecho llegar por el duque de Medina de las Torres, fuera una copia, y que el original entrase a la colección real española a través de la compra en Londres llevada a cabo en 1650. Destinadas a El Escorial ambas, el original desplazaría a la copia una vez que se tuviera constancia de ello. La pintura ingresaría finalmente en el Museo del Prado en 1839.
La pintura fue conocida y admirada por algunos relevantes artistas de los siglos XVII y XVIII, como pone de manifiesto por ejemplo el Noli me tangere de Alonso Cano conservado en el Museo de Bellas Artes de Budapest (inv. núm. 787, óleo sobre lienzo, 141´5 x 109´5 cm), directamente inspirado en el modelo de Correggio. (Información actualizada por el Departamento de Pintura Italiana y Francesa hasta 1800 el 5/12/2024)
Falomir Faus, Miguel, 'Antonio Correggio. Noli me tangere'. Italian masterpieces from Spain's royal court, Museo del Prado, National Gallery of Victoria Thames & Hudson, 2014, p.52