El recorrido <em>TITULORECORRIDO</em> se ha creado correctamente. Añade obras desde la página de Colección
Añadido <em>TITULOOBRA</em> en el recorrido <em>TITULORECORRIDO</em>

Itinerario

15 de mayo. Festividad de San Isidro

¿Qué día es hoy?

El 15 de mayo se conmemora la festividad de San Isidro Labrador, que desde su canonización en 1622 es el patrono de la Villa y Corte de Madrid. También es el patrono de los agricultores y de numerosos pueblos con tradición agrícola, por lo que su culto está muy arraigado en todo el mundo católico.

El Museo del Prado quiere unirse a esa celebración, una de las más tradicionales y populares de Madrid, donde el Museo tiene su sede, y -a través de la iniciativa #PradoContigo- compartir con sus visitantes virtuales una serie de destacadas obras de sus colecciones que recogen diversos episodios de la vida y milagros del santo y las celebraciones en torno a su figura.

El Prado contigo

Actividad

Biografía de San Isidro

Biografía de San Isidro
San Isidro labrador
Luis Salvador Carmona
1753-61. Mármol, 88 x 124 x 19 cm. 
Museo Nacional del Prado (E-466)

San Isidro -Isidro Merlo y Quintana era su nombre real- fue un labrador que vivió en el siglo XII (h. 1082-h. 1172), como recoge la biografía que escribió en el último tercio del siglo XIII el franciscano Juan Gil de Zamora, conocido como Juan Diácono, y que sirvió de base para la Vida de San Isidro Labrador escrita por el padre Jaime Bleda. Ese libro se publicó en 1622 con motivo de la canonización del santo por parte del Papa Gregorio XV, que en la misma ceremonia también declaró santos a Santa Teresa de Ávila, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

Parece ser que su primer trabajo fue como pocero o zahorí, es decir, buscador de manantiales subterráneos, y se dice que abrió varios pozos en distintos puntos de Madrid. El asedio almorávide a Madrid hizo que Isidro huyera a Torrelaguna, donde conoció a la que sería su esposa, una joven llamada María Toribia, posteriormente conocida como Santa María de la Cabeza por la veneración que se hacía de su cráneo.

Hacia 1119 el matrimonio se instaló en Madrid para ocuparse de algunas tierras de labor que eran propiedad de Iván de Vargas y vivió en una casa propiedad de dicho noble que estaba situada junto a la iglesia de San Andrés; allí tuvo lugar el famoso “milagro del pozo”.

A su muerte en 1172, Isidro fue enterrado en el cementerio existente junto a la iglesia de San Andrés, pero en 1212 su cuerpo fue exhumado después de aparecerse milagrosamente a una mujer diciendo que quería ser enterrado en el interior de la iglesia. Se vio entonces que el cuerpo permanecía incorrupto, clara muestra de su santidad. Años después su cuerpo fue colocado en un sepulcro de madera en el interior de la iglesia de san Andrés; es la famosa Arca de San Isidro, actualmente custodiada en la Catedral de la Almudena. Tras diversos traslados, desde 1769 el cuerpo incorrupto del santo se conserva en la Colegiata de San Isidro, antiguo Colegio Imperial de la Compañía de Jesús.

San Isidro y su profunda fe

San Isidro y su profunda fe
San Isidro en oración ante la Virgen de Atocha
Anónimo
Siglo XVII. Óleo sobre lienzo, 60 x 39 cm. P-1229. Depositado en el Museo de Historia de Madrid
Museo Nacional del Prado

San Isidro era hombre muy devoto, que todas las mañanas visitaba varias iglesias de Madrid antes de acudir a las tierras que labraba para su señor, Iván de Vargas.

Una de esas visitas diarias era a la ermita donde se veneraba la imagen de la Virgen de Atocha, considerada como la más antigua de Madrid y cuyo origen legendario se remonta a los tiempos apostólicos, pues se atribuye a Nicodemo su talla y a San Lucas su policromía.

El Museo del Prado conserva un curioso cuadro anónimo del siglo XVII que representa a San Isidro arrodillado en oración ante la imagen de la Virgen de Atocha; llama la atención la juventud del santo, al que podemos identificar por uno de sus atributos habituales, la aguijada para azuzar a los bueyes.

Milagros de San Isidro

Milagros de San Isidro
San Isidro labrador
Anónimo
Mediados del Siglo XVII. Lápiz negro sobre papel verjurado, 78 x 112 mm. D-268. Almacén
Museo Nacional del Prado

A San Isidro se le atribuyen muchos milagros, más de 400 según el expediente de su canonización, que tuvo lugar en 1622.

Uno de los más conocidos es el llamado “milagro de los ángeles”. Algunos compañeros de San Isidro le denunciaron ante su señor, Iván de Vargas, diciendo que pasaba más tiempo rezando que arando los campos, que era su cometido. Cuando el citado Iván de Vargas acudió a ver si eso era cierto y amonestarle por ello, vio cómo dos yuntas de bueyes blancos araban a derecha e izquierda del santo para así recuperar el tiempo utilizado por el santo en orar. En un anónimo dibujo del siglo XVII conservado en el Prado se ve a San Isidro arrodillado en oración junto a un árbol y frente a él una yunta de bueyes tirando del arado que maneja un ángel mancebo.

También se cuenta que en otra ocasión San Isidro sació la sed de su señor un caluroso día de verano haciendo brotar milagrosamente una fuente al clavar en el suelo la aguijada que los boyeros usaban para picar a los bueyes y también para separar la tierra que se pegaba a la reja del arado. Esa fuente es la que aún existe junto a la ermita del santo, donde se celebra la popular romería el día de su fiesta.

El milagro del pozo. Un lienzo de Alonso Cano

El milagro del pozo. Un lienzo de Alonso Cano
El milagro del pozo
Alonso Cano
1638. Óleo sobre lienzo, 216 x 149 cm. P-2806. Sala 17 A
Museo Nacional del Prado

Cuenta la tradición que un día que San Isidro estaba trabajando en el campo, su hijo Illán cayó al interior del pozo que había en la vivienda familiar y se ahogó. Al volver a casa y conocer lo sucedido, San Isidro y su esposa se encomendaron a la Virgen de la Almudena para que intercediera ante Cristo y les devolviera vivo a su hijo. Y así se produjo el milagro; como recoge alguno de los textos que pudo conocer el pintor Alonso Cano al abordar la ejecución de su lienzo titulado El milagro del pozo, “las mismas aguas del pozo fueron creciendo hasta el brocal, y subiendo en la superficie de ellas el niño, a quien sus padres, gozosos, asiéndole de la mano, le sacaron sano y libre”.

El pintor granadino no incluye en su cuadro la presencia de la Virgen de la Almudena, pero San Isidro y su hijo están cogiendo un rosario, lo cual es una clara alusión a la intercesión de la Virgen. Junto a Santa María de la Cabeza, que aparece arrodillada, ayudando a su hijo a salir del pozo y mirando a su esposo, hay dos mujeres -aparentemente ajenas al milagro- que han ido al lugar a buscar agua, un perro y dos niños que juegan con el agua que cae del brocal.

Esas figuras femeninas recuerdan a las pintadas por Velázquez y también la técnica empleada por el pintor -a base de pinceladas sueltas, deshechas, con ricas veladuras- es semejante a la del maestro sevillano, con el que Alonso Cano mantenía una estrecha amistad desde que coincidieron como aprendices en el taller de Francisco Pacheco. Por otro lado, el tratamiento del milagro, casi como una escena de género, con los personajes vestidos a la moda del siglo XVII, y la forma de representar a los niños pueden ser considerados como un anticipo de la pintura naturalista de Murillo.

Alonso Cano pintó este cuadro para la iglesia de Santa María de la Almudena, uno de los templos más antiguos de Madrid, que ya aparece citado en el Fuero de 1202, y que al parecer fue levantado sobre la mezquita de la alcazaba musulmana. El edificio fue remodelado a partir de 1638 por iniciativa de la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, y el Concejo de Madrid encargó un nuevo retablo que estaba presidido por la imagen de la Virgen de la Almudena sobre un trono de plata, sobre la que se colocó el cuadro de Alonso Cano, como se puede ver en una interesante estampa de finales del siglo XVII que muestra al rey Carlos II y a su esposa María Luisa de Orleans, acompañados por la reina viuda, Mariana de Austria, arrodillados ante dicho retablo.

En las colecciones del Prado hay otro cuadro -San Isidro Labrador sacando milagrosamente a su hijo del pozo- que representa el mismo episodio y que parece estar directamente inspirado en el de Alonso Cano.

El pozo del milagro puede verse actualmente en el interior del Museo de San Isidro, o de los Orígenes de Madrid, levantado sobre el Palacio de los Vargas, construido a su vez donde estuvo la casa en la que San Isidro vivió junto a su familia.

La ermita de San Isidro

La ermita de San Isidro
La ermita de San Isidro el día de la fiesta
Francisco de Goya
1788. Óleo sobre lienzo, 41,8 x 43,8 cm. P-2783. Sala 94
Museo Nacional del Prado

Parece ser que desde tiempos antiguos los fieles devotos de San Isidro acudían a la fuente que el santo había hecho brotar para calmar la sed de su señor Iván de Vargas para beber su agua, considerada milagrosa.

En el siglo XVI en ese lugar se levantó una ermita, sustituida a comienzos del siglo XVIII por otra edificación de mayor tamaño, que es la que ha llegado hasta nuestros días.

En uno de los bocetos de los cartones para tapices que Goya concibió para la decoración del Dormitorio de las Infantas en el Palacio del Pardo, el pintor aragonés reflejó cómo era -y cómo es, salvo ligeras modificaciones- la ermita de San Isidro: un edificio cubierto por una cúpula de media naranja, con una espadaña campanario sobre el atrio de acceso al interior.

A las puertas del templo, numerosos madrileños y madrileñas hacen cola para poder beber el agua milagrosa, bajo la atenta mirada de dos Guardias de Corps, mientras en primer plano varios majos y majas disfrutan de un refrigerio sentados en el suelo.

La pradera de San Isidro

La pradera de San Isidro
La pradera de San Isidro
Francisco de Goya
1788. Óleo sobre lienzo, 41,9 x 90,8 cm. P-750. Sala 94
Museo Nacional del Prado

El 15 de mayo, festividad de San Isidro, se celebra la tradicional romería del santo. Como manda la tradición, el pueblo de Madrid acude a la ermita del santo para beber el agua milagrosa, asistir a una misa popular y disfrutar de un agradable día de fiesta en familia o con amigos en la cercana pradera. No faltan la música, los bailes, los trajes populares y típicos productos castizos como los barquillos y, especialmente, las célebres rosquillas del santo: listas, tontas, francesas y de Santa Clara.

En otro boceto para un cartón destinado a servir de modelo para un tapiz, La pradera de San Isidro, Goya muestra su habilidad como veduttista o pintor de vistas urbanas, un tipo de pinturas muy habitual en el siglo XVIII. Al fondo, al otro lado del río Manzanares, se reconocen los volúmenes del Palacio Real y la Iglesia de San Francisco el Grande, que destacan sobre el resto del caserío madrileño. En primer plano reina el bullicio, con tipos de todas las clases sociales -majos y majas, damas nobles, caballeros y soldados- que disfrutan de una merienda popular. No hay un único punto que capte la atención del espectador, sino que Goya, por medio de las posturas de los personajes o el color de sus variadas indumentarias, consigue crear una composición sumamente atractiva que, a pesar de su reducido tamaño -porque es un boceto y nunca se llegó a hacer el correspondiente cartón y el tapiz final- cautiva a los visitantes del Museo del Prado o de su página web.

Años después de pintar ese luminoso boceto, Goya ofreció otra mirada muy diferente -más tétrica y sombría- de las fiestas y celebraciones en honor a San Isidro en La romería de San Isidro, una de sus Pinturas Negras.

También José del Castillo representó esta típica romería madrileña en un boceto y un cartón para el dormitorio del Infante en el Palacio del Pardo que llevan el mismo título: La pradera de San Isidro.

Arriba