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Fortuny, Madrazo y Rico. El legado de Ramón de Errazu

13.12.2005 - 12.03.2006

Durante este año se cumple el centenario de la recepción del legado Ramón de Errazu (San Luis Potosí, México 1840 - París, 1904), rico empresario que, establecido en París durante el último tercio del siglo XIX, reunió una colección de pinturas característica del gusto de la gran burguesía de la época. Las 25 obras que componen el legado revelan su acertado criterio como coleccionista al tratarse de un conjunto muy homogéneo, protagonizado por Fortuny, Rico y Madrazo, tres de los mejores artistas de la época a los que además unía una estrecha amistad.

La exposición ha sido organizada para conmemorar la llegada al Museo del Prado de este importante grupo de obras que constituye uno de los conjuntos más representativos de las colecciones modernas del Museo.

El núcleo del legado, y por tanto de la muestra que ahora se presenta, lo componen diez obras de Mariano Fortuny (1838-1874) entre las que destaca el excepcional Desnudo en la playa de Portici, obra maestra en la que el artista mostró la quinta esencia de su arte final realizando un portentoso estudio de la anatomía infantil bajo los brillos y reflejos de la luz del sol y el colorido de las sombras. Otro importante exponente de la indudable calidad del pintor lo constituye Viejo desnudo al sol, torso en el que Fortuny enlaza con la tradición española del siglo XVII.

El carácter innovador de Fortuny en la captación de la luz, sobre todo en sus últimas obras, le convirtieron en el promotor de un estilo que serviría de inspiración a Martín Rico (1833-1908) y a Raimundo de Madrazo (1841-1920), los otros dos pintores más representados en esta exposición, con cuatro obras del primero y nueve del segundo. Entre las de Raimundo de Madrazo, cuñado además de Fortuny, cabe destacar un retrato del propio coleccionista, gran amigo suyo. Este retrato de Ramón de Errazu (1879), en el que el pintor plasmó el porte elegante de Errazu sirviéndose de la tradición velazqueña para llegar a una factura moderna y personal, constituye quizá la obra maestra de Madrazo en el género.

El conjunto se completa con uno de los desnudos más famosos y polémicos pintados en el París de la época, La perla y la ola, de Paul Baudry (1828-1886), obra que perteneció a la emperatriz Eugenia de Montijo a la que Errazu había tratado, además de un retrato de la Marquesa de Manzanedo, amiga íntima del coleccionista, realizado por uno de los más prestigiosos pintores de su tiempo, Ernest Meissonier (1815-1891). Ambos pintores franceses eran bien conocidos por Ramón de Errazu y estaban también próximos al círculo de Madrazo y Fortuny.

La exposición, organizada con motivo del primer centenario del ingreso de la colección de Ramón de Errazu en el Museo del Prado, presenta las 25 pinturas legadas por el coleccionista entre las que se encuentran algunas de las obras maestras del siglo XIX que se conservan en el Prado. El conjunto consta de 20 óleos y 5 acuarelas fechados entre 1862 y 1895, la mayoría realizados por los artistas españoles más significativos de la época, coetáneos y amigos de Errazu, Mariano Fortuny, Martín Rico y Raimundo de Madrazo, a excepción de dos pinturas de Ernest Meissonier y Paul Baudry, reconocidos pintores del Segundo Imperio francés.

Vídeos

Exposición

Mariano Fortuny (1838-1874)

Mariano Fortuny (1838-1874)
Viejo desnudo al sol
Mariano Fortuny Marsal
1871. Óleo sobre lienzo, 76 x 60 cm.

Fue el artista español más internacional de todo el siglo XIX y el gran maestro de la pintura preciosista de gabinete en toda Europa. Su arte marcó decisivamente el gusto del mercado por sus anecdóticas escenas de género, extendiéndose la huella de su influencia a una enorme cantidad de discípulos, seguidores e imitadores de su obra. Bajo la tutela de su abuelo paterno, que era escultor en cera y madera, inició sus primeros pasos artísticos el joven Fortuny.

En 1852 marchó a Barcelona ingresando en la Escuela de la Lonja donde fue discípulo del maestro nazareno Claudio Lorenzale. Gracias a una beca se trasladó a Roma, ciudad que sería decisiva para el resto de su carrera artística, al realizar allí una enorme cantidad de dibujos y entrar además en contacto con la numerosa colonia de artistas españoles. En 1860, la Diputación de Barcelona le encarga marchar a Marruecos como cronista gráfico de la Guerra de áfrica, donde tomó apuntes para la realización de la Batalla de Wad-ras (Madrid, Museo del Prado) quedando desde entonces cautivado por el mundo árabe. Tras haber regresado a Italia establece su nuevo taller en Via Flaminia, alcanzando un enorme prestigio internacional gracias a la maestría y el virtuosismo de su pintura. En 1867 se casa en Madrid con Cecilia de Madrazo, hija del gran maestro Federico de Madrazo, y entra entonces en contacto con el círculo de su cuñado Raimundo de Madrazo. Ese mismo año realiza una de sus grandes obras maestras, La vicaría (Museo de Arte Moderno de Barcelona), provocando la obra de inmediato un enorme éxito desde el momento de su exposición.

En esos años, hace nuevos viajes, visitando Sevilla y Granada, ciudad que recorre en compañía de dos de sus amigos íntimos: el paisajista Martín Rico y Joaquín Agrasot. Tras pasar una temporada en Portici, contrae la malaria, que será el origen de la enfermedad que provoca su prematura muerte en Roma, en 1874.

Raimundo Madrazo (1841-1920)

Raimundo Madrazo (1841-1920)
Jardín de la casa de Fortuny
Mariano Fortuny Marsal, Raimundo de Madrazo y Garreta
1872. Óleo sobre tabla, 40 x 28 cm.

Nacido en Roma, fue discípulo de su padre Federico y de su abuelo José de Madrazo, estudiando además en la Academia de San Fernando, donde tuvo como maestros, entre otros, a Carlos Luis de Ribera y a Carlos de Haes. Desde 1860 residió en París donde fue alumno Leon Coignet. Participó en la Exposición Universal, aunque no tuvo necesidad de hacerlo en las Nacionales de Madrid, ya que desde joven gozó de un enorme prestigio respaldado por su apellido y su excelente técnica.

Raimundo Madrazo es considerado, ante todo, como uno de los más consumados retratistas de su generación, digno sucesor de su padre Federico, aunque de un realismo más minucioso y elegante, a veces frívolo, que constituyó la clave de su éxito entre la clientela burguesa de su tiempo.

Siempre con un completo dominio de los recursos pictóricos y una delicadeza cromática de gran refinamiento, su obra gozó de un notable reconocimiento en Francia, donde obtuvo la primera medalla y el nombramiento de oficial de la Legión de Honor por su participación en la Exposición Universal de París de 1889.

Martín Rico (1833-1908)

Martín Rico (1833-1908)
Alcalá: orillas del Guadaira
Martin Rico y Ortega
Acuarela sobre papel, 30x46 cm.

Paisajista madrileño nacido en El Escorial, Martín Rico fue alumno de Liceo Artístico y Literario desde los doce años y más tarde discípulo del pintor Vicente Camarón, quien le iniciaría en el género del paisaje. Hermano del grabador Bernardo Rico, estudió en la Academia de San Fernando, concurriendo entre 1858 y 1867 a las diversas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes con notable fortuna.

Tras haber sido pensionado por el Gobierno para estudiar en el extranjero se trasladó a París en 1859, donde sus obras figuraron en diversos Salones. Regresó a España tras el estallido de la guerra franco-prusiana, viviendo en Madrid varios meses y trasladándose después a Granada, donde entra en contacto con Fortuny. A partir de entonces, su arte se verá influido intensamente por el maestro catalán, al que acompañó en un viaje por toda Italia, quedando fascinado por Venecia. En 1878, organizó junto a Raimundo de Madrazo la instalación de la sala Fortuny en la Exposición Universal de París. En los últimos años de su vida, publicó su autobiografía, escrita por consejo del gran paisajista Aureliano Beruete.
Rico es considerado el paisajista español más importante dentro de la estela del preciosismo fortunyesco. Tras sus inicios realistas, en los que se advierte claramente la huella de la Escuela de Barbizón, evolucionó hacia una técnica extremadamente depurada, gracias a sus extraordinarias dotes para el dibujo preciso y a su exaltada visión del color, tan del gusto de la época sobre todo en sus infinitos panoramas de la ciudad de Venecia.

Ramón de Errazu

Ramón de Errazu
Ramón de Errazu
Raimundo de Madrazo
1879. Óleo sobre tabla, 224 x 96.5 cm.

Apenas conocido hoy a pesar de la proyección que tuvo en vida como rico propietario y persona amante de las artes, Ramón de Errazu y Rubio de Tejada perteneció a una familia de grandes empresarios españoles que hicieron fortuna en México.

Procedente de una familia oriunda del País Vasco, Ramón de Errazu nació el 28 de julio de 1840 en San Luis de Potosí (México), donde se había establecido su padre tras entrar en los negocios emprendidos por el suyo, Cayetano Rubio. El abuelo de Ramón, Cayetano, había sido uno de los fundadores de la industria mexicana textil y salinera, y fue el primero de la familia que ejerció el mecenazgo de las artes.

El padre de Ramón, igualmente próspero comerciante, había establecido su residencia en México, en la ciudad en la que nacería su hijo, San Luis de Potosí, pero cuando Ramón contaba 12 años decidió instalar su residencia en París. Allí, Ramón siguió los usos de la clase social más prominente, cultivando desde joven el gusto por lo refinado que le caracterizaría en sus aficiones y de forma muy evidente en el vestir.

Desde muy joven, Ramón se introdujo en la empresa familiar contribuyendo al asentamiento del negocio salinero con continuos viajes a México. Sin embargo, la mayor parte del tiempo lo pasaba en París donde formaba parte de la cúspide del grupo social más adinerado entre los hispanoamericanos afincados en la capital francesa. Siguiendo los usos burgueses, adquirió una bodega propia, era aficionado a los caballos y perteneció al club parisino más distinguido de la época. Su interés por la pintura podría deberse también a la consideración del coleccionismo como otro rasgo de distinción social pero parece indudable que su amistad con Raimundo de Madrazo y con su cuñado, también coleccionista, tuvieron una influencia decisiva tanto en su gusto como en la formación de su colección.
Ramón de Errazu murió en París el 17 de octubre de 1904. Ramón había designado a su hermano Luis como heredero universal, nombrándole también su albacea testamentario, pero a la muerte de éste la fortuna de la familia se dispersó. Además del retrato del propio Ramón de Errazu, en el Prado se conserva el de la otra hermana mayor de la familia, Manuela de Errazu, legado por el hijo de ésta, Joaquín Irureta Goyena, y pintado también por Madrazo.

El legado Errazu

El legado Errazu
La perla y la ola
Paul Baudry
1862. Óleo sobre lienzo, 83.5 x 178 cm.

Los motivos del coleccionista para legar este excepcional conjunto de su colección al Prado parecen diversos. Por un lado, Errazu conocía bien el Museo a través de sus visitas al director del mismo, Federico de Madrazo (padre de Raimundo), y sabía que Fortuny no estaba entonces representado en la pinacoteca, como tampoco la pintura francesa de la segunda mitad del siglo XIX. Además, el legado era coherente con la profundidad de su vínculo con España, aunque hubiera vivido en ella mucho menos que en México o Francia. El prestigio y solidez que caracterizaban al Museo del Prado pudieron ser otra de las razones por las que Errazu decidió legar las obras a esta pinacoteca.

La colección se expuso por primera vez en el Prado el 16 de mayo de 1905 en un espacio que pasó a denominarse Sala Errazu (el gabinete ochavado situado en el ángulo sudoccidental del edificio de Villanueva, hoy sala de escultura) y al que la prensa más especializada calificó como "verdadero santuario del arte moderno".

En 1971 las obras del legado pasaron a exponerse en las salas del Casón del Buen Retiro, integradas con el resto de la colección de pinturas del siglo XIX que conserva el Museo. Su regreso a las salas del Museo con motivo de la exposición que ahora se presenta supone la primera oportunidad de volver a contemplarlas como conjunto.

Además de la importancia de las obras en sí, hay que destacar que todas se legaron enmarcadas conforme a los criterios del coleccionista, que había encargado los marcos en París con especial cuidado en la elección de sus materiales. Por ejemplo, muchos de los marcos, incluido el que lleva Desnudo en la playa de Portici, son de madera de ébano. Otra característica que demuestra el exquisito trato dado por Errazu a su colección es la colocación de placas de bronce, con el nombre del artista y título de la obra grabados en el reverso, cubriendo las traseras de todas las obras de pequeño formato.

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