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Escalante, Juan Antonio de Frías y

La prudente Abigail

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Escalante, Juan Antonio de Frías y

D. G. L.

(Córdoba, 1633-Madrid, 1669). Pintor español. Desde muy joven trabajó en Madrid junto a su maestro Francisco Rizi, aunque el tratadista y biógrafo Palomino registre su primer aprendizaje artístico en su ciudad natal. Su labor se desarrolló en la corte, aunque sabemos de un trabajo en la catedral de Toledo junto a su maestro, con quien durante toda su vida se mantuvo muy vinculado, por lo que a la hora de su temprana muerte, nombró a Rizi su testamentario. La brevedad de su existencia le impidió desarrollar una madurez artística que auguraba grandes logros, como ya esperaban sus contemporáneos. Palomino cita su pericia como dibujante y la admiración que el artista profesaba por los venecianos, especialmente dirigida hacia Tintoretto y Veronés. De este último recogerá el refinamiento y la elegancia de sus composiciones y personajes, quienes siempre aparecen ataviados con riquísimas indumentarias que realzan su magnificencia. Todas estas características se aprecian en la serie pintada para la sacristía del convento madrileño de la Merced Calzada. Escalante compuso para ella, entre 1667 y 1668, diecisiete lienzos sobre temas del Antiguo Testamento relativos a la prefiguración del misterio de la eucaristía. En ellos se aprecia la admiración por las composiciones horizontales con un punto de vista bajo, tan teatrales y características del maestro de Verona que, del mismo modo que a éste, sirven a Escalante para desarrollar una variedad de logrados escenarios arquitectónicos. Igualmente se ha apreciado el conocimiento de las obras de Rubens, a veces a partir de estampas, que Escalante utilizó para sus lienzos. Otra de las referencias inexcusables para él será Tiziano. Palomino llega a afirmar que su Cristo muerto del convento de Clérigos Menores de Madrid alcanza tal grado de perfección que «parece de Tiziano», alabándolo como la obra en la que el artista «se excedió a sí mismo». Seguramente se trata de la obra del Museo del Prado, al que llegó por compra en 1910, y, sin duda, su obra capital, en la que la pincelada ligera, delicada, casi transparente, tan representativa del autor, alcanza cotas de mayor delicadeza, en la que se manifiesta el supremo ejemplo de Tiziano filtrado por el elegante clasicismo de Cano. No hay que olvidar que este último había convertido sus interpretaciones de Cristo muerto en auténticas lecciones de desnudo, pleno de contención, mesura y equilibrio, en las que la carne se convierte en vehículo expresivo, características todas que supo recuperar y aplicar Escalante a su propia creación. En total son veinticuatro los lienzos de Escalante pertenecientes al Museo del Prado, la mayoría procedentes de distintos conventos madrileños, y llegaron al Prado tras su paso por el Museo de la Trinidad. Tres de las telas eran de las colecciones reales, mientras que otras tres entraron en el Museo a través de compras o donaciones rea­lizadas a lo largo del siglo XX.

Obras

Bibliografía

  • La pittura madrilena del secolo XVII, cat. exp., ­Roma, Carte Segrete, 1991, n.os 44-45.
  • Valdivieso González, Enrique, «Dos pinturas iné­ditas de Escalante», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, vol. xli, Valladolid, 1971, pp. 495-497.
  • Lafuente Ferrari, Enrique, «Escalante en Navarra y otras notas sobre el pintor», Príncipe de Viana, Pamplona, 1941, pp. 8-43.
  • Buendía, Rogelio, «Sobre Escalante», Archivo Español de Arte, n.º clxxv, Madrid, 1970, pp. 33-50.
  • Velázquez, Rubens und Lorrain, Malerei am Hof Philipps IV, cat. exp., Bonn, Bundesrepublik Deutschland Museum, 1999, n.º 63.
  • Pintores del reinado de Felipe IV, cat. exp., Madrid, Museo del Prado, 1994, n.os 31-32.
  • Carreño, Rizi, Herrera y la pintura madrileña de su tiempo (1650-1700), cat. exp., Madrid, Museo del Prado, Ministerio de Cultura, 1986, n.os 140-142.
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