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Leonardo, Jusepe

Calatayud (Zaragoza), 1601 - Zaragoza, ca. 1653

De ascendencia judía, era hijo de Domingo Chabacier y Juana de Solimón, y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Andrés de Calatayud el 21 de marzo de 1601. Su primer apellido, que empleó a lo largo de toda su vida, proviene del sobrenombre con el que era conocida la familia paterna desde su abuelo Leonardo Chavaciel.
Se trasladó con su padre a Madrid muy joven, con tan solo once años, en torno a 1612, y algún tiempo después ingresa como aprendiz en el taller de Pedro de las Cuevas, viviendo en su casa entre 1616 y 1621. Además, el tratadista Jusepe Martínez nos informa de su aprendizaje junto al pintor Eugenio Cajés, un dato que, aunque no está probado documentalmente, concuerda con el estilo de Leonardo en sus obras más tempranas. En 1621 se casa en la iglesia parroquial de San Sebastián con María de Cuéllar, natural de Esquivias (Toledo), ocho años mayor que él y viuda del también pintor Francisco del Moral, que había fallecido en 1615.
Su primer encargo conocido son las pinturas para el retablo mayor de la iglesia de Santiago en Cebreros (Ávila), firmadas por el artista y realizadas en 1625. Este retablo fue costeado en su totalidad por Bartolomé Sánchez -familiar del Santo Oficio- y su mujer, Inés Fernández, naturales de la villa de Cebreros. En esta obra Leonardo se muestra ya como un artista plenamente formado, con un estilo basado en los modelos de Cajés y Carducho, y ciertos planteamientos tenebristas que irán dando paso, con el devenir de los años, a una paleta más colorida influida probablemente por su contacto con Velázquez y la pintura veneciana.
El pintor y su mujer establecieron un censo el 11 de noviembre de 1632 a favor de la fábrica de la iglesia de Santa María de la Almudena, sobre la casa que habían adquirido en la calle de las Huertas el 23 de agosto del año anterior y sobre otras tierras y propiedades del matrimonio. En ese mismo año Leonardo recibe el encargo para realizar la decoración del monumento de Semana Santa de la iglesia de Santa María, tarea para la que contó con la ayuda de su taller. En 1633 continúan los encargos para la misma iglesia, con el contrato junto al escultor Manuel Pereira de una talla policromada de un Santo Cristo, además de la pintura de una Flagelación de Cristo y una Oración en el Huerto para incorporar al monumento de Semana Santa. Leonardo se mantendrá vinculado con la fábrica de Santa María durante los años siguientes, al frente de las pinturas de sus construcciones efímeras religiosas, por las que recibe nuevos pagos en 1638 y 1639.
Desde mediados de la década de 1630, el pintor está muy relacionado con las obras reales, encargado de la decoración del Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, participando con dos grandes escenas de batallas, la Rendición de Juliers (Museo del Prado, P858) y el Socorro de Brisach (Museo del Prado, P859). Estas pinturas, junto con el resto de los cuadros de acontecimientos bélicos realizados por Maíno, Velázquez, Carducho, Zurbarán, Pereda, Cajés y Castelo, fueron contratadas en 1634 y estaban terminadas para el mes de abril de 1635. Poco después debió de contratarse la serie dinástica de los retratos de Reyes Godos, destinados también muy probablemente al Palacio del Buen Retiro. En esta ocasión se contó de nuevo con Jusepe Leonardo, que hizo el retrato de Alarico (Museo del Prado, P3391). La conformidad con el resultado de las pinturas de Leonardo tuvo que ser muy alta, si tenemos en cuenta que el artista continúo trabajando en los proyectos decorativos de los años siguientes en la corte, junto a los principales pintores de su tiempo. Es el caso de la serie de retratos de los reyes de Asturias, León y Castilla, para la decoración del Salón Dorado del Alcázar, encargada a finales de 1639, en la que intervino pintando, según la propuesta generalmente aceptada, los retratos dobles sedentes de Berenguela y Fernando III, Alfonso X y Sancho IV, Fernando IV y Alfonso XI, y Pedro I y Enrique II, hoy perdidos.
En los mismos años, realizó cuadros con vistas de sitios reales y se dedicó también a la pintura mural. Con respecto a la pintura de sitios reales se le han atribuido con algunas dudas, desde las aportaciones de María Luisa Caturla en 1947 hasta nuestros días, dos vistas del Palacio del Buen Retiro, otra del Palacio de Aceca y varias vistas de casas de campo propiedad de la corona, fechables todas hacia 1637.
Leonardo trabajó también en varios proyectos de decoraciones murales, lo que nos da idea, junto con su dedicación a la pintura de arquitecturas efímeras, de la amplitud de sus conocimientos técnicos y la variedad de modalidades artísticas que practicó, más allá de la pintura de caballete. Sabemos por dos documentos notariales, publicados por el marqués del Saltillo, que Leonardo se comprometía en 1635 a pintar la pieza baja de la ermita de San Jerónimo, en los jardines del Buen Retiro, aunque documentos posteriores demuestran que el proyecto finalmente no llegó a realizarse. Sí que debieron de concluirse las pinturas murales de la Capilla Real del Alcázar, en la que tal y como cuenta Pedro de Madrazo en su catálogo del Museo del Prado en 1872, Félix Castelo pintó la bóveda de la primera pieza y Leonardo la de la segunda, a partir de 1641, según documentos vistos por el historiador en el Archivo de Palacio. Estas obras de Leonardo, a las que se suman las pinturas del relicario situado bajo la Capilla Real, terminadas por Angelo Nardi, se perdieron en el incendio de 1734.
En paralelo con sus trabajos para la corte y la iglesia de la Almudena, Jusepe Leonardo está documentado como artista al servicio del arzobispado de Toledo en la misma década de 1630, una labor que queda reflejada de forma excepcional en las pinturas que hizo para el retablo mayor de la iglesia parroquial, hoy catedral, de Santa María Magdalena de Getafe, así como las del retablo mayor de La Torre de Esteban Hambrán (Toledo), ambas contratadas en mayo de 1639.
Siguió trabajando en Madrid aproximadamente hasta 1648, cuando se le manifestó una enfermedad mental que le llevaría al internamiento en el Hospital de Zaragoza, donde permanecería hasta su muerte. En sus obras desarrolló un estilo muy personal, de exquisito colorista, dotado de sensibilidad y distinción verdaderamente singulares.
Además de las obras ya referidas, es necesario destacar otras pinturas conservadas en el Museo del Prado de gran calidad como el Martirio de San Sebastián (P67) que, procedente del palacio de La Granja, constituye un bello desnudo construido a base de finísimas capas de color. Por su parte, El nacimiento de la Virgen (P860) fue adquirido en 1864, mientras que la Degollación de san Juan Bautista (P2229) procede del Museo de la Trinidad (García López, D. en Enciclopedia del Museo del Prado, 2006, tomo IV, p. 1393 y Cueto Martínez-Pontrémuli, J. L., "Jusepe Leonardo y la decoración de arquitecturas efímeras en la iglesia de Santa María la Real de la Almudena", Philostrato. Revista de Historia y Arte, 9, 2021, pp. 79-109).

Obras (8)

Alarico, rey godo
Óleo sobre lienzo, Hacia 1635
Leonardo, Jusepe
El martirio de San Sebastián
Óleo sobre lienzo, Hacia 1637
Leonardo, Jusepe
Degollación de San Juan Bautista
Óleo sobre lienzo, Hacia 1637
Leonardo, Jusepe
Rendición de Juliers
Óleo sobre lienzo, 1634 - 1635
Leonardo, Jusepe
Socorro de Brisach
Óleo sobre lienzo, 1634 - 1635
Leonardo, Jusepe
El Nacimiento de la Virgen
Óleo sobre lienzo, Hacia 1642
Leonardo, Jusepe
San Isidro labrador
Aguada parda sobre papel verjurado, amarillento, Primera mitad del siglo XVII
Leonardo, Jusepe
La rendición de Juliers
Aguada parda sobre papel amarillento, 1634
Leonardo, Jusepe
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