Amadeo I
1872. Óleo sobre lienzo, 235 x 149 cmNo expuesto
Amadeo I (Turín, 1845-1890), el rey efímero -como le denominaría años después el conde de Romanones-, fue elegido monarca constitucional de los españoles el 16 de noviembre de 1871 en el Congreso de los Diputados, después de un largo y complejo proceso diplomático internacional que tuvo lugar tras el destronamiento de Isabel II (1830-1904) en 1868, y que hizo recaer la Corona de España en la Casa de Saboya. El mejor defensor de su candidatura, el general Juan Prim (1815-1870), fue asesinado poco antes de la llegada del rey italiano a España, que se encontró sin valedor alguno ante la creciente antipatía que el pueblo manifestaba por el monarca extranjero. Su breve reinado estuvo lleno de complicaciones, que incluyeron un atentado contra su persona en el verano de 1872. Así, Emilio Castelar (1832-1899) pidió al rey que entregase la Corona en el Congreso y llegó a conminarle para que regresase a su patria, no sea que tenga un fin parecido al de Maximiliano de México. En efecto, incapaz de solucionar la conflictiva situación del país, Amadeo renunció al trono el 11 de febrero de 1873, declarándose a continuación la Primera República. Vicente Palmaroli fue un leal servidor del nuevo rey durante los dos cortos años que éste permaneció en el trono. Atendió un encargo suyo para realizar un lienzo de gran tamaño que representaba su recepción en la corte que no se conoce e hizo también las veces de aposentador en el Palacio de Oriente, ocupándose de adecuar la decoración de los salones oficiales para sus nuevos inquilinos. Sin embargo, este retrato es la mejor representación del vínculo del pintor con los Saboya, y en él Palmaroli actuó como un retratista de corte sensible y original. En general, el modelo del retrato continuó los que pintaron Antonio Gisbert (Madrid, Universidad Complutense) o Carlos Luis de Ribera (Madrid, Banco de España), también de gran tamaño y de cuerpo entero, y que seguían a su vez un prototipo de representación del monarca con uniforme militar empleado desde el reinado de Fernando VII.
Retratado a los veintisiete años de edad, Amadeo de Saboya viste uniforme de gala de capitán general. Casaca azul turquí con cuello, vueltas, solapas y barras de grana; bordado en el cuello y en las carteras y barras, y tres órdenes del mismo sobre las vueltas de las mangas. Hombrera de doble cordón trenzado dorado. Calzón de punto blanco, con bota de montar con espuelas doradas. Faja de seda de color carmesí con borlas de oro y tres pasadores de lo mismo. Espada de ceñir. Lleva la Gran Cruz (banda y placa) de la Real y Distinguida Orden española de Carlos III además del Collar del Toisón de Oro, que ostenta de forma problemática, ya que tradicionalmente se consideraba una orden dinástica, pero el nuevo gobierno surgido de la Revolución lo consideró adscrito a la dignidad de rey de España independientemente de la dinastía que ocupase el trono. Junto a esas dos condecoraciones, los mayores honores premiales españoles, lleva otras dos que obtuvo durante las guerras de unificación italiana. Una es la Medalla de oro al valor militar que consiguió en 1866 “Por el brillante valor que demostró al moverse audazmente a la cabeza de su brigada para atacar las granjas ocupadas por el enemigo en Monte Croce, donde fue uno de los primeros en ser herido por una bala de fusil” y la otra es la Medalla conmemorativa de las Campañas de las Guerras de Independencia, que recibió en 1865. En la mano derecha sujeta los guantes blancos y un sombrero apuntado guarnecido con pluma blanca y galón de oro y presilla de cuatro canelones del mismo metal. A su derecha hay estrado cubierto por un paño de seda encarnada con bordados vegetales y florales donde se apoya un cojín de terciopelo rojo y bordados de oro sobre el que se apoyan la corona y el cetro real (bastón de España), (Proyecto catalogación elementos heráldicos y falerísticos, Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía).
La composición de Vicente Palmaroli es plásticamente más llamativa que las de otros retratistas de Amadeo, realizadas desde presupuestos todavía puristas, pues consciente de sus propias habilidades, el madrileño se concentra especialmente en recrear la suntuosidad palaciega con una pincelada jugosa, suelta y preciosista, sobresaliente en el lujoso telón púrpura del fondo, o en el tejido que cubre el bufete sobre el que está la corona, para potenciar de ese modo la condición regia del retratado. La figura del rey, sin embargo, está modelada con realismo y con un dibujo firme y correcto, que capta con mucha precisión su gris personalidad. No en vano se asocia tradicionalmente a esta figura un boceto preparatorio (Madrid, Museo Municipal), concentrado en las facciones del monarca italiano, que podría haberse empleado en la ejecución de esta pintura, aunque se ha dudado de que éste sea obra de Palmaroli.
G. Navarro, C., El rey Amadeo I de Saboya (1872). En Barón, J.: El retrato español en el Prado. De Goya a Sorolla, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, p.150, nº48