Apoteosis de Claudio
10 - 20. Mármol blanco, 183,7 x 125,5 cmSala 025
Conjunto formado por un águila sobre un grupo de armas que perteneció a un monumento de época de Augusto (27 a. C.-14 d. C.). Su hallazgo tuvo lugar en torno a 1645 en las proximidades de Marino, cerca de Roma, en unas propiedades pertenecientes a la familia Colonna donde había estado la antigua ciudad de Bovillae. En origen se pensó que en el lugar debía encontrarse una villa relacionada con el emperador Claudio (10 a. C-54 d. C), aunque posteriormente se produjo una interferencia con otros objetos, que ahora se sabe que no procedían de allí y se propuso la posibilidad de que la villa hubiera sido propiedad de Valerio Messalla Corvino (64 a. C-8 d. C), conocido general y compañero de armas del propio Augusto. De este modo se planteó que el conjunto fuera la cubierta de la propia urna funeraria del militar romano. Recientes investigaciones permiten afirmar que, en efecto, el lugar estaba vinculado con la gens Claudia, descartándose la relación con Corvino.
La escultura romana está compuesta por armas y armaduras amontonadas, que se han relacionado con las victorias imperiales, sobre las que se posa un águila con las alas abiertas. Su garra derecha sostiene un haz de rayos y su cabeza está echada hacia atrás y dirigida hacia arriba, siguiendo esquemas habituales. Las armas amontonadas pueden ser atribuidas a enemigos del norte y de oriente, así como a victorias en tierra y en mar, porque las representaciones helenístico-romanas mostraban el botín de las armas de los vencidos y también las de los vencedores.
En la parte delantera del montículo llaman la atención los símbolos de una victoria naval, junto a otros motivos marinos, como delfines, o el tridente de Neptuno decorando los escudos. Si se recuerda que la última y más famosa batalla naval de finales de la República fue la de Accio, Actium, en el 31 a. C., en la que Octavio, el futuro Augusto, derrotaba a Marco Antonio (83 a. C-30 a. C), resultaría plausible la referencia a esta batalla, tanto más cuando las obras de arte de la época augustea la evocaban con frecuencia. El significado del águila que corona las armas puede ser explicado a la luz de los monumentos de ese momento, que celebraban la batalla. Como mensajera de Júpiter, el águila otorga la victoria que, en el caso de las gemas, portando una rama o corona de palma en el pico, significa la victoria sobre las naves de Antonio o sobre el mundo (representado como un globo) que flota en las aguas de Accio. Por la misma razón, en las pompas triunfales los generales victoriosos llevaban el cetro de águila y las legiones usaban el águila como estandarte.
Tras el hallazgo arqueológico, y por encargo del cardenal Girolamo Colonna (1604-1666), el escultor Orfeo Boselli (1597-1667) realizó modificaciones en la base y añadió sobre el águila una representación del emperador Claudio formada por una cabeza antigua, a la que añadió una corona radial y un busto con égida y manto, encajándola sobre el águila de un modo nada frecuente en el mundo de la estatuaria clásica. Boselli seguiría los dictados de estudiosos de su tiempo que, inspirándose tanto en fuentes literarias como en otras representaciones similares, dio lugar a una deificación o apoteosis del emperador, el nombre con el que se conoció el grupo a partir de ese instante. El propio artista señalaba como rasgo de distinción, que había sido elegido para esta tarea “con el consentimiento de las personas más eruditas para restaurar la estatua de emperador Claudio deificado sobre un águila y trofeos de los señores Colonna”.
La iconografía antigua no conoce la combinación del águila de la apoteosis con el montículo de armas y su significado original está relacionado, más bien, con la victoria militar. Las armas amontonadas son parte de los trofeos antiguos, monumentos de la victoria que se levantaban en el punto crucial del campo de batalla, donde el vencido había iniciado la huida. Como signo bien visible se amontonaban en este punto las armas abandonadas durante la batalla y se levantaba un tronco de árbol con otras armas colgadas.
Antes de la restauración de 1999 no era posible saber con exactitud, si el águila pertenecía originalmente al monumento, o si entonces en su lugar se encontraba un tronco de árbol con armas colgadas, un tropaion. La restauración descubrió que la parte antigua, debajo de la garra derecha del águila, ajustaba con el encaje de las armas que, además, presentaba rasgos de pátina muy antigua, mostrando que el águila es parte de la escultura originaria.
El éxito del grupo, labrado con gran calidad técnica, rehecho con esa nueva idea, vino reforzado al grabarse en 1657 por Giovanni Battista Galestruzzi (1618-1677), inaugurando la fortuna de una reproducción gráfica que se reiterará tanto en la segunda mitad del siglo XVII como a lo largo del siglo XVIII (G3062, G5982), en los grandes repertorios de las más famosas esculturas romanas, con lo que se subrayaba su singularidad y su importancia. El hecho terminó por convertirlo en fuente de inspiración de artistas de toda Europa, desde Bernini a Canova.
La obra pasó a formar parte de la colección real española, a través del regalo que el cardenal Girolamo Colonna hacía al rey Felipe IV (1605-1665) durante su visita a España en 1664 para acompañar a la infanta Margarita (1651-1673) a su matrimonio con el emperador Leopoldo I de Austria (1640-1705) en Viena. La identificación del águila con uno de los emblemas característicos de la monarquía de los Habsburgo, como ya era tradicional desde el siglo XVI y la corona solar, otro de los símbolos personales del “Rey Planeta” hicieron del grupo un objeto muy adecuado para convertirlo en el perfecto presente diplomático.
En torno a esas mismas fechas o poco tiempo después, posiblemente también como un regalo del mismo carácter, llegaría a España el gran pedestal (E225/2) que se ha atribuido a Andrea Calamecca (1524/1525-1589) y que éste realizaría por encargo de Alberico Cybo Malaspina (1532-1623), príncipe de Massa y marqués de Carrara, decorado con emblemas de su familia, de nuevo con figuras de águilas y con vistas de las ciudades de Massa, Carrara, Moneta y Laveza (hoy Avenza), representadas en sus lados. Desde el inventario del Alcázar de 1686 este pedestal aparece asociado al grupo de la Apoteosis y colocado como base de la misma formando un conjunto.
En el siglo XVIII se perdía el busto de Claudio que había modificado Bosselli y así se señalaba en el reconocimiento de la obra que llevaba a cabo el escultor Felipe de Castro (1711-1775) en 1773. En el reinado de Carlos III (1716-1788) cuando se encargaba a Roberto Michel (1720-1786) que hiciera una nueva cabeza del águila a partir de los modelos de bronce pertenecientes a las águilas que enmarcaban los antiguos espejos del Salón del Alcázar. Asimismo, en el memorial que la viuda de este escultor dirigía al rey, tras su fallecimiento en 1786, solicitando una pensión, se indicaba que su esposo había hecho “el nuevo busto del emperador, que le faltaba” para el que utilizaría como fuente de inspiración las estampas que reproducían la creación de Boselli.
La constatación documental permite afirmar que, a partir de ese momento, el conjunto ha permanecido inalterable en su aspecto general y el busto conservado (E643) es el realizado por Michel en 1785. Por una inexplicable serie de interferencias se terminó por adjudicar su hechura a una intervención del escultor Valeriano Salvatierra (c. 1788-1836), fechándolo hacia 1830, sin que exista ninguna prueba de tal hecho, aunque sí es muy probable que efectuara en él trabajos de restauración, como en tantas otras obras de la colección, tras su llegada al Museo. En 1999 se retiraba el busto, dejando el conjunto con sus dos partes, el pedestal del siglo XVI y el grupo de los trofeos y el águila. (Texto extracto de Manuel Arias, La Apoteosis de Claudio, e.p.)