Bodegón con cuenco de cerámica azul y blanco con fruta y jarreta de agua sobre una mesa
1656. Óleo sobre tabla, 54,5 x 75 cmNo expuesto
Cerca del borde de una mesa de madera se disponen, de izquierda a derecha, un limón a medio pelar; dos peras cuyos pedúnculos parten de un tallo común, sobre el que se posa una mariposa; media pera cortada; un cuchillo cuyo mango rebasa el límite de la mesa; una uva; dos ciruelas y una jarrita llena de líquido, muy probablemente agua. En un segundo plano, y protagonizando la composición, aparece un gran cuenco cerámico blanco, con decoración azul. Su textura y sus motivos decorativos evocan la porcelana china, aunque, como ocurre en otros bodegones de Camprobín, muy probablemente es una adaptación personal del artista. El interior del recipiente contiene una amplia variedad de frutas, que incluye las mismas que aparecen sobre la mesa, además de manzanas, higos y otros tipos de uva. Desde la parte superior derecha del cuadro, una mariposa se aproxima al festín.
La obra está firmada por Pedro Camprobín, que fue el pintor de bodegones activo en Sevilla más prolífico entre los que trabajaron en las décadas centrales del siglo XVII, sobre todo a raíz de la muerte de Juan de Zurbarán en 1649. Dentro de su producción, este cuadro destaca porque sus elementos se encuentran representados a una escala mayor, y, sobre todo, porque está pintado sobre tabla, algo inusual no sólo en el catálogo de Camprobín, sino también en el del resto de sus colegas españoles que se dedicaron al género.
Uno de los pocos precedentes de uso de este tipo de soportes por parte de un bodegonista español es Frutas y pájaros, con un paisaje (Patrimonio Nacional, Monasterio de El Escorial), firmado por Juan Van der Hamen en 1621. Además del material, comparten el hecho de que en ambos casos evocan modelos compositivos de Flandes, donde era habitual el uso de este soporte. En el caso de Camprobín, Peter Cherry ha señalado las dependencias entre la presente obra y piezas del pintor flamenco Jacob van Hulsdonck (1582-1647), que también gustó incluir piezas de porcelana en sus obras, y representaba las frutas en ocasiones de una forma cercana a cómo lo haría Camprobín aquí. La influencia de esos modelos y el hecho de que el soporte sea madera (que da unas calidades, brillos y texturas diferentes a las del lienzo) contribuyen a que el conjunto sea lumínicamente más nítido y brillante, y los objetos estén descritos de manera más individualizada y con una textura más aporcelanada.
Dentro de este conjunto con tantos ecos flamencos, aporta una nota de color local el búcaro que aparece a la derecha, un tipo de jarrita de barro rojo que en España solía proceder o bien de Estremoz (Portugal) o de México. Eran piezas muy apreciadas, que con frecuencia se custodiaban en “escaparates” o “aparadores”, y cuyo uso estaba dotado de unas connotaciones sociales similares a las de la prestigiosa porcelana. No fue la única ocasión en que Camprobín utilizó (a veces simultáneamente) búcaros y recipientes que evocan la porcelana en sus cuadros, pues aportaban variedad cromática y de texturas, y connotaciones lujosas.
Portús, Javier, 'Pedro de Camprobín. Bodegón con cuenco cerámino azul y blanco, 1656'. En: Memoria de Actividades 2022, Ministerio de Cultura y Deporte, 2023, p.68-70