Interior de una casa de un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate
1866. Óleo sobre lienzo, 84 x 65 cmSala 060
Según el propio pintor, el asunto es el siguiente: “Cuadro de costumbres de Aragón, en el cual he tratado de dar idea del interior de las habitaciones y del uso, muy generalizado en ciertos puntos entre las mugeres [sic] del pueblo, de jugar el chocolate a las cartas a la hora de la merienda”. En efecto, estamos ante una escena que solo se daba los días de fiesta y que ya había sido ensayada por el pintor en un dibujo, grabado en 1865 (Las jugadoras, escenas de costumbres de Aragón en El Museo Universal, 23-7-1865). Pero aquí la escena no se ambienta al aire libre, sino en un interior, como también había recogido el poeta Gustavo Adolfo: el ama del cura, la alcaldesa, la cirujana y alguna labradora acomodada juegan al chocolate y los esponjados al amor de la lumbre. Valeriano repite algunas figuras presentes ya en el dibujo, como la mujer recostada en el primer término, que presenta el mismo peinado, y un mozo mirando, de pie, al fondo, también con su manta listada.
Como ya se ha estudiado (Bernard 2021, p. 67), el pintor fue muy preciso con las vestimentas. Así, la mujer recostada muestra un peinado de picaporte con aguja, en el cual el moño se sujeta con una aguja también llamada “rascamoño”, representada con especial precisión. La niña que hay encima, y que está batiendo el chocolate, lleva un justillo o jubón; la anciana presenta una abertura en su falda, posiblemente para la faltriquera, y calza unas humildes abarcas.
La precisión del artista alcanza también al resto de detalles de la escena. En el suelo, las piedras o tantos se distribuyen en función de las cuatro jugadoras. Al lado se observa la taza manchada de chocolate o el plato con la vianda que ya ha sido mojada. El fondo está también mostrado con mucho esmero, como en la ristra de ajos que cuelga de una de las vigas del hogar o fuego y en los recipientes cerámicos que quedan por encima de este.
A pesar de su tamaño, Valeriano consigue crear una gran profundidad, mediante el dominio de las luces y la correcta presentación de los elementos arquitectónicos. Hasta tal punto que esta escena es una de las que presenta una composición más compleja dentro de su reducido catálogo pictórico. La obra ha sido conocida también como El chocolate y, a diferencia de su pareja y de otras pinturas del conjunto, ha tenido menor fortuna crítica, pues apenas ha sido reproducida ni copiada ni grabada.
Martínez Plaza, Pedro José, 'Valeriano Domínguez Bécquer. Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate'. Los Bécquer, un linaje de artistas, Sevilla, Consejería de Cultura y Deporte, Junta de Andalucía, 2025, p.198 nº62