Jeroglífico enviado a José Gómez de Arteche: parte tercera
1850 - 1870. Tinta parda, Pluma sobre papel avitelado, 300 x 200 mmNo expuesto
Se trata de una carta formada por tres hojas numeradas, escrita en su totalidad con jeroglíficos, y que el artista dirigió a José Gómez de Arteche y Moro de Elexabeitia (1821-1906), militar, geógrafo e historiador. Supone uno de los testimonios más evidentes de la afición de Federico por este tipo de escritura, compartida con determinados familiares y amigos, y de la que se conservan algunos ejemplos en forma de dibujo (como en el Álbum Ouradou de colección particular) y en diversas cartas, aunque en este último caso los jeroglíficos suelen aparecer como adicción al texto, o intercalados con este. Los diferentes símbolos y palabras están dispuestos según su rima, componiendo cada línea un verso, cada hoja una estrofa y las tres hojas unidas un pequeño poema. Al dorso de todas ellas Arteche añadió la traducción de todos los signos y figuras, que también escribió en verso, respetando así la ordenación y el sentido dado por su amigo. El contenido hace alusión a la invitación para acudir a una cena que recibió el artista por parte de un vate celebérrimo, posiblemente Mariano Roca de Togores (1812-1889), Marqués de Molins desde 1848. De hecho, el retrato de éste aparece en el penúltimo verso de la primera hoja, y el propio Madrazo añadió a lápiz una nota en la parte inferior de la misma identificando este personaje, destacado poeta del Romanticismo español, a quien el artista retrató en varias ocasiones.
Arteche debía encontrarse entre los invitados y por eso Madrazo le hizo llegar su propia opinión a través de este poema en forma de jeroglífico. La amistad entre ambos está documentada gracias a las agendas-diario del artista, donde su nombre aparece a menudo desde 1862. Estas menciones evidencian una relación cercana, que resulta fundamental para entender el envío de esta carta y su propia forma y contenido. La carta permite conocer el lado más privado del artista, donde él se expresaba con libertad, al igual que en buena parte de su epistolario. A diferencia, por ejemplo, de las cartas enviadas a Valentín Carderera o a otros de sus amigos, en este caso Madrazo recurre a la ironía mediante un lenguaje diferente y llega a definirse a sí mismo como el más escuálido de los hispanos cónsules a través del dibujo de tres figuras masculinas vestidas a la antigua, una de las cuales aparece tocando una guitarra (Texto extractado de Martínez Plaza, P. J. en: Memoria de Actividades 2015, Museo Nacional del Prado, 2016, pp. 122-124).