Retrato de joven desconocida
1567 - 1570. Óleo sobre tabla, 26 x 28 cmEn exposición temporal
Nada se sabe sobre la identidad de esta dama joven, de poco más de quince o dieciséis años, vestida con “ropa de camino” o de viaje, como sugieren el bohemio forrado de piel (lince probablemente) y el manguito guarnecido con piel marrón (tal vez marta cibelina). En 1858, cuando se incluyó en el catálogo del Museo del Prado, Pedro de Madrazo sugirió que pudiera representar a “una de las hijas de Felipe II”, una propuesta que no ha tenido demasiada aceptación, aunque el retrato pueda ponerse en paralelo con los de las hijas del rey de ese período. Se trata, sin duda, de una joven del entorno cortesano, ricamente vestida y con unos rasgos que mantienen el ideal de belleza femenina del momento: ojos grandes y almendrados, boca pequeña y de delicado trazo, con las comisuras sutilmente elevadas, piel nívea, sonrosados pómulos y un cuidado aliño capilar, característico de los años finales de la década de los sesenta que resalta, junto al alto cuello que envuelve la nuca, el óvalo facial.
En 1990, con motivo de la exposición dedicada en el Prado a Alonso Sánchez Coello, la obra fue sometida a un primer estudio técnico, al tiempo que Stephanie Breuer-Hermann fundamentó la atribución al retratista español y propuso una fecha de realización (1567) que creo puede abrirse ligeramente, atendiendo a las similitudes formales que la estudiosa puso en relación con los retratos de Ana de Austria.
Breuer-Hermann sugirió identificar este retrato con el descrito en el inventario de pinturas de la testamentaria de Carlos II, advirtiendo erróneamente que no constaban las dimensiones. En la transcripción de Gloria Fernández Bayton se dice: “Ottra [pintura] de Vara y media de alto y Uara de ancho retrato de Vna estranjera con Vn ropon o Sobre ropa Original de Alonso Sanchez Con marco dorado y negro tasada en cinco doblones”, por lo que ni la descripción (nada se dice del manguito y nada hay en este rostro que sugiera la condición de extranjera de la joven) ni las medidas, excesivamente grandes (126 x 84 cm), corresponderían con esta obra. Y ello a pesar de que las dimensiones originales de este retrato fueron mayores. Las dimensiones del busto —la cabeza mide aproximadamente quince centímetros—, el escaso fondo que la circunda, la disposición y recorte del manguito, así como el modo en que fue reforzado el soporte, indicarían que la composición original pudo ser de media figura o tal vez incluso de tres cuartos.
En 2007 Maria Kusche engrosó el catálogo de Sofonisba Anguissola con cuatro retratos, este incluido, que identificó con Ana de Mendoza, princesa de Éboli (1540-1592), aduciendo el parecido con otros retratos de la princesa que, en mi opinión, no dejan de ser efigies idealizadas que siguen cánones de la época. Tampoco comparto la atribución a Sofonisba de ese grupo de retratos. En el caso de esta pequeña obra del Prado, creo más acertadas las apreciaciones de Breuer-Hermann, quien llamó la atención sobre el carácter privado de la composición, cuya originalidad creyó percibir en la expresión de la retratada —sin la distancia habitual de los retratos cortesanos— y en la disposición del manguito, sostenido delante del pecho y no entre las manos y a la altura del talle. Describió además con acierto los aspectos fundamentales que vinculan el retrato con Sánchez Coello, con un equilibrado uso de la pincelada suelta para la construcción del bohemio, la transición tonal del rostro o la apreciación cuidadosa de los detalles, sin llegar a la prolijidad de los flamencos ni tampoco poseer, y esta es apreciación mía, la caligrafía minuciosa de la cremonesa, como se aprecia en los cabellos o en la vestimenta.
El carácter del retrato, imbuido de las fórmulas cortesanas, pero interesado en proyectar una cierta cercanía y enfatizar la belleza de la joven, apuntaría en mi opinión a pensar en alguna de las damas de corte, aquellas que compartieron una parte de su vida con Sofonisba Anguissola, al tiempo que esperaban al candidato adecuado para contraer matrimonio. Un retrato como este serviría de hermosa carta de presentación, aunque no creo que en este caso fuera Sofonisba la autora de la efigie.
Ruíz Gómez, Leticia, 'Alonso Sánchez Coello. Joven desconocida' En:. En: Historia de dos pintoras: Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana, Madrid, Museo Nacional del Prado,, 2019, p.164 nº 34