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Mujeres artistas I

Lola blanco

En la planta baja del Museo del Prado, entrando en el edificio Villanueva desde la puerta de los Jerónimos, como si fueran esculturas sacras en el ábside de la sala, nos reciben las Musas cuyo mármol contrasta bellamente con el rojo del estuco de las paredes.

En la mitología griega las musas eran divinidades inspiradoras de la música, la poesía, las ciencias y las artes. Eran hijas de Zeus y Mnemósine, diosa de la memoria. Cada una recibía al ser representada en esculturas o pinturas atributos y actitudes diferentes en función de la disciplina artística o científica con la que eran asociadas lo que permitía distinguirlas. Tenían su culto en el Museion (“altar de las musas”); de ahí el término de museo.

Pero curiosamente no hay "musos". Iniciamos aquí el recorrido para constatar cómo las mujeres han sido, desde el inicio, inspiradoras de las distintas disciplinas artísticas, pero parece que en pocas ocasiones han podido ejercer como artistas o autoras de sus propias obras de arte. Da la impresión de que el rol de las mujeres en el arte se ha limitado al de musas o modelos.

Rendimos así homenaje a las mujeres artistas a través de aquéllas que tienen obras en el Museo del Prado. El museo tiene cerca de 8.000 pinturas catalogadas; incluye tanto las expuestas como las que se encuentran en los almacenes y las que son del museo pero están expuestas a modo de préstamo en otros centros; sin embargo la presencia de autoras es muy reducida ya que solo se exhiben cuatro obras de tres pintoras, aunque el museo posee algunas más (de unas 30 artistas diferentes) y que reposan en sus almacenes.

Son mujeres que tuvieron éxito en su tiempo. Pero después de su muerte muchas pinturas fueron inicialmente atribuidas a varones y, cuando se verificaba que la autora era una mujer, bajaba mucho el valor económico y simbólico de la obra. Otras muchas permanecieron ocultas tras la figura del padre o del marido realizando obras que luego ellos firmaban. Pero también las hubo que defendieron con uñas y dientes su talento y lograron imponerse como artistas de éxito en un mundo, el del arte, predominantemente masculino. Y probablemente muchas lo intentaron y fracasaron.

Pero ¿por qué no aparecen en los libros de historia del arte? Y ¿por qué no vemos sus obras en los museos? La respuesta la tienen los hombres que, mayoritariamente, han ejercido como historiadores, críticos y conservadores. Tan solo desde la década de 1970 una activa historiografía feminista ha puesto en marcha un proceso de búsqueda de documentación y datos fiables para recuperar para la historia la obra de muchas creadoras.

“El arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”, había escrito Boccaccio.

Recorrido ampliado en PDF (La ubicación de las obras expuestas que se mencionan en el recorrido ha sido modificada por el Museo por lo que es conveniente preguntar sobre su ubicación en los mostradores de información)

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