Andrea Belvedere
Nápoles, 1652 - Nápoles, 1732Es el último y más aquilatado representante de la tradición bodegonista napolitana, que tras su muerte en 1732, parece casi apagarse. De Dominici lo describe como persona alta, de barba prominente, nariz aguileña y ojos castaños, ataviado de ricas telas según la temporada.Trabajó en su ciudad natal desde 1674. Su estilo parece formado en el círculo de Paolo Porpora y se inspira en la producción temprana de Giuseppe Recco, según cabe apreciar en las primeras obras conservadas de ese periodo (Museo di Capodimonte, Nápoles y Museo Correale Terranova, Sorrento). Afín al estilo de Gian Battista Ruoppolo, de quien muchas de sus obras son deudoras, acusa también la influencia del flamenco Abraham Brueghel, establecido en Nápoles hacia 1671; de ambos extrae ese aire de opulencia suntuosa que une a su natural tendencia al sentimentalismo y la exquisitez. Sin embargo quienes condicionaron más su creatividad fueron dos artistas extranjeros establecidos en Roma: Karel von Vogelaer y Franz Werner von Tamm.Famoso sobre todo por sus cuadros de flores, es llamado a la corte madrileña de Carlos II casi al mismo tiempo que Luca Giordano, donde reside entre 1694 y 1700, trabajando activamente tanto para la familia real como para la aristocracia. Cuenta de Dominici que Giordano lo dejó en vergüenza pintando un gran bodegón con multitud de elementos tras afirmar Belvedere que nadie podría superarlo en su género pictórico. Belvedere terminó sus encargos para la corte, y colaboró con Giordano y Francisco Solimena. Se le concedió una pensión y volvió a Nápoles en 1700.A su regreso a Nápoles, abandona casi la pintura y se dedica a actividades teatrales, como autor dramático, decorador y empresario. Según el biógrafo pasó sus últimos años de vida entre “diversiones, pasatiempos, conversaciones y comedias”. Practicaba el estudio de las letras, la conversación y la filosofía, pasando largos ratos de intercambio de ideas con sus amistades.Sus grandes floreros, de un exquisito refinamiento colorista que preludia innegablemente, merced a los agrupamientos de las composiciones y la variedad tonal, muchos de los aspectos estéticos y técnicos que se difundirían por toda Europa durante el Rococó. De hecho es un paralelo, en términos italianos, de lo que por entonces, descontando la prosopopeya de la escuela, desplegaba en Francia y Gran Bretaña Jean-Baptiste Monnoyer. Por su taller pasaron artistas reconocidos hoy en día que participaban también en sus obras, como el médico aficionado Gaetano d’Alteriis, el caballero Ferdinando di Fusco, Giuseppe Lavagna, Nicola Casissa, Gasparo López, o en especial Tommaso Realfonso, “Masillo”, quien más intervenía en sus obras, y quien animó a Belvedere a seguir pintando tras su vuelta a España.




