Cristo camino del Calvario
1550 - 1555. Óleo sobre tabla de madera de roble, 84,5 x 85,5 cmSala 049
Pensada probablemente para algún oratorio privado, esta obra refleja bien la evolución de la pintura de Pedro de Campaña hacia mediados del siglo XVI, en un momento en que sus figuras adquieren mayor monumentalidad y una expresividad más contenida con respecto a su etapa anterior. Así, los tipos humanos, envueltos por una luz fuertemente contrastada y escenográfica, proyectan un elenco de actitudes que trasmiten la mansedumbre y aceptación de Jesús en ascensión al Calvario, la ensimismada devoción de la Verónica o la rudeza y convulsión de sayones y soldados que rodean a Jesús. Todos ellos en una composición de formas imbricadas, eludiendo la representación del tradicional escenario en que se desarrolla la escena, con paisaje y elementos urbanos de la ciudad de Jerusalén.
Cabezas y manos generan un espacio de asfixia y acoso en torno a Jesús que solo se rompe gracias a la relación que éste establece con la Verónica. Sus miradas y el delicado modo en que Jesús toma el paño que secará el sudor de su rostro, dan al momento un resquicio de serenidad y empatía.
La composición marca un giro importante en la producción del pintor flamenco. Baste su comparación con el tondo del mismo tema que, realizado hacia 1547 para el Retablo del Descendimiento de Santa María de la Gracia, en Sevilla (el tondo en el Prado, P8227). La idea compositiva partió de una estampa de Martin Schongauer de hacia 1480 que se diluye en esta tabla del Prado, al concentrarse el pintor en la representación de Cristo que, sin perder los signos de identidad de los modelos del pintor -el tratamiento detallado de las guedejas del cabello y el dibujo de la barba; la intensa fijeza de la mirada o el delicado dibujo de las manos-, muestra una robustez anatómica y una serena expresividad que le acerca a las formas de Sebastiano del Piombo (h. 1485/6-1547). Como señalaron autores como Ferdinando Bologna o Enrique Valdivieso, al estímulo piombesco hay que sumar el contacto con la pintura de Luis de Vargas (h. 1505-1567), quien regresó a Sevilla a mediados de la centuria trayendo consigo nuevas formulaciones de los seguidores de Rafael con lo que se relacionó en Italia.
Por todo ello, pocas obras como esta, resumen el carácter de la pintura de Pedro de Campaña de su momento de plena madurez, adscrita a las formulaciones flamencas en que se formó inicialmente, pero matizadas por el manierismo italiano que conoció de primera mano y reforzó en la Sevilla de mediados de siglo.
Ruiz Gómez, Leticia, 'Pedro de Campaña. Cristo camino del Calvario'. Museo Nacional del Prado. Memoria de actividades 2024, Madrid, Ministerio de Cultura, 2025, p.92-93