La degollación de san Juan Bautista
Hacia 1635. Óleo sobre lienzo, 184 x 258 cmSala 007A
Esta obra representa el episodio evangélico de la degollación de san Juan Bautista (Mc 6, 14-29; Mt 14, 1-12). El cuadro formaba parte de un ciclo de seis pinturas dedicadas a la vida del santo: El nacimiento del Bautista anunciado a Zacarías (P-256), San Juan Bautista se despide de sus padres (P-291), La predicación del Bautista en el desierto (P-257) y La degollación del Bautista, todas ellas ejecutadas por Massimo Stanzione; El nacimiento de san Juan Bautista, de Artemisia Gentileschi (P-149), y La prisión de san Juan Bautista, de Paolo Finoglia (1590-1645), hoy desaparecida.
La serie fue ideada para decorar el palacio del Buen Retiro de Madrid durante el reinado de Felipe IV, junto a otras obras encargadas a varios artistas de Roma y Nápoles. La comisión fue realizada por el conde-duque de Olivares a través del virrey de Nápoles, el conde de Monterrey (1586-1653), y las pinturas debieron llegar a Madrid en un envío documentado en 1638.
Se ha considerado que este grupo pictórico pudo formar parte de la decoración de la capilla de la ermita de San Juan, localizada en los jardines del Buen Retiro, si bien los estudios de Simal López (2011) han puesto de manifiesto que se destinó muy posiblemente al ornato del oratorio del rey en ese mismo palacio.
La elección de Massimo Stanzione como ejecutor principal del ciclo responde a su asentada popularidad en el panorama napolitano de hacia 1630, periodo en el que su pintura estaba ya influenciada por el tenebrismo de la última etapa de Caravaggio.
En primer plano, y en el centro de la composición, aparece san Juan Bautista semidesnudo, de perfil y arrodillado sobre una piedra, en actitud de recogimiento. Cabe destacar el color rojo del paño sobre el que se apoya, que iconográficamente representa la sangre derramada y el sacrificio cristiano. A su lado, dispuestas en el suelo, encontramos las cadenas, símbolo del encarcelamiento y la injusticia, y una pequeña cruz. A la izquierda, el verdugo que sujeta la espada en alto en el momento previo a la degollación presenta una marcada musculatura, especialmente visible por tener el torso desnudo. Tras esta figura, en la penumbra, aparecen dos mujeres, probablemente Salomé y su criada. Al otro lado, dos figuras fuertemente iluminadas observan impasibles la escena: un soldado armado y con un manto amarillo, y un joven con vestimenta de la época del artista.
La composición se centra en el momento previo a la ejecución, evitando la presentación directa de la violencia. La actitud serena y resignada de san Juan, que contrasta con la firmeza del verdugo y la indiferencia de los personajes que asisten al martirio, intensifica lo trágico del momento. Destaca el empleo del claroscuro, que remite a la etapa final de Caravaggio y que, junto con el contrastado cromatismo, contribuye a modelar las figuras y a acentuar el dramatismo. También se percibe la influencia de la obra de Artemisia Gentileschi en detalles como el reflejo de la armadura del soldado. Estos juegos de luces y sombras desempeñan un papel esencial en la obra, dirigiendo la mirada del espectador y acentuando la crudeza del momento representado. En este sentido, Stanzione asimila la influencia de Caravaggio, quien también abordó este tema en 1608, en su célebre Decapitación de san Juan Bautista (La Valeta, concatedral de San Juan). Las relaciones entre ambas obras son perceptibles aquí en la rotunda corporeidad de los personajes, en la iluminación contrastada y en la elección de un instante de gran carga expresiva. Sin embargo, el pintor napolitano suaviza la dureza del primer tenebrismo mediante una composición más equilibrada y ordenada, cercana al clasicismo de los Carracci. Asimismo, el modelado lumínico de las vestiduras, los reflejos y la riqueza cromática de la escena revelan ciertos paralelismos con Gentileschi. Precisamente, el éxito de la obra de Stanzione radicó en este personal eclecticismo que supo combinar lo novedoso de la tradición naturalista napolitana con otras referencias como el clasicismo de los Carracci o Guido Reni.